Adultos y dientes de leche

Por Iago Fernández

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Hay gente que accede a la treintena con dientes de leche. Han estudiado una carrera y llevan diez años trabajando pero no se desprenden de sus pequeños colmillos de infante. Un día el dentista descubre el pastel y les recomienda usar aparato para extraer los definitivos y convertirlos así en hombretones. Qué simpático ¿no? Se nota que no os ha pasado. Me gusta pensar en Teething como un homenaje a esos héroes adultos con dentadura de mico.

También me gusta pensar en Teething como el grupo de crust-hardcore que esta semana entrega su esperado vinilo 7" (Tu Pa Tu Tu Pa Records // Odio Sonoro // Nooirax Producciones) limitado a 250 copias con portadas hechas a mano en rojo (Slayer edition) y amarillo (piss edition). El jueves 5 de abril lo presentan en un concierto gratis en Madrid. Hemos hablado con su cantante porque es el más joven de todos y le gustan los monstruos.

 

Vice: ¿Por qué estás tan enganchado al Vengador Tóxico?

Luis M. Picazo: No sé. Desde pequeño siempre ehe tirado hacia lo bizarro. La mayoría de mis amigos lo gozaban con los Power Rangers o Pokemon pero a mí se me caía la baba con el Vengador Tóxico. Mientras ellos jugaban al futbol yo rebobinaba la escena donde aplastan una cabeza con el coche. Me fascinaban los monstruos. Y El Vengador Tóxico y Cazafantasmas tenían babas verdes para aburrir. Lo raro sería que un niño no disfrutara ese tipo de cosas.

 

¿Has dicho Cazafantasmas?

Sí, me he pasado la vida coleccionando chorradas de esa peli. En mi habitación hay una vitrina con todo tipo de estupideces. Cereales, casetes… hasta bebidas energéticas.

 

¿Tienes la lata negra que regalaban en el Burger King a principios de los noventa?

Sí mi madre me regaló esa maravilla de lata cuando salió la secuela. Un día decidí abrirla. Pensaba que iba a salir un fantasma pero en su lugar apareció algo parecido a un pedo silencioso.

 

¿Algo con un mínimo de valor?

Tengo cosas de mucho valor. Una máscara original que se usó en la cuarta parte de El Vengador Tóxico, por ejemplo. Pero lo más valioso es el mono de Cazafantasmas que me regaló mi madre cuando tenía cinco años. Prefiero que me corten un par de dedos antes de vivir sin ese mono.

 

¿Todo te lo ha regalado tu madre?

Al contrario. Me compraban y regalaban muy pocos juguetes. Quizá por eso valoro tanto todo lo que tengo y lo guardo en una vitrina.

 

Imagino tu habitación en casa de tus padres. Con una señal de STOP en la puerta. Y una casa en el árbol.

Siento decepcionarte. Mi habitación parece una tienda de comics. Es ideal para no ligar. No se lo recomiendo a nadie.

 

¿En serio? ¿Por qué?

Una vez una chica me miró mal por coleccionar muñequitos y películas. Es mi pasión desde pequeño y cada vez va a más. Me produce felicidad encontrar un laserdisc de Suspiria entre vinilos de Julio Iglesias. O comprarme cuatro casetes de Slayer por un euro en un mercadillo. Esas chorradas hacen que sea feliz y lo conservo todo con mucho cariño. Me pregunto qué le hará feliz a esa chica ¿Comprar botas de cien pavos que se pondrá cuatro veces y nunca se acordará de ellas?

 

Tú sin embargo lo guardas todo.

Mi hijo va a flipar con la cantidad de juguetes que le tengo reservados.

 

La gente pasa tres meses en Nueva York y habla como si hubiera nacido allí. Tú viviste cinco años. Haz un resumen de esa etapa.

Nueva York es auténtico. Lo echo de menos. Tengo que vivir un año más ahí antes de morir. Me he llegado a sentir más a gusto allí que en Madrid. Recuerdo que una vez me encontré a Malcolm McDowell por la calle y le dije que mi película preferida suya era Curso 1999. El tío, acostumbrado a que le alaben por La Naranja Mecánica o Calígula, se quedó como atontado y me dijo: "estás pirado". Otra de mis experiencias memorables fue trabajar en una sandwichería con uno de mis mejores amigos en el barrio gay, Chelsea. Casi nos echan por tomar cervezas cada noche después del cierre.

 

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