Disparar granadas contra piratas somalíes es lo más divertido que he hecho

Por Jamie Clifton

Stephan con sus amigos, Gail y Betty.


Mi amigo Stephan es capitán de barco y tiene su propio negocio de alquiler de barcos en las Seychelles. Un trabajo impresionante. Sin embargo, hace un par de años, a Stephan le pidieron que fuera capitán de un buque que iría desde las Seychelles hasta una pequeña isla cerca de Somalia (básicamente tenía que capitanear un barco y llevarlo del punto A al punto B sin incidentes). El problema era que las aguas somalíes están infestadas de piratas, y Stephan tuvo el “placer” de descubrirlo en primera persona.

Lo llamé por Skype y le pedí que me contara cuánto se había divertido con los piratas somalíes del mar Arábigo.

Stephan con Fyodor, el marinero predicador.

VICE: Hola, Stephan. Cuéntame cómo terminaste involucrándote con los piratas.

Stephan: 
En agosto de 2010 unos rusos me reclutaron para llevar un viejo aparejo cuadrado de madera (un hermoso barco construido en 1928) de las Seychelles a Socotra, una pequeña isla junto a la costa somalí. Fueron muy ambiguos sobre sus planes de viaje, y cinco días después de iniciar nuestro viaje me dijeron, tan tranquilamente, “Ah, por cierto, donde realmente queremos ir es a Montenegro", que está mucho más lejos que Socotra.  

¿Quiénes son "ellos"?
Íbamos yo, un tío llamado Valim, el sobrino del dueño, Fyodor Konyukhov, que es un famoso marinero ruso que también predicaba y se parecía a Jesús; un diplomático ruso y su equipo. Él fue quien movió algunos hilos para que nos permitieran llevar armas a bordo.

¿Por qué quería que llevaseis armas? ¿Por los piratas?
Sí, porque sabía que pasaríamos por delante de la costa somalí. Ya teníamos a tres Spetsnaz (fuerzas especiales rusas), y todos estaban armados hasta los dientes. Al final llegamos a Socotra, donde tuvimos que hacer muchas reparaciones porque el motor del barco estaba hecho un desastre.

Stephan con los tres tíos de las fuerzas especiales rusas y una pequeña parte de su arsenal.

Hasta aquí no tuvisteis ningún problema, ¿no?
No, todavía no. Pero ahí fue donde nos encontramos con los dos barcos que nos escoltarían el resto del camino; Peter the Great, un buque de guerra ruso gigantesco y viejo, y el SP36, un enorme remolcador. Fui a saludar a los tíos del SP36 y dos tipos de uniforme me cogieron y me arrastraron hasta el barco. Me senté a hablar con el capitán, en un inglés muy entrecortado, sobre nuestra ruta, sobre cómo nos protegerían y qué armas tenían, acompañando la charla con vodka.

Suena divertido.
Sí, después intercambiamos regalos. Yo le di una bandera de las Seychelles, y creo que le escribí alguna estupidez, algo como "De las Seychelles, con amor", y él me dio un chaleco antibalas. Después entró un tío gigante con ropa de camuflaje y una metralleta jodidamente grande; debía pesar al menos diez kilos. La apodamos Gail.

Genial. Es bueno ponerle nombre a tus armas.
Exacto. Entonces le pregunté al capitán si yo iba a ir armado, y si debería conseguir una pistola o algo. Me dijo: "Nyet. Pistola, nyet" y pensé, "Está bien, tenía que preguntar". Pero entonces el mismo gigantón regresó con una AK-74, no era una 47, era una 74, y me la entregó. Iba a ser mi arma de defensa personal.

¿Qué nombre le pusiste?
Betty.

¿Habías disparado un arma antes?
Sí, soy de Sudáfrica, así que iba de cacería, pero nunca nada automático, así que eso era algo nuevo. Justo después de que me dieran la AK, ese tío regresó y me dio un RPG desechable como regalo y me dijo que lo guardara en mi abrigo para poder subirlo al barco.

Stephan con su RPG desechable.

Vaya.
Sí. En fin, zarpamos con estos dos barcos en nuestros flancos y nos adentramos en aguas internacionales. Nos detuvimos y algunos de los tíos que había conocido se subieron a nuestro barco con un arsenal de armas y todos nos sentamos a charlar un rato. Parecía un bar de armas; pistolas, balas, casquillos, cascos, vodka, cigarros, todo. Entonces escuchamos un fuerte estallido; alguien había disparado un RPG desde uno de los otros barcos.

¿Contra los piratas?
No, era el cumpleaños de alguien de la tripulación, así que hicieron un pequeño show con bengalas y eso. Después el SP36 pasó junto a nosotros y toda su tripulación llevaba un arma en las manos y estaban vaciando sus cartuchos en el agua. Después decidimos acompañarlos con nuestras armas. Fue genial.

Menudo fiestón.
Lo fue. Disparar armas de alto calibre, en especial cuando ya llevas unos tragos encima, te hace sentir invencible, así que fue divertido. Empecé a pensar: “Oh, nada saldrá mal en este viaje. Vamos a estar bien”.

Parte de la tripulación.

Entonces recordaste que los piratas también tienen armas.
Exacto. A la mañana siguiente, cuando nos acercábamos a Yemen, un pequeño barco se nos acercó por detrás, armado con Kalashnikovs, un par de AK y, lo que parecía ser un tío con un rifle de francotirador, así que todos nos pusimos nuestros chalecos. No teníamos permitido disparar a matar, pero abrimos fuego con Gail, y todas las balas que caían en el agua formaron una enorme columna de agua frente a su barco. Nunca he visto a alguien dar media vuelta tan rápido.

Apuesto a que fue emocionante.

Sí, nunca imaginé estar tan cerca de piratas como para verles el blanco de los ojos, ¿sabes? Y no quiero sonar como un sobrado, pero no asusta tanto cuando estás metido de lleno en la situación. Ninguna droga en el mundo te da ese tipo de adrenalina. Me senté a esperar mi siguiente dosis: "El sol está bajando, es hora de más piratas".

Ja. Y tuviste otro par de dosis, ¿cierto?
Sí, esa tarde, después de terminar mi turno, estaba tomando unos tragos con uno de los oficiales rusos, y escuchamos a otro barco acercarse por detrás. Ya llevábamos unos 45 kilómetros, pero patrullaban por toda la costa. No se alejan demasiado ni corren riesgos, excepto aquellos que transportan heroína de las costas de Yemen; les ordenan atacar cualquier barco a toda costa.

El SP36, uno de los barcos escoltas.

Está bien.
Sí, para entonces ya se había hecho de noche, y como sus barcos están hechos principalmente de fibra de vidrio no los podíamos detectar con el radar, y buscarlos con un farol es revelar tu posición exacta. Los vimos en el radar unos kilómetros después, y minutos más tarde los teníamos sobre nosotros; dos delante y tres detrás.

¿Fuiste corriendo a por Gail?
El bote ruso y el SP36 los interceptaron y comenzaron a disparar bengalas blancas para que pudiéramos ver lo que ocurría. Y déjame que te diga algo, en cuanto los ves, empiezas a disparar.

Sí, me imagino.
El SP36 estaba ocupándose de los dos barcos de delante, así que pillé a dos tíos y corrimos a esperar a los demás. Quieres que ellos disparen, porque en cuanto ves el flashazo, atacas con todo lo que tienes. Se acercaron bastante, a menos de 400 metros de nuestra popa. Lo que mucha gente no sabe es que estos ataques están muy bien coordinados; tienen teléfonos para comunicarse.

¿Te entrenaron un poco para lidiar con este tipo de situaciones antes de zarpar?
Aprendí a montar una AK en menos de dos minutos, 36 segundos, pero, para empezar, no tenía por qué estar armado, así que no, no recibí ningún entrenamiento. Los tres Spetsnaz debían manejar la situación.

Dios. ¿Cómo lidiaron con el ataque?
Una vez los ubicamos, usamos uno de nuestros reflectores para cegarlos; siguieron disparando a ciegas, pero teníamos ventaja, así que desistieron.

¿Ese fue el último ataque?
No, por supuesto que no. Al día siguiente, otro barco se nos acercó, pero ese fue el más vergonzoso de todos. Venían a toda velocidad, y había un capullo parado delante de todo, pero el SP36 disparó un par de veces como advertencia y el cabrón se tiró al suelo y enseguida dieron media vuelta.

Jaja. ¿Y después qué?
Todo estuvo muy tranquilo hasta la tarde siguiente, ¡esa fue la tarde más divertida de todas! Detecté un barco pirata en el GPS, pero parecía que se estaba alejando, así que no me preocupé demasiado. Estaba apagando mi cigarro, y esto nunca se me va a olvidar, cuando vi una luz roja volando sobre nosotros. Miré a uno de los rusos y el tío simplemente gritó: “¡Aah! ¡RPG!"

Luchando contra los piratas en sandalias.

Mierda.
Pero no son nada precisos. Tienen una precisión de unos 30 metros, y después de eso caen donde sea. El problema era que nuestros escoltas estaban muy lejos. Uno estaba a tres kilómetros, y el problema con el SP36 era que siempre daba vueltas a nuestro alrededor, y justo en ese momento estaba en el punto más lejano, muy lejos. Pero eso fue todo. Los piratas nos dejaron en paz después de eso.

¿Fue un viaje tranquilo desde ahí hasta Montenegro?
Sí. Aunque un día nos detuvimos a cargar combustible y uno de los guías dijo: “Vayamos a disparar una de las metralletas submarinas mientras esperamos”. Obviamente les dije que sí. Hicimos eso un rato, después saqué mi lanzagranadas y lo disparé desde la parte de delante del barco, y fue genial. Todo el mundo desaparece justo delante de ti y el sonido es indescriptible; el oído derecho me zumbó durante tres días.

Tu trabajo suena increíble, excepto por lo de los piratas.
Sí, es increíble, pero ese es el viaje más peligroso que he hecho. Después de detenernos en Egipto entramos en el Mediterráneo, donde tuvimos que lidiar con olas de nueve metros que casi destruyen el barco, para después atravesar un campo minado cerca de Albania, lo cual fue muy divertido, y por último una tormenta de arena y granizo antes de llegar a Montenegro.

Me imagino que fue muy reconfortante.
Sí. Lo gracioso es que después de un viaje así, lo único que quieres es beber. Terminamos en un bar de la costa llamado Bar. Estuve ahí cinco días, matando neuronas como  un retrasado mental.

 

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