Noticias

Tierra Seca Y Koalas En ExtinciÓn

By Dave Martin


(*Tierra seca y koalas en extinción)

POR DAVE MARTIN, ILUSTRACIONES DE LAURA PARK

DEMASIADO TRISTE
Australia tiene un grave problema: es el país habitado más seco del mundo, y varias regiones se encuentran en un estado de sequía desde mediados de los 90. La gente vive en la mayor parte del país sometida a algún tipo de restricción de agua. No puedes desperdiciar un par de gotas por accidente sin que un vecino cabreado te pegue una colleja al grito de, “¡Atontado, que hay sequía!” Esto le resulta muy fastidioso a los que viven en casitas y quieren su piscina llena y a esos cretinos que no están contentos si no lavan el coche once veces por semana. Sin embargo, si alguien padece de verdad la losa de la sequía es la gente del campo, los que viven de la tierra. Un amigo nuestro que creció en Nueva Gales del Sur nos explicó una historia que para la gente de allí es de lo más normal. “Yo tenía nueve años y para ir al colegio tenía que atravesar unos prados donde los animales solían pastar. No había agua. Como resultado, habían muerto una oveja y casi todos sus corderos. Sus cuerpos reposaban en el suelo cubiertos de moscas. Un cordero agonizante, demasiado débil para caminar, balaba junto al cadáver de la oveja muerta con las moscas depositando ya larvas en su boca. Escenas tan bucólicas se veían todos los días”.

Y la cosa va a peor. De hecho, es tan triste que si no os lo explicamos en pequeñas piezas nos tememos que nuestras lágrimas en el teclado cortocircuitarían el laptop, dejándonos fritos por electrocución. Así nunca podríamos contaros lo chungo que está el asunto de la sequía. Qué paradoja, ¿no?


EL SUICIDIO Y LA SEQUÍA
En Australia se suicida un granjero cada cuatro días. El factor clave es, por supuesto, la pérdida de ingresos. La tasa de suicidio entre granjeros duplica la media nacional, que es de 17,74 por cada 100.000 personas (36,58 entre personas que se dedican a la agricultura). En Tasmania la tasa de suicidios entre agricultores ha subido en los últimos años un 30%. Se ha llegado al punto de que los grupos de apoyo a la agricultura temen que mucha gente que trabaja irrigando los campos opten por quitarse la vida antes que afrontar una nueva temporada de sequía. Jacinta Hawgood, del Australian Institute for Suicide Research and Prevention, nos explica: “La gente a la que atrae el trabajo en el campo es del tipo que aprecia estar a solas. Son a menudo personas introvertidas y posiblemente propensas a la depresión. Son gente vulnerable”.


LA SOBREPOBLACIÓN Y LA SEQUÍA
Los expertos han avisado de que la población de Australia excede en casi el doble la capacidad del país para llevar una vida sostenible y que la actual tasa de crecimiento pronto lo convertirá en superpoblado. Se prevé que la población de Melbourne se habrá incrementado en 2030 en un millón de personas. En la rural Victoria habrán unas 350.000 personas más. Se necesitarán alrededor de 659.000 megalitros al año para abastecernos a todos, cuando se estima que dispondremos únicamente de 566.000. Haced vosotros mismos la resta. Yo nunca fui muy bueno en matemáticas, pero me parece que la operación da un resultado muy jodido. Vamos, que nos vamos a morir de sed y sin lavar.

El Dr. Brian Davidson, experto en economía agrícola y profesor en la universidad de Melbourne, afirma que el problema radica en la distribución del poco agua que tenemos por aquí abajo. Dice que el gobierno considera el agua como un negocio y que su intención es convertirla en un artículo de lujo orientado a consumidores de clase alta (es decir, los urbanitas), dejando a los agricultores a su perra suerte. Un pueblo de la provincia de Victoria llamado Euroa se quedó recientemente sin agua al desviar el gobierno sus reservas al completo para dar suministro a Sydney. Les dejaron sin un gota, sin siquiera lo suficiente para echarse un trago. Por supuesto, ni hablar de ducharse o tirar de la cadena.

“Prueba a ir a un pub y quitarle la cerveza a alguien para dársela a otro. Pues es lo mismo”, dice Davidson. También nos habla de que en los últimos 10 o 15 años se ha hablado mucho de la cantidad de agua y bastante menos de su calidad. Probablemente veamos los resultados de este apartado dentro de 40 años, cuando los niños australianos nazcan con cola debido a la basura tóxica que han ingerido con el agua.


LA LLUVIA Y LA SEQUÍA
Australia tiene tres años buenos de lluvia y tres malos cada década. Por aquí hay pocas cosas de las que se hable y se valoren más que la lluvia. Es un tema que produce acalorados debates a escala nacional. Años antes de la sequía, cuando los niveles del agua no eran un problema, cada vez que caían cuatro gotas la gente resoplaba, “Mierda, está lloviendo”. Más tarde, cuando el agua empezó a escasear, la cantinela pasó a ser, “Al menos le irá bien a los cultivos” y “A ver si se llenan los embalses”. Bueno, decirlo es embarazoso pero ahora nos estamos dando cuenta de que los granjeros ya ni siquiera saben qué aspecto tiene la lluvia. Aún más bonito: nuestros ancentros metieron la pata a base de bien construyendo embalses en áreas en las que no cae la lluvia que sí cae en las ciudades. Estamos tan confundidos que no se nos ocurre qué decir. Pero no pasa nada. Según una de las principales organizaciones científicas del país, muy pronto no tendremos que preocuparnos de esto en absoluto.

La Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization predice que para el año 2070 la lluvia podría haber disminuido un 40% y la temperatura aumentado 7º C. en varias zonas del este de Australia. No nos vayamos tan lejos. En 2030 el riesgo de incendios será mayor, las sequías más severas y las lluvias y corrientes subterráneas menores. Para entonces quizá el gobierno australiano decida prevenir el sufrimiento de la generación venidera promulgando una ley de aborto casero obligatorio.



MAD MAX 2, PERO DE VERDAD
Nunca antes se habían dado tantas quiebras de empresas. A más recortes de la producción, cierres generalizados y personas desempleadas, más tensiones sociales. La gente está cada vez más furiosa y desesperada. Con pocas opciones a su alcance, el crimen, en especial los asaltos con violencia y el abuso de drogas, están en alza. Los habitantes de zonas rurales al oeste de Australia son hoy por hoy los mayores consumidores de anfetaminas del país. Entre las comunidades aborígenes, inhalar vapores de gasolina se ha convertido en un problema tal que las compañías han tenido que inventar un tipo de combustible no inhalable. En general, el consumo de drogas en zonas rurales ha disminuido (más que nada por no estar disponibles; nadie que se haya acercado alguna vez a determinadas áreas desea volver por ahí), pero en cambio el consumo de alcohol es desaforado. En consecuencia se han disparado los episodios de violencia y los casos de muerte o lesión provocados por un conductor borracho.

Los divorcios son ahora algo habitual, y también lo es la gente sin hogar. Hay gente que no ha tenido más remedio que decantarse por el nomadismo, yendo en sus tráilers de aquí para allá, instalándose en un lugar y marchándose a los dos días para evitar que la policía rural los arreste. Como lo oís, tíos. Grupos de sin techo errantes, desesperados, hambrientos y muy, muy cabreados circulando por las carreteras australianas. ¿Suena familiar? Tal vez no pase mucho tiempo antes de que Cortadedos y Lord Humungus aparezcan para unirse a la fiesta.


EL ECOSISTEMA Y LA SEQUÍA
Australia goza del ecosistema más diverso del planeta y actualmente se enfrenta al mayor reto de su historia. Desde los primeros asentamientos de colonos europeos, Australia ha llevado a la extinción a 27 especies de mamíferos autóctonos. La sequía (y los subsiguientes incendios, deforestación y lechos de río secos) es la gran amenaza a la supervivencia de gran parte de la vida animal del país. Un buen número de especies se encuentra ya en claro peligro de extinción. Cuando llegaron los europeos, la Murray-Darling Basin (MDB), la zona agrícola más importante de Australia, era el hábitat natural de 85 especies nativas de mamíferos. Veinte ya se han extinguido; casi una de cada cuatro, todo un récord.

Situada en el sureste australiano, la MDB abarca una compleja red de humedales, ríos y dehesas. Cubre cerca del 14% del territorio nacional y en ella se encuentran el 40% de sus granjas, que proveen de una tercera parte del alimento del país. Es el hábitat de 500 especies de animales y uno de los principales destinos de las aves migratorias. Y a pesar de que la mayor parte del país recibe agua procedente de la MDB, recibe sólo el 6% anual del caudal de lluvias. En la actualidad se ha alcanzado el punto de ruptura. El nivel del agua está en el punto más bajo de su historia.

A Averil Bones, de la organización World Wildlife Fund, lo que más le preocupa es el daño permanente que se está causando a la flora y la fauna. Los animales no sólo sufren a causa de la sequía sino también debido a la tala indiscriminada, la pérdida de sus hábitats naturales y la llegada de especies invasoras. “El futuro para muchas especies es bastante oscuro”, dice Bones. “Nos enfrentamos a la extinción de muchas de ellas. A este paso, el final no está lejos para muchos animales y plantas del sistema ecológico del río”.

En los párrafos anteriores os hemos volcado encima un montón de cifras y porcentajes. Perdón, pero teníamos que hacerlo. Y ahora vienen las peores. Se ruega que leáis el siguiente párrafo dos veces:
De las 200.000 especies de pájaros que habitaban el MDB hace quince años, hoy quedan menos de 2.000. Más del 70% de las aves costeras de la región, tanto migratorias como residentes, han desaparecido. Más del 20% de los mamíferos están en peligro, así como 25 de 29 especies de peces. Ninguna de estas especies contempla posibilidades de recuperación.

En serio, es apocalíptico, ¿verdad?

El tramo final de este artículo está dedicado a aquellos de vosotros que en lo que se refiere a Australia sólo se preocupan por los koalas y los canguros. La sequía está provocando algunos de los peores incendios que el continente haya visto jamás, diezmando la población de koalas. Esos animalitos tan monos y tan simpáticos se están quemando vivos, y los que escapan a tan terrible fin se encuentran con que no tienen alimentos y mueren de hambre. Los canguros, desesperados por conseguir agua y comida, se adentran en los pueblos y ciudades pequeñas y allí son atropellados por los coches cuando intentan llegar a los jardines particulares para comer algo de hierba. Hasta los camellos salvajes, en su afán por lamer el rocío que queda adherido a las vías férreas, acaban arrollados por los trenes. Y por si acaso lo estáis pensando: no, no estamos siendo sensibleros ni exagerados. Las cosas están así de mal.

Y bien, ¿qué está haciendo el resto del mundo para ayudar a Australia? Oh, poco tirando a nada. ¿Y tú qué puedes hacer? Nada, a menos que puedas invocar la lluvia. ¿Por casualidad no serás un dios de la lluvia? No, claro. Ya nos parecía. Bueno, pues será mejor que vayáis diciéndole adiós a ese estrafalario mundo de por ahí abajo. Adiós a los koalas, los wallabíes y el Vegemite. Adiós, Nick Cave, INXS y Paul Hogan. Durante el resto de nuestras vidas iremos cada 26 de enero, día nacional de Australia, a un restaurante de comida rápida a cantar entre lágrimas el “Waltzing Matilda”.

Hasta siempre, Australia.

Comentar