Quiero Mis Dvds


COLECCIÓN CIENCIA FICCIÓN/LOS INVASORES
L’Atelier 13

La década de los 50 no fue precisamente una bicoca para (en pie y saluden) los Estados Unidos de América, vigía y faro de occidente a cuyos habitantes Dios guarde muchos años (pueden sentarse). Cierto es que toda familia, por supuesto nuclear, gozaba de su casita con parterre, de su lavaplatos, de su redondeado televisor en blanco (¡ajá!) y negro (¡huy!), de su barbacoa, su espiritualmente reconfortante misa dominical y de sus discos de Mantovani, pero desde el lado chungo del telón de acero biliosos enemigos conspiraban para imponer en todo el mundo el kasatschok incluso antes de que se inventara el twist. La amenaza amarilla había mordido el polvo años atrás, y por arteros que fuesen esos malditos caras de limón, su refinada malevolencia oriental quedaba en pañales frente a la astucia de la serpiente roja. Lo intentaron todo, y de sus maniobras dan cuenta un puñado de documentos de la época que, camuflados como obras de ficción, sobrevivieron milagrosamente a la purga cultural que sobrevino tras la toma de Estados Unidos por Cuba en el año 2015. Tómese, a modo de ejemplo, Tobor El Grande, fidedigno retrato de la inventiva y el arrojo americanos y la sibilina maldad de los lobos del este, cuyos planes mal que les pese están desde el principio abocados al fracaso porque no puede ser de otra manera. ¡Chinchaos, rojos!

En su ajetreado devenir cincuentero, los súbditos del tío Sam tuvieron múltiples ocasiones de poner a prueba su heroísmo frente a amenazas surgidas ¡horror! de su propio seno. En su afán de poner a prueba los límites de la naturaleza, los científicos, esos condenados chiflados, tan pronto eran capaces de aumentar el tamaño de una araña hasta dimensiones colosales (Tarantula) como controlar a distancia a sus semejantes con su mera fuerza mental y nefandos propósitos (Donovan’s Brain). Los peligros del interior, no obstante, quedaban en menudencias ante las monstruosidades del exterior. ¡Gorilas asesinos! (Bride Of The Gorilla), ¡bestias prehistóricas! (Lost Continent), ¡lagartos hipertrofiados! (Godzilla, King Of The Monsters)... y extraterrestres, que a pesar de los posteriores intentos de Steven Spielberg por mostrarlos como gente de bien, en realidad son unos cabronzuelos. Durante varios años consecutivos trataron de sojuzgar el planeta—haciendo escala previa en los USA—por métodos a cuales más peregrinos: resucitar a los muertos (Plan 9 From Outer Space), esconderse bajo tierra (Invaders From Mars), terminar con los machos (Cat-Women Of The Moon), enviar simios robóticos (Robot Monster) y estrictas dominatrices (Devil Girl From Mars)... Desarticulada la infiltración que a finales de los años 60 llevaron a cabo individuos de otro planeta de meñique tieso (Los Invasores, 1ª Temporada), descubrieron los terrestres con horror que, en realidad, los americanos, esa gente simpática que hacía barbacoas, veía la televisión en blanco (¡ajá!) y negro (mmm...) y escuchaba a Annunzio Paolo Mantovani , hacía años que no lo eran: fagocitados por vainas vegetales, habían sido sustituidos en 1956 (La Invasión De Los Ladrones De Cuerpos) por unos seres sin sentimientos, inteligencia individual ni libre albedrío. Uno de ellos, por cierto, llegó a la Casa Blanca en enero de 2001.



MALA NOCHE
Gus Van Sant, 1985
Avalon


LAST DAYS
Gus Van Sant, 2005
DeA Planeta

Interese mucho o poco su cine, si algo no se le puede negar a Gus Van Sant es su estatus de autor, en tanto que es coherente con los temas que trata y el modo que tiene de tratarlos. Dejando aparte alguna incursión en el panorama del cine comercial, los films más personales de Van Sant comparten unos rasgos comunes; elementos temáticos muy concretos que se erigen en ocasiones en eje central del argumento y en otras puntúan la trama. Veinte años separan Mala Noche de Last Days, y en ambas plasma el director, a pesar del tiempo transcurrido, sus particulares, digámoslo así, obsesiones: personajes insatisfechos con un entorno normal y cotidiano pero en el fondo hostil, la búsqueda de algo que dé sentido a la existencia, las sensaciones de pérdida y fracaso y, por encima de todo, los efebos que se dan por el culo y se chutan. Hace referencia el título de la primera película a la (físicamente) dolorosa experiencia que vive el protagonista tras encamarse con un inmigrante ilegal mejicano, compadre de otro chamaco por el que bebe los vientos y que, desgraciadamente para él, tiene en mayor estima su ojete. La droga, presente en la posterior Mi Idaho Privado (1991), queda fuera de la ecuación, pero subyace en el texto de Last Days, una conjetura de cómo pudieron ser los últimos días de Kurt Cobain en la que el atribulado rockero vaga como alma en pena mientras parasitan su mansión unos chavales sodomitas cuya razón de ser en el contexto del film es inexistente, pero salen porque tienen que salir. El actor que interpreta al trasunto de Cobain solventa como puede, más que el papel, la papeleta, en esta anécdota que dura ochenta minutos más de lo necesario.

JESÚS BROTONS



ENDGAME
Alex Jones
Disinformation


Una de las webs más activas en lo que a agitación audiovisual se refiere es disinfo.com, la web de Disinformation, el colectivo contracultural americano dedicado a dar esa información que medios más mainstream—y que muchas veces son la (des)información-, nunca te darán. Endgame: Blueprint for a Global Enslavement. Ese es el tremendista título de uno de los últimos highlights del catálogo de DVDs en Desinformation. Ese “borrador para una esclavitud global” lo ha montado uno de los agitadores mediáticos más activos en los USA: Alex Jones (Dallas, Texas, 1974), radio-personality e infatigable productor de documentaloides denunciando desde la administración Bush hasta el 11/S. Declarado paleocon, o sea, paleoconservador… bah, dejémonos de gaitas y traduzcamos paleocon por “un jodido facha tejano”, eso es Alex, y sus documentaloides anti-sistema son la estilización de la agitación extremista mediática de los 90, década en la que tipos y tipas como Mark Koernke o Linda Thompson, populares entre las militias más radicales, se dedicaban a distribuir vídeos en los que bramaban contra el establecimiento del New World Order, que se traduce en el control de los USA por parte de fuerzas exteriores, la ONU por ejemplo, mediante los helicópteros negros, la inmigración descontrolada o Rex-84, un plan para crear una red de campos de concentración secretos. Pues todo eso también está en los vídeos de Alex, pero con menos amateurismo. El extremismo mediático más profesional.

En Endgame Jones nos promete espatarrantes revelaciones sobre el Club Bilderberg y sus macabros planes para la Humanidad, que incluyen la instauración de ese NWO, un gobierno global que entre otros efectos nocivos tendría el de convertir a los Estados Unidos en un país sometido. Ese Club, esa global elite que algunos relacionan con los Illuminati u otras sociedades más o menos secretas, se reúne una vez al año desde 1954. Y una vez al año se pegan un chute de poder. En un estilo en algunos momentos cercano al de otro Fat Bastard—en terminología Austin Powers—como es Michael Moore, Alex sale con su inseparable megáfono vociferando en Canadá contra una reunión del Club Bilderberg en el Brookstore Hotel de Otawa. Jones pretende que en esos meetings se cuece el NWO. Bueno, Alex, quizás las reuniones Bilderberg sean un distractor, y por las mismas fechas, mientras estás haciendo la mona con tu megáfono, abucharando a los potentados que llegan con sus coches de vidrios tintados a la reunión del Club, en algún remoto confín de la Antártida, allí SÍ estarán reunidos los VAM, los Verdaderos Amos del Mundo conspirando a gogó. Y tú, Alex, haciendo el primo. ¿Y quién hay detrás de los VAM? La conspiranoia es infinita…

En los 140 minutos que dura Endgame Jones nos detalla el MasterPlan de esos bilderbergers: A-el sometimiento de los USA y su pop control (population control), B-el exterminio de buena parte de la población mundial y C-el establecimiento de una élite global que vivirá rodeada de esclavos y beneficiándose de los adelantos de la ciencia para vivir más y mejor. O sea, lo de siempre. Pero con la eficiencia de Jones para ir tejiendo una teleraña paranoica y patriótica, trufándola con citas como ésta: “Una población mundial total de unos 250-300 millones de habitantes, el 95% menos de la población actual, sería ideal” (Ted Turner). Claro, cómo no ponerse paranoico. ¡Estamos en manos de auténticos psicópatas! De ahí la frase promocional en la carátula: They want you dead “Ellos te quieren muerto”. Van a por vosotros, Alex...

MIKE IBÁÑEZ

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