Quiero Mis Dvds
HOUSE BY THE RIVERFritz Lang
Avalon
Un hermano malo y otro bueno. El primero, escritor de pacotilla, vive a sus anchas gracias a que el segundo le cedió parte de su herencia para que pudiera dedicarse a pergeñar sus mamotretos sin tener que doblar el espinazo más que para recoger la pluma. El malo no lo es porque estrangulara a su joven fámula, a fin de cuentas un accidente, sino porque es un tipo ruín y miserable, un manipulador de sonrisa fácil que lía a su hermano patachula para que le ayude a deshacerse del cuerpo, saca rédito publicitario de la desaparición y no le quita el sueño que aquel cargue con el mochuelo. Inédita hasta ahora en España, House by the River es un film que el mismo Fritz Lang considera menor dentro de su filmografía, posiblemente por despecho al haber tenido que rodarlo para la Fidelity, una productora de bajos vuelos. Y, bien, cierto que no es El Ministerio del Miedo ni La Mujer del Cuadro, pero su fotografía expresionista se adecúa a los claroscuros morales de los personajes (el Abel de la historia es cómplice de un asesinato, después de todo), y firma el guión Mel Dinelli, responsable cinco años antes del libreto de la tenebrista La Escalera de Caracol. Obra menor, por tanto, aunque con reservas. Lang no afloja el pulso en esta historia de desarrollo tenso y, lástima, final abrupto. El duelo entre esa moral atenta al qué dirán y la amoralidad rampante, entre lo que se aparenta y lo que se es, se salda a título póstumo a favor de un Bien encubridor y fariseo.
PACK FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE GIJÓNVarios directores
Avalon
No me fio un pelo de quienes tienen por costumbre hablarme maravillas del cine independiente; así, a bulto, todo igual, embutido a presión en el mismo saco. Es independiente, luego es güeno. Olvidan los evangelistas del hecho diferencial indie que la compañía Carolco era independiente. Y la Cannon, y la Troma. Rambo III nació como película indie, igual que Los Zombies Paletos, que no se han pasado en el festival de Gijón ni lo harán. Imagino que se tiende a vincular lo de la independencia con una determinada ética y con tener que rodar con cuatro chavos. Esto último es circunstancial, pero reviste de credibilidad si optas por esa ética que menciono: un plano fijo de un grupo de zombies mal maquillados masticando vísceras no viste tanto como un plano secuencia de un cabrero iraní contemplando un campo de amapolas mientras medita sobre el paso inexorable del tiempo. Ahondar en la ética según San Indie sería largo y farragoso, pero tal como yo la entiendo tendría mucho que ver con el naturalismo: en este pack de 5 films hay kurdos que sufren (A Time For Drunken Horses), amigos de la infancia que de adultos son extraños (Old Joy), amigos de la infancia que de adultos son yonquis (Adam & Paul), personajes extravagantes de la periferia musical (Benjamin Smoke) y personajes extravagantes de la periferia de Viena (Dog Days), retratados a pelo (y sin concesiones, que no falte el latiguillo) para que el indiespectador sepa sin aditamentos de las pequeñas alegrías y grandes amarguras que conlleva la condición humana antes de irse a escuchar a Cat Power y Yo La Tengo.
NOVEDADES L’ATELIER 13Varios directores
Lo dije hace meses y vistas las nuevas evidencias tengo que repetirlo: en los 50 el caos reinó que fue un contento en los Estados Unidos. Ataques de tenias y gorgojos peloteros gigantes, robots con aspecto de triturador de basura e invasiones de alienígenas cefalópodos polimorfos y polipoéticos mantuvieron entretenida a la población, al resuelto general, al científico listo para la acción, a su rubia ayudante y al niño de los vecinos, un chaval espabilado y con maña para la mecánica. Las pruebas son concluyentes. En 1951 la ciudadanía se echó las manos a la cabeza al saber que por los pelos se habían librado de que los arteros habitantes del planeta rojo (los marcianos, no los soviets) invadieran la Tierra (Flight To Mars). En 1955, susto doble: en el planeta Nova había dinosaurios (King Dinosaur) y, a escala doméstica, un árbol había cobrado vida y se cobraba las del prójimo (From Hell It Came). En ambos casos, nada que no se solucione con un poco de violencia. Dos años después, más sobresaltos. Los 50 fueron un sinvivir. Las gentes no sabían a quién temer más, si a la mantis descomunal que se descongeló en el Ártico (The Deadly Mantis) o al mafioso que resucitaba fiambres para acabar con sus rivales (Creature With The Atom Brain). Todos estos documentos audiovisuales imprescindibles para saber cómo actuar en una situación comprometida habrían quedado sepultados por las arenas del tiempo de no haberlos rescatado L’Atelier 13 con generosa guarnición de extras.
FUERZA BRUTAJules Dassin
Suevia
El género carcelarioque no es género sino metagénero, pues la comunidad cerrada admite recursos del thriller, del cine fantástico, el bélico y casi cualquier otro, acaso sea uno de los más fascinantes que existen. A mí me fascina, tal vez porque nunca he estado en el trullo y lo veo desde el lado amplio de las rejas; o por el hechoun tópico repetido hasta la náusea pero no por eso menos cierto, de que la prisión refleje a escala reducida el mundo exterior: las reglas (las oficiales y las otras), el conformismo y la rebeldía, el (des)equilibrio de poder entre los que dictan y los que acatan y, meollo del cine taleguero, el juego de relaciones que se establece entre los reclusos, y entre ellos y los de la pipa y la porra. El jefe de estos últimos en Fuerza Bruta es un mal bicho de cuidado, una hemorroide humana que hace y deshace ante la impotencia del médico, un alcohólico que a pesar de sus arranques de locuacidad poco pinta en el orden chironero de las cosas, y la pasividad del alcaide, un calzonazos a quien sólo importa no meterse en problemas y mantener el cargo. En el campo contrario, los reclusos de la celda R17, con un bipolar Burt Lancaster al frente, empeñados en largarse cuanto antes porque lo de ahí dentro no es vida y fuera están sus medias naranjas, protagonistas ellas de sendos flashbacks que no vienen a cuento y estorban en el contexto de un film que huele a tigre enjaulado, a sobaco presidiario y a bilis acumulada.
JESÚS BROTONS
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