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      Anarquía ateniense

      February 6, 2012

       



      A comienzos de año, los griegos perfeccionaron su receta del pandemonio: reunir a miles de personas cabreadas y poner a unos comunistas chiflados a cargar contra el gentío con enormes troncos, sin olvidar colocar alrededor a unos anarquistas con cócteles molotov. Como toque final, cuando cunda el pánico y la gente esté aplastándose entre sí, hacer que la policía les arroje a todos gases lacrimógenos.

      Los griegos protestaban contra el programa de austeridad presentado por el primer ministro griego, George Papandreou, que había estado intentando desesperadamente convencer al resto de la UE de que salvaran a su país de la bancarrota. Cuando llegamos, pilas de basura y cascotes atestaban las calles.

      La manifestación era una confederación de facciones: los comunistas, que siempre marchan solos; los sindicalistas, que llevaban una semana ocupando varios edificios estatales; los estudiantes; los “desesperados”, griegos sin ideología concreta pero que les gustaría vivir en un país que no estuviera gobernado por imbéciles corruptos, y los anarquistas, que habían llegado tarde porque los comunistas les habían puesto obstáculos.

      Nadie provoca mejores pitotes que los anarcos griegos. Mucha gente odia a los anarquistas, pero otros muchos los ven como la primera línea de combate en una guerra en curso en contra de la opresión: una división de infantería de mocosos adolescentes crust-punk.
      El “movimiento” anarquista recibió un chute de adrenalina en 2008, cuando un anarco de 15 años murió a manos de la policía. El anarquismo, por otra parte, lleva influyendo en la política griega desde las protestas estudiantiles de 1973, cuando un tanque del ejército atravesó las puertas de la Universidad Politécnica matando a 18 personas que se habían encadenado. Esto provocó un movimiento a escala nacional que terminaría por derrocar a la junta de extrema derecha griega. Hoy la universidad está de nuevo ocupada, y anarquistas y socialistas brindan por que en Grecia haya una explosión de violencia como en 1973.

      Ayuda a la causa el hecho de que la policía griega sea la más odiada de Europa. Todos aquellos con los que hablé me aseguraron que la policía antidisturbios, el MAT, tiene conexiones con Amanecer de Oro, un grupo local de fascistas matones callejeros.

      El primer día de huelgas daba la impresión de que todas y cada una de las calles estuvieran repletas de manifestantes. Sonará romántico, pero daba la sensación de ser una revolución más que una protesta. No había ninguna causa unitaria, sólo la asunción compartida de que la vida sería mejor sin este gobierno.

      El gentío marchó hasta el Parlamento, en la plaza Syntagma, e intentó abrirse paso hasta los salones del gobierno. Ni lograron acercarse: la policía, con trajes blindados, se empleó con granadas de destellos, escudos, porras y gases. Daba la impresión de que la mayor parte de los que luchaban eran regordetes hombres de mediana edad que probablemente ya se rompieron la crisma en los disturbios del 73. Partían piedras enormes hasta reducirlas a pedruscos manejables con habilidad de profesionales. La policía devolvía las piedras, pero no dejaba de ser una experiencia excitante, en cierto modo “hermanadora”.

      El segundo día no fue tan feliz. El PAME, una de las muchas subsecciones comunistas, se dispuso enfrente del Parlamento para protegerlo, rechazando el paso de manifestantes de cualquier otra facción ideológica. Los anarquistas lo tomaron como una ofensa y respondieron con piedras y cócteles molotov.

      Tras unas cuantas horas de fea batalla, los polis del MAT echaron, y reemplazaron, a los del PAME frente al Parlamento. Desesperados y anarquistas retrocedieron, dando desanimadas vueltas por los alrededores y mascullando algo sobre una “guerra civil”.
      Un anarquista que se había concedido un respiro tras una ronda de peleas con la policía, gritó, “¡El mañana no existe!” En ese momento sonó la hostia de profundo, pero, por desgracia, estaba muy equivocado.

       

      Fotos: Henry Langston

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      Temas: Atenas, Grécia, anarquia, anarquismo, disturbios

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