Lo mejor del año

Hice Couchsurfing con los colonos en Tierra Santa

Por Andy Tenido

 

Una edificación en ruinas con vistas a Tifzi

Con mi impresión de haber encontrado una familia normal de colonos hecha trizas, volví a Ramallah y programé mi último viaje CouchSurfing, en la comunidad de artistas de Tifzi, a las afueras del asentamiento de Giv'at Ze'ev. Natan, el tipo con el que hablé, me dijo que bajara del autobús en el supermercado de la cooperativa. Le pedí al conductor que me avisara cuando llegáramos, pero al bajar me resultó evidente que estaba en el sitio equivocado. Era de noche y ahí estaba yo, deambulando sin rumbo por un asentamiento lleno de extraños. Me vinieron a la cabeza todas las horribles historias que había oído sobre lapidaciones, apaleamientos y otros ataques de colonos. Por suerte tenía el número de teléfono de Natan y él dedujo dónde me encontraba.

Subimos una colina para llegar a Tifzi y tuve la impresión de estar en una acampada de Occupy especialmente colorida. Se trataba de varias series de tiendas de campaña levantadas en torno a una ruinosa casa abandonada con una bandera israelí gigante ondeando en lo alto. Llegué la noche del Hanukkah. Habían organizado una fiesta trance; es decir, que habría música a todo trapo desde las 12 de la noche hasta las 12 de la mañana. Un grupo de hippies raros llegaron para bailar y pintar arte abstracto fluorescente. También había un japonés que iba de tripi; no hablaba inglés ni hebreo, pero todo el rato gritaba "¡HANUKKAH!" y se iba corriendo.

Un alemán iba de un lado a otro haciéndole fotos al perro residente de Tifzi. "¡He sacado fotos de este perro en diferentes situaciones!" exclamaba. "La vida de un perro en una comuna hippie sionista. ¡De locos!" Y, obviamente, todos estaban obsesionados con el Apocalipsis. El ejemplo más chocante era Jacob, un americano de mediana edad que se me acercó cuando estaba al lado de una hoguera. Nuestra conversación empezó de manera bastante normal. Me contó que había estado en Israel con un visado de tres meses, y que luego fue a Jordania, lo renovó y volvió.

A continuación, sin venir a cuento, empezó a gritar. "¡Esa canción, 'American Pie'! ¡Todo lo que dice esa canción se ha cumplido este año!" Empezó a enardecerse él solo con los secretos revelados por el famoso profeta Don McLean. Y estaba tan furioso porque la canción se hubiera hecho realidad que por un momento tuve miedo de que me fuera a golpear. Pero sólo me estaba explicando la profecía.

"¡Y Lennon leyó un libro de Marx! ¡Barack Obama es marxista y EE.UU es un país marxista!" Me dijo que "Barack Obama" significa en hebreo "Relámpago de las alturas", una referencia a Satán en el Libro de las Revelaciones o algo por el estilo. Para él, una prueba más de que el fin del mundo es inminente. También dijo que alguna gente honrada en América se salvaría el día del Juicio Final, "pero sólo por los pelos".

Según Jacob, todas las personas justas se estaban marchando de América. Con esto estuve de acuerdo, pero por razones que no tenían nada que ver con "American Pie". Al final me fui a dormir a la tienda. Antes de irme, Jacob me dijo, "He estado rezando para conocer a una persona justa, y esa persona eres tú". La verdad es que acojonaba un poco que un chiflado religioso de derechas preso de delirios me calificara de "persona justa", pero acepto elogios cuando me los echan. No sé cómo pero logré dormir un par de horas, a pesar de que mi tienda se encontraba a escasos metros de unos altavoces monumentales con música techno israelí a todo volumen.

A la mañana siguiente, con la luz del día, exploré el campamento y descubrí que su idea de "arte" consiste en colgar bicicletas en los árboles. Me encontré con el japonés, que gritó "¡Konichiwa, cabrones!" y volvió a desaparecer. Acabé hablando con Rafael, uno de los tipos que fundaron Tifzi, en el tejado del decrépito edificio. Mirando hacia Ramallah le pregunté cómo se sentía viviendo tan cerca. Me dijo que le daba lo mismo, que él no quería hacerle daño a nadie. Y si ellos intentaban hacerle daño a él, bueno, todo el mundo en Tifzi había estado en el ejército. De pronto sacó el tema del apocalipsis. "Tengo algo que decirle a la gente que viene a visitar Israel," me dijo. "Pronto, todos los ejércitos de la Tierra estarán luchando por Jerusalén".

Le pregunté qué quería decir. "Armagedón, o como quieras llamarlo". Me dijo que esa guerra ya había empezado, y que muchos en Israel lo sabían. "Sí, aunque no lo digan en voz alta, lo saben". Me despedí de la gente y dejé Tifzi. Era Sabat, así que ese día no había servicio de autobús. Tendría que hacer autoestop hasta Jerusalén. Tuve suerte y se detuvo un coche enseguida. En él había dos americanos que se presentaron como "Pimpin’" y "A-Time". (He cambiado todos los nombres en esta historia, excepto estos).

Dio la coincidencia de que Pimpin’ y A-Time también eran promotores de fiestas trance obsesionados con el armagedón. "El Apocalipsis ya ha empezado", me dijo Pimpin’. "Todo está volviéndose loco. Sales de baño, tío". Pararon en un sitio a comprar drogas, no especificaron cuáles, y me dejaron después en Jerusalén, finalizando así mi aventura haciendo CouchSurfing en los asentamientos.

Si algo he aprendido, supongo que es esto: que alguien viva en tierras palestinas robadas no significa que sea un psicópata hiperviolento. Pero tampoco diría que muchos de ellos estén bien de la cabeza.

 

Y hace tres años, también en Tierra Santa...

 

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