Quiero Mis Dvds

By Jesús Brotons


KANSAS CITY
Robert Altman
Cameo

El diario The Sun le calificó a su muerte de “director de obras maestras y de fracasos”, quedándose Kansas City (1996), esto lo digo yo, en un punto intermedio entre lo uno y lo otro. No goza la película de la fama, positiva o negativa, de otras del autor, inadvertida a la luz de films como MASH, Nashville, El Juego de Hollywood o Gosford Park, y sin embargo es esta una película interesante, bipolar en tanto que la trama queda en muchas ocasiones en un segundo plano respecto a las jams que se marcan los músicos en el club de jazz en el que transcurre buena parte de la acción. Enmarcada en el espacio de tiempo que dura una larga sesión de improvisación en un tugurio de los que por desgracia ya no hay, Kansas City esboza brevemente el tema del racismo (la condescendencia con que la ricachona impregnada en láudano habla a la familia negra), ahonda un poco más en el de las manipulaciones y tejemanejes de la política, plantea la bancarrota emocional que a la larga se produce en toda relación sentimental de largo recorrido y, en mi opinión, brilla especialmente en la recreación de un paisaje (la Norteamérica media-baja en la década de los 30) y un paisanaje (sus habitantes, preocupados unos por medrar cuanto más mejor e instalados la mayoría en el conformismo, si no en el desencanto), que tampoco dista tanto del de hoy en día, aunque la crisis económica no sea tan cruda como la de entonces y los placebos en los que esconderse de la realidad sean otros.


UN POCO DE FRY Y LAURIE, TEMPORADAS 1 Y 2
Varios directores
SAV/DeA Planeta


Antes de mutar en médico misántropo proclive a sacar el desfibrilador hasta para curar una hemorroide, Hugh Laurie protagonizó junto al también cómico Stephen Fry una de esas series que demuestran que los ingleses se bastan solos para reirse de parlamentarios que usan bragas y ligueros, hombres de negocios de incompetencia cósmica, políticos demagogos, monarquía fuera de este tiempo y mindundis a pie de calle, unidos todos por el nexo de la ineptitud, que es característica universal pero en Inglaterra satirizan como en ningún otro país. Un Poco De Fry y Laurie se mantuvo en antena desde 1989 a 1995, cancelándose a causa de una crisis nerviosa sufrida por Fry, y sus sketches, basados en un humor del absurdo que cuando se terciaba no dejaba un sólo títere con cabeza, mantienen una frescura envidiable, más aún en comparación con lo que las cadenas de aquí entienden por humor. Realizada en tiempos en que la corrección política era un concepto de ciencia ficción, el tono de la serie no recurre al recurso pedestre de la escatología, si bien en ocasiones lo bordea, pero tampoco peca precisamente de blancura; es democrática en tanto que ridiculiza a unos y otros sin distinción, y se distingue por esa mordacidad que sólo surge de una observación atenta de lo cotidiano. Fry y Laurie podían urdir mofas memorables a costa de las series de espias, de los programas de tertulias, de los cantantes protesta y hasta de la santa casa que los empleaba, y lo hacían con decorados baratos, disfraces de saldo, actuaciones contenidas y diálogos de besugo escritos con un lenguaje culto que rara vez se escucha en televisión. Obligada la versión original.


HÄXAN
Benjamin Christensen
Versus

Sesenta años median entre Häxan, tercer film del ex representante de champanes y ex cantante de ópera danés Benjamin Christensen, y Black Metal, el segundo álbum de Venom, disco fundacional del género al que dio nombre. Aun admitiendo lo gratuito de la efemérides Häxan me parece un espectáculo tan tenebrista, fascinante y demoníaco como el true black. Las diferencias son muchas y evidentes, pero también las similitudes: más que satanistas, que alguno hay, los del black pretenden acabar vía decibelio con la rigidez y el papanatismo del cristianismo, y a esa causa contribuye Häxan—un trazado de la brujería a través de los siglos que culmina en la caza de brujas de la Edad Media y concluye señalando los paralelismos entre lo que antaño era brujería y en 1922, y hoy, se consideraría enfermedad mental—, con efectividad, narrando sin pontificar y dejando por el camino fotogramas de oscura y bella poesía. Sorprenden los trucajes, sofisticados para la época y aún válidos (las brujas volando, las monedas que huyen), así como la puntería con que están diseñadas ciertas secuencias: el tormento y posterior confesión-ajuste de cuentas de la anciana, el interrogatorio ful de la joven en el calabozo, la histeria colectiva en el convento). Häxan, ejemplar denuncia de la ceguera y crueldad que van de la mano de los fanatismos religiosos, depara, mensajes aparte, un fondo visual perfecto para sesiones intensivas de escucha de Venom. O de Electric Wizard, que no son black pero esa es otra historia.


JEAN-LUC GODARD Y EL GRUPO DZIGA VERTOV
Grupo Dziga Vertov
Intermedio

A juzgar por el material que contiene la presente antología, no fue por capricho que Godard y el cineasta parisino Jean-Pierre Gorin decidieron homenajear al ruso Denis Abramovich Kaufman, alias Dziga Vertov, en los trabajos que realizaron en equipo entre 1968 y 1974. Al no disponer de espacio para hablar de aquel, me ceñiré a las nueve películas (aquí en 5 DVD’s) del tándem: se trata de cine altamente politizado (política de izquierdas, evidentemente), perteneciente a una etapa en la que Godard había apartado sus obras de ficción documental y radicalizado aún más su postura ideológica. Se impone qutarse el sombrero ante un tipo capaz de convencer a distintos entes televisivos de que le financiaran unos experimentos fílmicos bullentes de -ismos a cual más radical, de trasteos formales con el lenguaje de la televisión y de imágenes poderosas, magnéticas, aunque se las desvinculara del discurso. Porque, sí, es cine con discurso, que no discursivo (a excepción, quizá, de Luttes en Italie), intrigante y provocador. Se advierte, eso sí, que al final (atención, spoiler), no hay valiente protagonista que se aleje en su corcel hacia poniente.

JESÚS BROTONS


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