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      Desde los archivos: Oscar Niemeyer

      December 7, 2012

      Por Santiago Fernández-Stelley

      ENTREVISTA DE SANTIAGO FERNANDEZ-STELLEY
      FOTO DE ANDRE VIEIRA
      DIBUJOS DE OSCAR NIEMEYER



      Oscar Niemeyer figura en la lista infinitesimalmente corta de gente que ha diseñado y construido una ciudad entera. Una capital mundial. Sí, Haussman convirtió París en el decorado de postal que es hoy y Wren rehizo Londres después del Gran Incendio (procurando no construirlo todo de madera otra vez: ¡bien pensado!). Pero, teniendo en cuenta que esas ciudades ya eran metrópolis antes de que las rehiciesen, ni uno ni otro carecían de modelos en los que basar su trabajo. Niemeyer, sin embargo, cogió un trozo vacío de campo brasileño y, en cuatro años (con la ayuda de Lucio Costa), levantó Brasilia, una capital hiperfuncional con forma de avión, o de mariposa, o de mujer (aunque Niemeyer diga que no). Eso fue hace 50 años y Niemeyer no ha parado de trabajar desde entonces. Tiene 101 años y aún diseña edificios cada día. Fue presidente del Partido Comunista de Brasil durante un tiempo, se casó hace poco a la enérgica edad de 98 años y se metió en problemas el año pasado por intentar hacer algunos cambios en Brasilia.

      Un siglo de vida le ha dado un montón de perspectiva, en plan “la-arquitectura-no-puede-darle-un-sentido-a-tu-vida”. Y cuando un tipo que construyó de la nada una ciudad entera te dice que nadie en este mundo es importante, empiezas a temerte que nada, ni siquiera un simple logro que llevarte al bolsillo, significará alguna cosa para alguien, jamás.

      VICE: Vamos a empezar con una fácil. ¿Cómo empezó a desarrollar interés en la arquitectura?

      Oscar Niemeyer:
      Creo que el dibujo me llevó a eso. Recuerdo cuando tenía diez años y me gustaba dibujar con los dedos en el aire. Mi madre preguntaba: “¿Qué estás haciendo, hijo?”. Yo respondía: “Estoy dibujando”. Podía hacer dibujos en el aire y corregirlos. Ahora pienso de un modo diferente. La arquitectura está en mi cabeza. Soy capaz de hacer un proyecto sin utilizar un lápiz. Puedo imaginar el lugar y puedo imaginar el proyecto que quiero hacer. Pienso en todas las soluciones.

      ¿Y cómo construyó Brasilia?

      El presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira, que me contrató para diseñar la Iglesia de Pampulha en Belo Horizonte, me asignó Brasilia. Recuerdo cuando Juscelino decidió construirla. Vino a mi despacho y me dijo: “Oscar, hemos hecho Pampulha y ahora haremos la nueva capital”. Así es como empezó la aventura de Brasilia.

      Una ciudad entera que se construyó muy rápidamente.

      Yo ya sabía que teníamos poco tiempo, pero eso no me influyó a la hora de diseñar una arquitectura sencilla. Cuando construí el Palacio de la Alvorada, por ejemplo, hice un dosel curvado con columnas curvadas, un tipo de columna que no se había hecho antes.

      Usted ha dicho que su arquitectura ha luchado por encontrar nuevas formas. ¿Qué es lo que quiere decir con eso?

      Nosotros no hicimos el tipo de arquitectura que quería la Bauhaus, que era puramente funcional. La arquitectura tiene que ser bonita. Tiene que asombrar, ser una obra maestra. Trabajo mucho. Tengo muchas obras en Europa y aquí, pero siempre intento buscar la belleza y la sorpresa.

      Y la filosofía de la Bauhaus era muy fría para usted.

      La arquitectura no puede ser lo que quería la Bauhaus: “una máquina habitacional”. La arquitectura tiene que nacer de la nada, sin influencias. Una vez, un arquitecto muy inteligente me dijo: “No hay arquitectura moderna o vieja, sólo hay arquitectura buena o mala”. Ahora no veo la arquitectura como algo que salvará el mundo, pero creo que el arquitecto debe leer y estar informado. Por ejemplo, aquí en nuestro despacho hemos tenido durante cinco años una clase en la que un profesor venía a hablarnos de filosofía y del cosmos. ¡Qué bueno es conocer cosas!

      Una manera poco convencional de dirigir un despacho de arquitectura.

      Yo estoy interesado en la vida. Creo que la vida es más importante que la arquitectura. Creo que lo más importante es la solidaridad. Recuerdo que una vez un periodista me preguntó: “Oscar, ¿cuál es tu palabra preferida?”. Yo le dije: “Solidaridad”.

      Pero, ¿no es la arquitectura su tema favorito?

      Cuando hablo de arquitectura siento como si estuviese cambiando de tema. Estoy interesado en los problemas de la vida y del ser humano.

       

      Niemeyer estaba poco dispuesto a hablar de su legendaria devoción por las formas femeninas o del pene de oro macizo que cuentan que le ha comprado a su esposa. Fue, de todos modos, extremadamente cortés a la hora de cedernos estos dibujos de su archivo personal.

      Cambiemos de tema, pues. Hablemos de las mujeres.

      Hablar de las mujeres es estupendo. Las mujeres son fundamentales. Una vez, un periodista vino y me preguntó: “Oscar, ¿qué es la vida?”. Yo dije que la vida es una mujer a tu lado. Y es verdad. Otro gran amigo mío, Darcy Ribeiro, que era un erudito muy importante en la sociedad brasileña, dijo que la mujer es fundamental.

      Siempre he oído que las curvas en la arquitectura están basadas en las curvas femeninas.

      No. Si tenemos una bóveda con espacio vacío, mucho espacio, entonces queremos que tenga la forma más bonita. A veces coincide con el cuerpo de una mujer, pero no es nuestro objetivo. Queremos una forma pura, una forma diferente que establezca una relación con los cálculos y que le dará al proyecto una sensación diferente.

      Pero yo imaginaba…

      No. No tiene nada que ver con la mujer. La forma viene de la nada.

      ¿Aún dibuja?

      Oh, sí, mucho.

      ¿Qué dibuja últimamente?

      (Nos enseña un dibujo). Bueno, esto, por ejemplo, es un teatro en Buenos Aires. La forma es distinta a todo. Nunca se ha visto una forma como ésta. Tiene una cubierta inferior que se corresponde con el auditorio y una cúpula superior que se corresponde con el escenario. Puedo decir modestamente que nunca antes se ha visto algo así.

      ¿Cómo ve el ambiente cultural de Brasil hoy en día?

      Brasil es importante. Brasil está creciendo. Estamos en un momento en el que hay esperanza. Lo estamos haciendo bien: Brasil se está defendiendo a sí misma, se está organizando a sí misma, el presidente es amigo de mucha gente. Él era un obrero, reacciona ante cualquier interferencia del exterior, protege nuestra soberanía.

      ¿En qué otros proyectos anda metido?

      Bueno, esto es una plaza que quiero hacer en Brasilia, porque toda capital tiene una plaza monumental. En este monumento de forma triangular, los dos primeros pisos están dispuestos para una exposición permanente sobre el progreso del país. El triángulo se está haciendo hasta que se transforme en un monumento de cien metros de alto, y luego hay otro, pequeño, donde termina la plaza.

      Creo que este proyecto está causando algo de polémica.

      Ha habido un poco de conmoción acerca de si cambiará el paisaje de Brasilia. Pero no hay nada de eso. Las ciudades siempre han estado cambiando. En Francia, un montón de cosas han cambiado; en España, las ciudades han crecido hacia el mar porque era la solución natural. En Brasil, si las ciudades fuesen estáticas, nunca habríamos tenido la avenida que creó el alcalde Passos, que cortó la ciudad en dos mitades. Siempre ha habido modificaciones.

      Hay gente que ha empezado a pedir que la ciudad sea “protegida”, algo que en mi opinión es totalmente estúpido. Una ciudad no puede ser protegida. Siempre surgirá una idea mejor que incorporar. Les recuerdo como si fuese un chiste que, si creen que nada puede cambiar, no podrían pensar en el futuro, porque el futuro es la naturaleza creando y cambiándolo todo. Cuando el hielo de los polos empiece a derretirse con mayor intensidad y el nivel del mar empiece a subir más de dos metros, algo que perfectamente puede pasar, cada ciudad costera tendrá que repensarse a sí misma. Eso es algo que viene de la naturaleza y que lo modifica todo. Y no es algo que vaya a suceder dentro de 100 años: sucederá en los próximos 20 o 30. Las capas de hielo se pueden derretir en diez años. La naturaleza es impredecible.


      Es una preocupación muy seria.

      La arquitectura y el urbanismo de hoy deben estar al tanto de los problemas que está creando la evolución del planeta. Si el nivel del mar sube demasiado, cada edificio y cada azotea deberá convertirse en un lugar en el que crezcan la hierba y las plantas. La naturaleza cambiará el urbanismo y la arquitectura. El arquitecto debe observar todo lo que está ocurriendo ahora y lo que ocurrirá en el futuro.

      Pero, ¿no son también importantes para la arquitectura las preocupaciones sociales?

      El arquitecto debe pensar que el mundo tiene que ser un lugar mejor, que podemos acabar con la pobreza. Aquí, en Brasil, aún hay una guerra de clases. Así que es importante que el arquitecto piense no sólo en la arquitectura sino también en cómo la arquitectura puede solucionar los problemas del mundo. Cuando el mundo sea un lugar mejor, ¿qué pasará? Las casas serán más simples. No tendremos guetos y palacios. Los teatros, los museos y los estadios serán más grandes para que todo el mundo pueda disfrutar de ellos. Ahora, la gente pobre no entiende la arquitectura. La ven como algo lejano. Pensarán, al menos, que la arquitectura que yo hago es bonita porque es una forma diferente de sorpresa.

      Entonces la arquitectura también es política.

      El arquitecto siempre ha de ser político. Uno debe ayudar al otro: solidaridad. Lo demás no es nada. Si miras al cosmos, eres pequeño, eres poco importante. Debemos ser más simples y no pensar que somos importantes. Nadie es importante.

      ¿Le gusta el fútbol?

      Por supuesto. Cuando tenía diez años, faltaba un jugador de un equipo junior y me llevaron a jugar con ellos. Tenía diez años y estaba en un campo de fútbol. ¡Imagínate eso! Mi padre, además, jugó en el Fluminense. Solía jugar al fútbol en mi calle y en la playa. Solíamos ir a la playa pronto, por la mañana. Cada verano alquilábamos una casa en Copacabana. Una vez alquilamos una casa exactamente donde está ahora este edificio. Recuerdo que solíamos ir a la playa a las seis de la mañana para ver llegar los barcos y ver a la gente que compraba pescado en la orilla. El cielo aún estaba rojo, los barcos simplemente estaban asomando. Sus contornos… Nacimos en la playa. Y el fútbol era la felicidad. Aún lo es, y jugamos muy bien. Una cosa que los brasileños hacemos bien es jugar al fútbol…

      ¿Cómo es su rutina diaria ahora mismo?

      Vengo aquí a las diez de la mañana. Normalmente la prensa viene aquí, la nacional y la internacional, y los recibo. Son gente como tú. Hablo sobre cualquier cosa que me interese, siempre repitiendo que la arquitectura no lo es todo, que la vida es lo que importa, que tenemos que ser decentes, fraternales, todo eso. Por la tarde, mis amigos vienen. Hablamos, charlamos, disfrutamos. Y por la noche voy a casa. Ésta es mi vida.

      Y trata de trabajar tanto como pueda, ¿no?

      Tanto como pueda. Eso es lo que hago todo el día. Pienso en la arquitectura y en la política y quedo con amigos que vienen aquí a hablar de todo eso. Queremos decirle a la gente joven que la vida es más importante que la arquitectura, más importante que cualquier cosa. La vida es saber cómo comportarse, saber encontrar placer en ser amistoso y justo. Eso es todo. Pero la vida no es importante. No diré que es terrible, pero es lo que el destino nos da.
       

       

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      Temas: Desde los archivos, Oscar Niemeyer, Brasil, entrevista

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