Quiero Mis Dvds

By Jesús Brotons

NO TAN TRISTE

CAN TUNIS
José González y Paco Toledo
Cameo

Equivalente calé de la Zona de la película de Tarkovsky, el barrio barcelonés de Can Tunis fue durante décadas la última frontera condal, un lugar agreste y dejado de la mano de Dios y del ayuntamiento en el que se transgredían las leyes, no las físicas sino las otras, y para cuya incursión más valía llevar un guía pues un paso en falso, una violación de los códigos internos del barrio, acaso no te dejara desorientado pero sí desplumado o algo más serio, y desde luego sin ganas de recitar poesía. No era éste sitio propicio para expresiones líricas sino para algo más prosaico, a saber: aprovisionarse de mandanga, pagar sin regateos y salir sin hacer ruido. También para pulírtela in situ, si la ansiedad hacía insoportable la espera. Traficantes y familias gitanas de bien convivían en Can Tunis en razonable equilibrio ante la mirada atenta y la vista gorda de la policía, y quizá así sería aún de no mediar una ampliación del puerto colindante; un decretazo que condujo al derribo de casas y chabolas y al traslado forzoso de sus habitantes: honestos, deshonestos y zombies de paso. Rodada a lo largo de 3 años, la película muestra el día a día de una comunidad, lo desearan o no, al margen de la Barcelona de postal. Menuda postal, la de Can Tunis. El cuarto mundo a unas pocas paradas de autobús. Tan cerca y tan lejos. Los dos realizadores se meten en harina, ponen la cámara allí donde parecía imposible y emergen con un fresco de los que dejan tiritando. La vida, señores.


EL PLANETA SALVAJE
René Laloux
Filmax

Imposible cuantificar cuánto le debe El Planeta Salvaje al autor de El Quimérico Inquilino (la novela en la que Polanski basó su película) y La Cocina Caníbal, el ilustrador y escritor patafísico Roland Topor. Cierto, el film abunda en méritos de otros (la ajustada dirección de René Laloux; la historia original de Stefan Wul), pero no me cabe duda de que, sin los alucinados diseños de Topor, el film hubiese quedado como una simpática curiosidad, un estatus muy alejado de la estatura casi mítica que ha llegado a alcanzar con el paso de los años. Una estatura, valga decirlo, merecida. La Planète Sauvage cuenta una historia de fantasía que, como toda buena fantasía, puede leerse en clave realista. En este caso, además, no cuesta, pues es evidente: en un futuro indeterminado, el hombre ha metido la pata hasta el fondo y prácticamente se ha aniquilado, los supervivientes reducidos a animales de compañía de una raza de gigantescos seres azules que alternan la meditación zen con el temor (luego justificado) de que esos bichejos que tan rápido se reproducen sean más inteligentes de lo que parecen, se emancipen y a la larga desafíen su posición en la cúspide de la cadena alimenticia. Sobre el papel parece una premisa bobalicona que despide un tufo new age, pero en pantalla no lo es. El ser humano es un mal bicho para consigo y para con los demás ya esté asilvestrado o en cautiverio, y de un modo u otro se las arregla siempre para generar caos allí por donde pasa.


2012, SCIENCE OR SUPERSTITION
Nimrod Erez
Disinformation

De fechas concretas en las que supuestamente el mundo habría de llegar a su fin hemos tenido muchas, pero produce algo de canguelo que apunte la del 21 de diciembre de 2012 un señor llamado Nimrod, ignoro si antepasado del Nimrod bíblico que levantó una torre desde la que pretendía llegar al Cielo, derrocar a Dios por haber ahogado a sus antepasados en el gran Diluvio y poner en su lugar ídolos de piedra y madera. Precisamente con piedra y madera y unas cuantas cuerdas construían los mayas sofisticados aparatos predecesores de los modernos ordenadores con la ventaja de que no se colgaban ni precisaban constantes actualizaciones. Nadie se explica muy bien cómo llegaron a semejante nivel tecnológico, pero llegaron. Habrá, por tanto, que concederle cierto crédito a su asunción del 21-12-12, entre la Odisea 2 y el Rescate en L.A., como día exacto en que vosotros y yo, si llego, entraremos en una nueva era. Porque, tranquilos, que el mundo no revienta: sólo cambia. Por supuesto, todo esto es materia abonada a especulaciones, y a eso se dedican sin mudar el gesto una serie de expertos en folklore apocalíptico, cada uno desgranando ante la cámara su conocimiento del mayan-tech y sus hipótesis sobre lo cósmico y lo terrenal. A un servidor le parecen una sarta de melonadas, pero como no me llamo Nimrod ni sé de profecías, diré que el documental está bien hecho y se deja ver aunque no te creas ni media palabra.


GLAUBER ROCHA: INITIAL SERIES
Glauber Rocha
Cameo

Para empezar, una cita, que es algo que viste mucho: “Si es feo, irregular, sucio, confuso y caótico, es, al mismo tiempo, bello, brillante y revolucionario”. Gracias, wikipedia. De tal guisa pintaba Glauber Rocha el Cinema Novo, movimiento cinematográfico brasileño que en cierta ocasión circunscribió a su humilde persona: “Yo soy el Cinema Novo”, parece que dijo, y lo cierto es que las cinco películas que incluye este pack, que intuyo reflejos poco o nada pulidos del carácter de su autor, hacen buen acopio de momentos feístas (así eran las cosas en el Brasil de los años 60; en ciertos aspectos también ahora, véase Ciudad de Dios), avanzan a trompicones (pero la arritmia también es una forma de ritmo) y los actos y motivaciones de los protagonistas son a veces confusas, cuando no crípticas. Ahora bien, el cine de Rocha también era (es) telúrico, visceral y seco como la tierra del desierto, nace en el corazón y en los cojones sin prescindir del intelecto; su revolución, en lo formal, tiene raíces (la nouvelle vague, Buñuel) pero él la adapta y hace suya, y en cuanto a la belleza, permítaseme utilizar de nuevo una cita: “La belleza será convulsiva o no será”. Gracias, msr. Breton. Estos 5 films (Barravento, Dios y Diablo En La Tierra Del Sol, La Edad De La Tierra, Tierra En Trance y El Dragón De La Maldad Contra El Santo Guerrero), sus más conocidos ya que no populares, le deben bastante al surrealismo: vuelven del revés las convenciones y señalan con el dedo a los putrefactos (gracias, Dalí y Lorca).


JESÚS BROTONS


Comentar