Quiero Mis Dvds
OUNA RAZÓN PARA VIVIR Y UNA PARA MORIRTonino Valerii
SAV DeA PLANETA
De sobras conocida es la boutade con que Sergio Leone respondió al preguntársele sobre su posible paternidad del western italiano: “Soy el padre de un millón de hijos de puta”. No cabe calificar así a Tonino Valerii, ayudante de dirección suyo y firmante de cinco eurowesterns entre los que se cuentan El Día De La ira, acaso una de las mejores muestras que el género haya dado en Europa, y la que nos ocupa. Híbrido entre cine del Oeste y bélico, con casi más de lo segundo que de lo primero, tentado estaría uno de reducir Una Razón Para Vivir Y Una Para Morir a trasposición de la anécdota argumental de 12 Del Patíbulo a un contexto de western (diez condenados a muerte, comandados por un militar caído en desgracia, son liberados a condición de jugarse la vida en la toma de una fortaleza confederada), y posiblemente eso sería de no picotear asimismo de la rica tradición de la literatura picaresca mediterránea (la secuencia en la que Bud Spencer, correcto en esta película, hace creer a todo un pueblo que la guerra ha terminado), de la crónica negra (la familia, amable en apariencia, que acoge al patibulario tropel pero esconde chungas intenciones), y de no teñir su film Valerii, un hombre criado en el neorrealismo, de un aura de desconfianza hacia símbolos y fanatismos: no es casualidad que sea un crucifijo el objeto que motive la captura de Spencer y James Coburn por las tropas nordistas, y que el único que elija morir ajusticiado antes que tomar parte en la campaña sea... un cura. Mención especial merece Telly Savalas en su papel de militar sádico y presumiblemente homosexual. Gran película.
THE OFFICE, 1ª TEMPORADA
Ricky Gervais y Stephen Merchan
CAMEO
No es la versión americana de The Office un producto desdeñable (en él luce Steve Carell, un cómico apreciable aunque con mala pata a la hora de elegir sus papeles en la pantalla grande), pero palidece en comparación con el original inglés, que también en España ha podido verse en televisión aunque lamentablemente a horas injustas. Cualquier tópico en relación al humor británicosu gusto por la sátira, los juego de palabras, el equívoco... todo esopuede aplicarse a The Office, serie que sigue el día a día de unas oficinas cualesquiera con el énfasis puesto en las relaciones que mantienen unos empleados que están ahí porque no les queda más remedio y un jefe que hace suyos todos los rasgos del típico desgraciado al que se le concede, a pesar de sus deméritos y flagrante incapacidad, el poder de tomar decisiones. Rodada a medio camino entre la comedia de situación y el falso documental, la serie ofrece a través de sus protagonistas un catálogo real como la vida misma de arquetipos del mundo laboral y estados de ánimo no circunscritos a un único ámbito; una sátiramás acerada y cruel de lo que podría parecerde la fatuidad, la envidia, la pasividad y la desmotivación que sigue a la aceptación de que los nobles sueños, casi siempre, están condenados a perecer asfixiados bajo el peso de la mediocridad, de la rutina cotidiana, de la gris realidad. The Office pone el mundo laboral bajo la lente (no tan distorsionada) del microscopio, pero el microcosmos que presenta, poblado por personajillos cuya importancia en el orden del universo es nimia, es un reflejo de otro mundo, más grande, en el que todos nos movemos y se rige por reglas muy similares a las que satiriza la serie de la BBC.
SLACKERRick Linklater
AVALON
En su haber tiene Linklater algún pecado de los que hacen merecer la excomunión (Escuela de Rock, un grave insulto a los aficionados al rock y al cine), pero también curiosos, interesantes tanteos en el campo de la animación como A Scanner Darkly y Waking Life, film este último cuya semilla se encuentra en su segundo largometraje (tercero, si contamos Heads I Win/Tails You Lose, más un experimento en el campo del collage que una película comme il faut), Slacker. Dura prueba para quienes padezcan de déficit de atención, Slacker, al igual que su posterior Waking Life, es el equivalente fílmico de una constante digresión. De similar manera a la de uno de sus personajesel tipo que establece un monólogo que va cambiando constantemente de tema, estirando un hilo para llegar a otro, la película sigue las andanzas de una serie de personas que se cruzan por la calle, hablan entre ellas o se ignoran, reflexionan y, en general, se dedican a sus asuntos en el contexto de una pequeña ciudad americana a lo largo de un día cualquiera. Imposible identificarse con nadie, pues la cámara no da tiempo: apenas empezamos a saber, o a intuir, cómo es un personaje, ya el foco de atención ha pasado a otro. Ahora bien, no es la intención de Linklater (que aparece al principio de la película dando la tabarra a un taxista, dirán algunos que la misma que la película da al espectador) favorecer la identificación con éste o con aquel, sino más bien poner de manifiesto la complejidad de las relaciones entre las personas, también la falta de ellas o lo efímeras que estas pueden ser, y el crucial papel que el azar juega en nuestras vidas. En este sentido, no encuentro casual que en un segmento aparezca una chica con la baraja de “Estrategias Oblícuas” de Brian Eno y Peter Schmidt en la mano.
FLIRT/THE GIRL FROM MONDAYHal Hartley
Avalon
Las tres historias que componen Flirt, a grandes trazos la misma pero con sutiles variaciones que terminan por conducir a diferentes finales, no podrían tener lugar en Torredombenito, Arganda de Duero y Sant Pere de Ribes, no: transcurren en Nueva York, Berlín y Tokyo, paradigmas de ciudad moderna, porque Hal Hartley siempre ha sido, ante todo, un director moderno, y las formas hay que cuidarlas. El fondo será el que cada espectador quiera que sea, pues para eso son sus films lo bastante abiertos como para admitir interpretaciones a gusto del consumidor (¿El carácter universal de los sentimientos humanos? Venga. ¿La complejidad de las relaciones? Hala. ¿La sensación de zozobra ante el curso de unos acontecimientos que amenazan con superarnos? Al cesto. ¿Dónde está la caja?) pero, ¡ay, amigo!, no se puede ser cineasta independiente y à la page sin ponerle un lacito estético a los trabajos. En Flirt consiste el lacito en dotar de coartada humanista y multiplicar por tres una simple historia de enredos sentimentales, y en The Girl From Monday (futurismo para interioristas y propietarios de galerías de arte), en emplear a un operador de cámara con una pierna más corta que la otra que olvidó en casa el zapato ortopédico uno de cada dos días de rodaje.
JESÚS BROTONS
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