BABYCASTLES: DONDE EL PUNK ROCK Y LOS VIDEOJUEGOS CASEROS VIVEN EN ARMONÍA

Hay un nuevo salón recreativo en Nueva York. Pero no esperes encontrar aquí nada que puedas comprar en el Gamestop de tu barrio. En lugar de eso, los juegos caseros que abarrotan las destartaladas cabinas de este húmedo sótano, justo en la parada de Halsey de la línea L, son parte de un movimiento underground que está reavivando el interés en las raíces del desarrollo de videojuegos tomándose muy en serio un credo notablemente parecido al de los principios de la escena del punk rock.

El lugar es Silent Barn, un local en activo de música DIY en Ridgewood, Queens, que se ha convertido rápidamente en un extraño centro de contracultura del videojuego a través de Babycastles, una galería dedicada a los juegos creados de forma independiente por desarrolladores de todo el mundo. Aunque normalmente es un intercambio anónimo a través de todo tipo de foros de internet, blogs y canales de IRC, Syed Salahuddin, Kunal Gupta y Arthur Ward, cofundadores de Babycastles, quieren llevar a la comunidad de los juegos indie de vuelta al mundo real. Y lo están haciendo de la única forma que saben: dando salvajes fiestas con música en vivo y un público de entusiastas del videojuego aporreando los botones de las cabinas arcade cariñosamente hechas a mano con tablas de madera, poliestireno pintado y cualquier cosa que tengan a mano.
El evento más reciente de Babycastles, co organizado por Matthew Hawkins, del fanzine de videojuegos FORT90ZINE, fue exactamente eso, rematado con atronadoras jams de Game Boy del padrino del chiptune, Glomag, y una aparición especial del diseñador de juegos Phil Fish, del colectivo artístico Kokoromi, de Toronto. Viendo a las hordas de juerguistas empapados en sudor metiéndose entre pecho y espalda cerveza barata y machacando mandos de consola, Fish señaló que ese sitio parecía «el CBGB de los videojuegos». Y aunque pueda parecer sensacionalismo para conseguir una coletilla muy pegadiza, cualquiera que estuviera ahí puede atestiguar que Babycastles, o cualquier sitio parecido, podría algún día estar a la altura de la frase.

De hecho, da la sensación de que si los videojuegos indie fueran a ganar apoyo fuera de los foros de internet, gente como Salahuddin, Gupta y Ward serán fundamentales a la hora de llevar este oscuro mundo del desarrollo de juegos por hobby a nuevas audiencias. Desde que Babycastles montaron el primer prototipo en su salón recreativo underground, aficionados de la música indie y habituales de los conciertos del local de Ridgewood han estado expuestos y sin duda impactados por el encanto de la cultura del juego indie.

En esta ocasión, la atracción principal fue Super Hypercube, un intenso juego en 3D de acción y puzzles basado en juntar bloques, diseñado por el ponente invitado Phil Fish. Sujetando un mando y adornados con gafas 3D modificadas para seguir el movimiento de la cabeza, tanto los parroquianos del local como los veteranos del juego indie se menearon y agacharon a medida que los rudimentarios gráficos en escala de grises de Hypercube se proyectaban en una gran pantalla al fondo de la sala. Frente a la pantalla, el artista del chiptune Glomag lanzaba sus atronadoras canciones dance en 8-bit desde un par de Game Boys, haciendo que el ya sudoroso público siguiera moviéndose a pesar del insoportable calor que emanaba de la abarrotada habitación.

Quizá sea por las cantidades excesivas de alcohol y transpiración, pero nadie parece ser capaz de quitarse de encima la sensación de que este debe de ser el equivalente en videojuegos a estar en un concierto de Minor Threat a principios de los 80.
Puede que la razón por la que esta fusión ha sido tan exitosa sea por el campo ideológico común que existe entre los defensores de música y videojuegos indie. Los consumidores de ambos bandos, de una forma u otra, se esfuerzan por experimentar algo nuevo; algo que no pueda ser comprado en una tienda, pero esté disponible para que cualquiera lo mire o escuche si miran en los sitios adecuados. Del mismo modo que la música indie, el videojuego independiente está cambiando la conveniencia por la calidad.

Pero esos 'sitios adecuados' serán cada vez más vastos cuando Babycastles salga de Silent Barn para abrir su primer espacio dedicado en el centro de Manhattan, este otoño. A partir de ahí, no hay forma de decir hacia dónde irá. En una industria donde las violentas fantasías de poder masculino como Gears of War y Call of Duty salen con la misma frecuencia que las boy bands a principios de los 90, no cabe duda de que la música DIY y los juegos DIY han formado un lazo espiritual en el corazón del undergound cultural neoyorkino.
Texto: Zen Albatross
Traducción: Victor M. Martinez Garcia.
Fotos: Earl Z. Madness
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