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      Comí helado con un miembro de al Qaeda en Siria

      August 5, 2013

      Por Hannah Lucinda Smith

      Abu Mahjin.

      Al Qaeda tiene un pequeño problemilla con su imagen. Su reputación como la organización terrorista más temida del mundo comenzó el 11 de septiembre de 2011 a las 8:46 AM EST. Y es una reputación que han ido consolidando secuestrando y asesinando periodistas extranjeros y trabajadores de primeros auxilios, bombardeando el transporte público de Europa y tomando parte en varias guerras civiles africanas. Así que cuando tuve la oportunidad de entrevistar a uno de sus miembros en Siria, estaba (para qué engañarnos) un poco nerviosa.

      Al Qaeda está luchando en la guerra civil siria bajo diversas organizaciones. La más conocida son los locales Frente Al-Nusra, el primer grupo yihadista que ha emergido del conflicto y que Estados Unidos lanzó a la cuando los metieron en la lista de organizaciones terroristas prohibidas en diciembre de 2012.

      Pero en los últimos meses, el Frente Al-Nusra ha intentado distanciarse de al Qaeda, y rápidamente está siendo eclipsada por los new kids on the block – los iraquíes Estado Islámico de Irak y Al Sham (ISIS), un grupo liderado por y (casi exclusivamente) para guerrilleros muyahidines extranjeros. ISIS se estableció en Siria en abril después de una riña entre un líder del Frente Al-Nusra, que quería vincular formalmente al grupo con al Qaeda en Irak, y otro líder del Frente Al-Nusra, que no quería.

      Al lado de ISIS, el Frente Al-Nusra parece moderado; en los últimos meses han aparecido en internet una serie de vídeos donde aparentemente miembros del grupo decapitaban a colaboradores del régimen y ejecutaban curas católicos. Y mientras que el Frente Al-Nusra ha concedido entrevistas de forma esporádica y ha permitido el acceso a periodistas extranjeros a primera línea de combate, ISIS se ha negado a hablar con la prensa o a explicar su presencia en Siria, y tampoco han hecho nada por negar la validez de esos vídeos.

      Pero alguien, en alguna sala de estrategia de al Qaeda, ha decidido que es hora de cambiar. En las últimas semanas, el Estado Islámico de Irak y Al Sham ha orquestado un número absurdo de trucos publicitarios, numeritos que parecen haber diseñado para demostrar al pueblo sirio que tienen un lado sensible. Organizaron un concurso de comer helados en Alepo o, mi favorito, un concurso de estirar la cuerda entre miembros del ISIS y Jabhat al-Nursa.

      Fue en este contexto cuando recibí una llamada de uno de mis contactos para decirme que un guerrillero del Estado Islámico de Irak y Al Sham estaba dispuesto a concederme (a una mujer periodista occidental)  una entrevista. Puso unas condiciones: haríamos la entrevista en un territorio neutro en una localización secreta, tendría que ponerme una abaya y un pañuelo en la cabeza y él llevaría el rostro cubierto. La verdad es que los hombres con la cara cubierta me dan miedo porque de adolescente me atracó un hombre con un pasamontañas, pero también confío en la terapia de choque..

      Y así fue como, una noche húmeda a finales de julio, acabé en la parte trasera de un 4x4 de camino a un apartamento en una pequeña ciudad al norte de Siria, donde un islamista con una Kalashnikov estaba esperándome. El coche paró en una calle desierta y, después de subir dos pisos, entré en una habitación donde me vi por primera vez y cara a cara con un miembro de al Qaeda. Se presentó como Abu Mahjin y me “complació” ver que tenía el típico aspecto de yihadista: llevaba pantalón pirata y una túnica, y sus ojos –lo única parte al descubierto de su rostro- estaban maquillados con kohl negro.

      Empecé la entrevista preguntándole de dónde era, pero la respuesta que obtuve fue bastante obtusa. “Vengo de un  lugar muy lejano,” me dijo. Insistí. “¿Eres de Siria o del extranjero?” pregunté. “Da igual ser sirio o no-sirio,” contestó. “No quiero crear divisiones. Todos somos muyahidines en el nombre del Islam.” Al darme cuenta que no iba a llegar a ninguna parte con esa clase de preguntas, dejé de insistir, aunque después el traductor me dijo que creía que era de Irak. Iba a ser una entrevista complicada.

      Abu Mahjin me dijo (como era de esperar) que había venido a Siria para “llevar a cabo la yihad e izar la bandera del Islam.” Se mostraba reacio a hablar de su vida anterior, pero dijo que ésta era su primera experiencia luchando como yihadista y que para él era un gran privilegio. “Todo el mundo sueña con formar parte de la yihad,” dijo. “Y cualquier musulmán que nunca la haya practicado o nunca haya pensado en practicarla morirá como un hipócrita.”

      Seguidamente, y de forma repetida durante toda la entrevista, comenzó a hablar del Profeta Mahoma. “Existe una tradición profética,” me dijo. “El Profeta dijo que debíamos seguir la yihad en Siria porque ahí es donde los ángeles concederán sus alas en el Islam.”

      Abu Mahjin no es el único guerrillero extranjero que hace hincapié en esta tradición profética en concreto; me dijo que los yihadistas han venido desde Somalia y Mali, países donde se están librando batallas islamistas, para luchar en Siria. Le pregunté cómo se comunican. “No es fácil a nivel práctico,” contestó. “Todos los muyahidines tienen que aprender árabe, incluso los que vienen de lugares como Chechenia, Turquía o Bélgica. Pero también usamos un lenguaje ‘raro’ para comunicarnos de forma segura y evitar el espionaje del enemigo. A veces usamos el idioma checheno, o el ucraniano cuando hablamos en la radio.”

      Los muyahidines deben, dijo, “prestar atención a la llamada de cualquier musulmán que quiera o necesite ayuda.” Pero también dejó claro que la finalidad del Estado Islámico de Irak y Al Sham no es luchar por la clase de libertad que los sirios empezaron a demostrar en marzo de 2011 –de hecho, es todo lo contrario. “Nuestro objetivo es imponer la Sharia en Siria y defender los principios del Estado Islámico,” dijo. “Si ese no fuera nuestro objetivo, entonces no hubiéramos venido desde tan lejos para luchar en este lugar; hubiéramos dejado que los sirios luchasen por su cuenta. El pueblo sirio no decide sobre esto –lo decidió el Profeta Mahoma.”

      “En ese caso,” pregunté, “¿no estáis simplemente intentando establecer otra clase de dictadura en Siria?”

      “No somos una dictadura porque no seremos injustos con todos,” contestó Aby Mahjin. “La Sharia es la ley de Alá y está escrita en el Corán y en el Hadiz. Pero si la gente cree que un individuo ha cometido una injusticia pueden manifestarse en contra de acuerdo con la ley Sharia.” Intenté presionarle un poco más. “¿Pero aceptaréis a quienes se opongan al sistema de la Sharia?” pregunté. “Apoyaré las manifestaciones que llamen a la imposición de la Sharia,” dijo.

      Lo que dijo a continuación clarificó su posición sobre qué le pasará a la gente que intente debilitar un futuro Estado Islámico. “Desterraremos a los que intenten amotinarse en esta tierra,” dijo. “Aquellos que intenten alzarse son más peligrosos que el régimen sirio y desterrarlos será complicado.”

      Pasé a cuestionarle sobre cómo sería vivir en un Estado Islámico –y específicamente sobre cómo sería para las mujeres. “Según la Sharia la mujer tiene derechos,” dijo. “Tiene sus derechos, pero dentro de los confines que satisfacen a Alá.” Le pregunté sobre el derecho de las mujeres a ponerse la ropa que quieran. “Cuando llegue el momento, nos centraremos en esos detalles,” dijo. “Si una mujer no se viste de la forma correcta, no la castigaremos, sino que la aconsejaremos. Pero si insiste en seguir poniéndose lo que no debe, entonces la tendremos que castigar.”

      “¿Cuál será el castigo” pregunté.

      “El tribunal de la Sharia será quien decida el castigo,” contestó. “O la meterán en la cárcel o la castigarán a latigazos.”

      “¿Matarías a una mujer por vestir de forma inapropiada?” pregunté.

      El traductor se metió por medio. “No hagas esa pregunta,” dijo. “Para esta gente el tema de los derechos de las mujeres es un poco delicado.”

      En ese momento entró la mujer de nuestro anfitrión en la sala con una bandeja con helado y eso nos puso a ambos en una situación difícil. Abu Mahjin no iba a quitarse la prenda que le cubría el rostro para comerse su helado, así que lo dejó en la bandeja hasta que se derritió. Yo no sabía qué era peor, si ofender a una amable mujer que había aceptado dejarme entrevistar a un yihadista en su salón dejando que mi helado se deshiciera, o comérmelo y restregárselo por la cara a un hombre con un arma y una visión bastante extrema en cuanto a las mujeres se refiere. Mi amor por los postres pudo conmigo: me comí mi helado mientras él miraba hambriento al suyo. No sé si eso le molestó más que mi insistencia en preguntarle sobre el dress code de las mujeres islámicas.

      Como ejercicio de relaciones públicas, no tengo claro cuál era la intención de Abu Mahjin concediéndome la entrevista. No dijo nada que me hiciera pensar que la presencia de ISIS en Siria mejorará la vida de los ciudadanos En todo caso, el estado que esperan establecer será todavía más represivo que el de Bashar al-Assad, y me cuesta creer que los sirios tolerarán su presencia a largo plazo. Pero durante mi hora con un yihadista de al Qaeda, aprendí tres cosas. Primero, Abu Mahjin pasa mucho tiempo pensando qué haría el Profeta en su situación. Segundo, no tenemos la misma visión sobre los derechos de las mujeres. Y tercero, en cuanto al helado se refiere, tiene más fuerza de voluntad que yo.

       

      Sigue a Hannah en Twitter: @hannahluci

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      Temas: Jabhat al-Nusra, Siria, Islamic State of Iraq and al-Sham, Estado Islámico de Irak y Al Sham, ISIS, Al Qaeda, Frente Al-Nusra

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