
Dos hombres rezan a mediodía, probablemente en una pausa para el almuerzo durante su trabajo.
No hay sitio donde un infiel se pueda esconder en Park51, el solar a dos bloques de la zona cero en el que el promotor inmobiliario Sharif El-Gamal planea levantar su megamezquita. Hace año y pico fue un tema del que los medios de comunicación—y la gente que cree que Islam es un sinónimo de “terrorismo”—no dejaron de parlotear. Eel año pasado, el mundo se enzarzó en un carrusel de protestas y la controversia en torno al “espacio para la plegaria” pareció caer en el olvido.
En noviembre decidí visitar Park51; en concreto, el espacio que hará las veces de oratorio hasta que el centro islámico de 15 plantas y 100 millones de dólares de Gamal esté realizado. Sólo hay 8 personas dentro y mi presencia canta más que una chuleta de cerdo..
Me siento en dirección a la Meca mientras el miembro de Park51 Mohamed Nabeel diserta sobre cómo evitar caer en el fuego eterno con una cadencia similar a la de Larry David. Como era de esperar, Park51 no es la “mezquita de la victoria” de Al Qaeda, como alguna gente ha dicho. Los techos son bajos y las alfombras están pegadas con cinta aislante.
Está todavía muy lejos de responder a la visión de Gamal; bautizada originalmente como Cordoba House, el lugar incluiría una piscina, escuela de cocina y librería. Y me hace pensar que sus detractores son en su mayoría unos grandes mentirosos, siendo quizá los peores los del grupo marginal Stop Islamization of America (SIOA). Menos de un mes después de que la Junta de la Comunidad del Bajo Manhattan diera su aprobación el centro comunitario, fueron básicamente el SOIA y varios políticos oportunistas los que convirtieron la “mezquita de la zona cero” en pasto de desinformados comentaristas televisivos de hora punta.
Pamela Geller, cofundadora del SIOA, me explicó su postura en un email: “Sería una mezquita triunfal, como la Cúpula de la Roca y otras que celebran victorias de la yihad”. A Geller le preocupaba que fuera parte de una “yihad silenciosa” y ayudara a los musulmanes a obtener “un trato especial” del gobierno, contribuyendo a extender la ley islámica en Estados Unidos.
Sentado con estos musulmanes que mordisquean galletitas de chocolate e intentan no mirar las pantallas de sus BlackBerrys me convenzo de que Geller dice hiperbólicas payasadas. Estas personas—algunas negras, otras árabes y un asiático—no intentan meterle a nadie el Islam por la garganta, si no mantener sus identidades religiosas inmersos en la cultura americana.
Que los delirios de Gelller hayan encontrado un público sugiere que la islamofobia sigue atenazando al país, 10 años y 2 guerras después de que las Torres Gemelas fueran destruidas. Al final del verano, una encuesta de opinión de la CNN reveló que el 70% de los norteamericanos se opone a la mezquita. En el noveno aniversario del 11-S, la cuestión llegó a su punto álgido cuando miles de manifestantes, tanto defensores como opositores a la mezquita, convergieron en el Bajo Manhattan, pero el asunto pasó a la periferia política tras las elecciones parciales de 2010.
Avancemos hasta 2011, décimo aniversario del 11-S: la “mezquita de la Zona Cero” apenas fue mencionada en parte alguna. Hajer Naili, un reportero tunecino que reza en Park51, afirma que la calma no durará mucho. “Por desgracia, hay mucha gente ignorante que tiene ideas equivocadas sobre el Islam. Últimamente no se han metido mucho con Park51, pero esto no ha terminado. Se acerca el momento en que tendremos que volver a dar explicaciones de cómo va a ser este centro islámico. Y de nuevo tendremos que afrontar problemas”.





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