CÓMIC - SILVERFISH

Silverfish_2No sería de extrañar, dado el ojo pelao con el que Hollywood vigila en los últimos tiempos el mercado de la novela gráfica (Sin City, 300, 30 Días de Oscuridad, la inminente The Spirit…), que Silverfish terminara de aquí a un tiempo convertida en honesta, sólida, gratificante película de mediano presupuesto, tanto como pueda serlo el propio cómic. Pieza menor en la carrera de David Lapham, al menos en comparación con su magistral Stray Bullets, la obra tiene todos los ingredientes susceptibles de hacer tilín a un pequeño estudio: una atmósfera enrarecida, protagonistas adolescentes, adversaria de equívocas intenciones y un psicópata tarado, pero hábil, contra el que tendrán que luchar en desiguales condiciones. Narrado todo de manera lo bastante lineal como para que ni un campesino de Kansas ni un taxista de Cáceres pierdan el hilo, y con el pulso firme de un Sam Fuller de las viñetas.

El argumento y el plantel de protagonistas son extrapolables con los de uno y con los de mil tochos de Stephen King, pero tanto da: ni su mayor detractor le puede negar al de Maine su facilidad para desarrollar historias kilométricas, entretenidas pese a sus contínuas digresiones, con base en situaciones y personajes más sabidos que el resultado de las elecciones en Guinea Ecuatorial. Lapham, de igual modo, desarrolla con mimbres vistos en otras mil cestas una historia directa al entrecejo de monstruos cotidianos, familias disfuncionales, bromas que se tornan progresivamente peligrosas y coraje extraído de la desesperación. Es esta la clase de material que, en pantalla, pondría el corazón en un puño, e impide en papel dejar de pasar página tras página, pues asciende el suspense en logrado crescendo y está ilustrado con indudable impacto.

Silverfish es, en pocas palabras, una serie B que no depara excesivas sorpresas pero tiene sangre corriendo por sus venas. Sin experimentos estéticos ni giros argumentales que no vienen a cuento, sin abusar del flashback y, ya digo, con una trama que se complica viñeta a viñeta sin devenir indescifrable, ascendiendo su intensidad en espiral hasta culminar en un clímax que no por esperado es menos lógico. Buen tebeo, quizá no la mejor lectura para llevarse a la playa este verano pero muy indicada para guardar en un cajón y rescatar de aquí a unos meses en pleno acceso de misantropía terminal.

Silverfish la edita Planeta DeAgostini dentro de su colección Vértigo. Ahora sabéis tanto como yo.

JESÚS BROTONS

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