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Los metomentodos, los leguleyos y (probablemente) tu madre consideran inmoral esto que quieres ver, así que hemos de asegurarnos de que eres mayor de edad antes de dejarte entrar.

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“El Café me lo ha dado todo"

Por Ronald Patrick

Los "Cafés con piernas" nacieron en Santiago de Chile en los años 90 tras una dictadura de 17 años. En sus inicios eran pocos locales, el más famoso “El Barón Rojo”, en el que varias veces al día presentaban el minuto feliz, donde las chicas servían café en topless y ofrecían un espectáculo de striptease. De ahí en adelante comenzaron a florecer más y más locales de "Café con piernas" por la capital, tanto que la competencia llevó a que estos fueran cada vez más “atrevidos” y las chicas prestaran más servicios. Ahí la cosa se puso complicada ya que muchos pasaron la barrera de la legalidad, y otros fueron clausurados. 

Actualmente existen muchísimos de estos locales y algunos se han convertido incluso en cadenas. El negocio es realmente bueno tanto para los propietarios del café como para las chicas. Un café vale algo menos de 2 euros, y en una mañana un local modesto llega a vender unos 160 cafés. A las chicas les pagan el sueldo mínimo (320 euros/mes), pero en propinas el promedio diario es de 80 euros.

Un día fui a las 11 de la mañana a uno de estos establecimientos a tomar un café. Era difícil moverse ahí dentro, ya que estaba tan lleno como una discoteca un sábado por la noche. Compré mi expreso en la caja y se lo pasé a Anita, que después de atender a unos cinco clientes, llegó con su micro bikini a tomar mi orden. Ella lleva seis años trabajando en esto. Me cuenta que tiene unos 100 clientes habituales, y que se sabe los nombres y las historias de cada uno. Algunos le dejan suculentas propinas a cambio de un toqueteo algo más apasionado. “Hay que tener estómago con algunos”, me dice. En ese momento llega un tipo y la coge de la cintura por atrás. “Hola Claudio, ¡ya te atiendo!” En la hora que me pasé en el café, pude hablar unos 10 minutos con Anita; el resto me la pasé viendo como iba de un lado a otro con expresos, cafés con leche y capuchinos.

Anita trabaja de 9 de la mañana a 2 de la tarde de lunes a viernes. Después va al gimnasio y por las noches (cuando la llaman) hace despedidas de soltero, las cuales cobra a 100 euros la hora. Así se ha comprado un apartamento y un todoterreno. “El café me lo ha dado todo. Es un trabajo duro pero no me puedo quejar, hoy tengo todo lo que quiero y no lo habría podido conseguir de otra manera.” 

 

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