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      La semana de la moda de Camboya La semana de la moda de Camboya La semana de la moda de Camboya

      La semana de la moda de Camboya

      January 9, 2012

      Genocidio, guerra y corrupción definen la historia reciente de Camboya, pero no siempre fue así. En los años 60 era un lugar efervescente: les encantaba el psych rock, las chicas llevaban melenas a lo Mia Wallace y la mayor parte de la gente joven fiesteaba en consonancia. Luego vino la guerra de Vietnam y los camboyanos, pensando “¡Suerte que no somos nosotros!” (si obviamos, claro, los intensos bombardeos aéreos que sufrieron) tuvieron que presenciar cómo adolescentes vietnamitas y americanos se ametrallaban entre sí.

      Poco después de finalizada la guerra, cuando ya todo el mundo había perdido interés en el sudeste asiático y se había abandonado la idea de una intervención militar allí, el líder del grupo comunista Jemer Rojo, cuyo nom de guerre era Pol Pot, asesinó como quien no quiere la cosa a unos 2 millones de camboyanos en lo que fue una expropiación de tierras a nivel masivo. Si rehusabas darle tus tierras al Jemer Rojo, eras ejecutado por vía sumaria.

      Saltemos 40 años hacia adelante. El país que fuese conocido como “el salvaje oeste del este” quiere, de forma harto comprensible, que se le conozca por algo más que por los asesinatos en masa y y los jalones de carretera hechos de calaveras humanas; por esa razón, el pasado noviembre se organizó en Camboya su primera fashion week. Evidentemente, el equipo de Fashion Week Internationale tenía que asistir.

      Phnom Penh es una ciudad peculiar, en parte vieja gloria colonial francesa medio en ruinas y en parte barrio chabolista, salpicada con algún inmaculado palacio real o templo budista. Durante el día la ciudad no tiene mucho encanto; es de noche cuando se aprecia su carácter verdadero.

      Un garbeo por la ribera del Mekong ofrece una buena perspectiva de la escena local: chicos adolescentes vestidos como chicas interpretan escenas de abuso domestico para las familias locales que salen por la tarde a dar un paseo. Es como una versión de los payasos malabaristas de Covent Garden, pero más deprimente y con una mayor carga de ambigüedad sexual. Si logras cruzar la calle –esquivando un millón de zigzagueantes ciclomotores y tuk-tuks que no dejan de hacer sonar el cláxon– te encontrarás en una zona más siniestra de la ciudad; una en la que enjambres de hombres occidentales de mediana edad merodean por clubs con nombres como El corazón de la oscuridad. Entramos en uno cinco segundos, tiempo suficiente para ver a un turista manoseando a una trabajadora sexual bajo el ojo vigilante de su chulo.

      Una chica americana que había estado trabajando en Phnom Penh durante el último año me contó que los que vienen a esta ciudad se convierten en “almas perdidas”. Y es fácil ver cómo. Las drogas de prescripción se venden muy baratas en las farmacias, restaurantes con nombres como Happy Pizza venden bolsas de hierba del tamaño de un puño por 5 dólares, y hay una comunidad de africanos occidentales dirigiendo un activo mercado de heroína.

      En algún lugar en medio de todo esto, las fábricas de ropa zumban con el sonido de 400.000 mujeres jóvenes fabricando ropa de mala calidad para gente como tú y como yo.

      Del rey de Camboya, Norodom Sihanouk (izquierda), de 81 años, corren rumores de que es gay, no sólo por apoyar la fashion week sino también por haber sido bailarín y defender el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por otra parte, tiene 14 hijos.

      Un miembro de los “Jemer ricos”, como se conoce a los hijos de poderosos cargos del gobierno. Una en concreto, Sohpy Ke, hija del primer ministro, está tan obsesionada con la ropa que construyó una mansión/tienda de 6 plantas en honor al dios de la moda. La tienda, Sophy & Sina, cuenta con un relajante jardín por el que pasear sin zapatos, una bodega y una sastrería personal. Publican F, la única revista de moda que hay en Camboya, y que dirige su hermano Sophea.

      Dos semanas antes de nuestro viaje leímos en la edición online del Phnom Phen Post que 300 mujeres se desmayaron simultáneamente en una fábrica que producía ropa para H&M. El informe oficial afirmaba que los desmayos eran culpa de “malos espíritus” en la fábrica.

      La Cambodian Fashion Week hace las cosas que toda fashion week debería hacer: luces, modelos, lista de invitados. En uno de los desfiles un hombre dijo, “Todos sabemos que Camboya es un país del tercer mundo, pero la organización de esta fashion week significa que estamos progresando, no sólo en cuestiones políticas o económicas sino también en moda”.

       

      Texto de William Fairman, Fotos de William Fairman y Rhys James

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