©2014 VICE Media LLC

    The VICE Channels

      Mirando debajo de las olas

      February 19, 2013

      Adam Curtis es el más grande cineasta documentalista de Gran Bretaña y uno de los mejores artistas que este país haya producido en los últimos tiempos. Un gran número de artistas contemporáneos que alcanzaron la fama exponiendo en galerías gustan de regodearse en la ironía y el comercio; Curtis, por el contrario, se ha desarrollado en el más singular de los huecos, creando sutiles, polémicos films que ponen en tela de juicio el status quo desde el seno de la British Broadcasting Corporation. Es probable que él se refiera a sí mismo como periodista antes que como artista.

      Curtis, de 57 años, realiza films de contenido sociopolítico, centrándose a menudo en cómo las ideologías de una persona o grupo de personas pueden acabar moldeando la geopolítica, la economía y el modo en que percibimos la realidad. Pandora’s Box (1992) reveló cómo la cúpula gobernante de la Unión Soviética llegó a creer que podían transformar la sociedad en una máquina racional; The Mayfair Set (1999) contaba la historia de un pequeño grupo de capitalistas que redefinieron la naturaleza del poder británico, convirtiéndonos en traficantes de armas y destructores de sindicatos; en The Century of the Self (2002) Curtis examinó cómo los publicistas, asesores de imagen y relaciones públicas utilizaban las teorías freudianas para penetrar en el inconsciente colectivo; y en The Power of Nightmares (2004) puso la mirada en cómo los neoconservadores norteamericanos y un pequeño grupo llamado Al Qaeda capitalizó el terror de la ciudadanía a comienzos del siglo.

      De acuerdo a un mito popular, Curtis vive en los archivos en el sótano de la BBC, revisando obsesivamente viejas filmaciones con objeto de hallar fragmentos que completen su emotivo, cinemático découpage y a las que superponer su clara voz de profesor. Contacté con él por vez primera hace un año y, sabiendo que es seguidor de VICE, para nuestro décimo aniversario [el de la edición inglesa] le pregunté si querría reunirse conmigo para hablar de la última década de noticias televisivas; un mundo en el que VICE se ha ido interesando cada vez más. Nos encontramos en un pub en el East London, bebimos unas Beck’s y hablamos de cosas que iban más allá de las noticias a través de la televisión. Curtis posee una notable comprensión de la historia social, filosófica y política. Y también un teléfono móvil recubierto de circonita.

      Curtis ve hoy en día las noticias como algo fallido por defecto, incapaces de explicar el mundo en el que vivimos. Para él, nuestras vidas están gobernadas por las finanzas, los ordenadores y la teoría de la gerencia, y las noticias televisivas se han sumergido en la terminología de estos mundos. Esto, de forma desastrosa, ha dejado las noticias atrapadas en la terminología de aquellos que controlan el planeta: los bancos, los economistas y sus aliados operativos; esto es, políticos y gente de relaciones públicas. En cierto modo, las noticias se han convertido en un ámbito dominado por “expertos” tecnócratas antes que por personas, y esto las ha hecho incapaces de explicar nada. Lo que Curtis intenta con su trabajo es modificar esta deriva, poniendo el medio de nuevo en la dirección de la narrativa grande y romántica, una que pueda capturar la esencia de cómo es existir hoy. Lo que sigue es un fragmento de una larga conversación.

      VICE: Tal como usted lo ve, hay un fallo básico en la forma en que las noticias han estado informando del planeta en la actualidad. ¿Hay algo inherentemente difícil en esto?

      Adam Curtis: Bueno , sí, de lo que hablo es de tres cosas: finanzas, ordenadores y teoría de la gerencia. Hoy en día moldean las vidas de la gente, a pesar de que son imposibles de historiar. No las puedes convertir en una historia. Nadie ha encontrado realmente una forma de describir el extraño mundo en el que vivimos. Vivo en Holborn y cada día que voy a la BBC veo olas de gente que se dirige a sus oficinas, y sé que van a pasar el tiempo delante de sus ordenadores, diciéndoseles, “Si te gusta esto entonces te gustará aquello”, y siendo dirigidos por todos estos sistemas. Nadie ha encontrado un modo veraz de describir ese mundo a esas personas. Y eso es lo que el periodismo debería estar haciendo. Es lo que debería.

      ¿Podría darme un ejemplo de cómo ha fallado?

      En 2008 hubo esta enorme crisis financiera de la que estoy seguro que todavía no hemos visto el fin. No lo comprendo. No me creo lo que me dicen que ha sucedido porque todo lo que he oído son historias llenas de jerga acerca de “obligaciones colateralizadas”. Así me siento perdido. Estoy perdido en un mundo construído con la jerga y terminología del sistema de pensamiento que, para empezar, fue el que provocó esta crisis. Que es el económico.

      ¿Y esto ha castrado la capacidad de los periodistas de explicarnos el mundo?

      Sí. Creo que es un fenómeno de los tiempos que vivimos. La manera en que funciona el poder se ha desplazado hacia áreas que el periodismo no ha encontrado una forma de explicar. No ha hallado el modo de descorrer la cortina y mostrártelo de modos que no hayan sido atrapados por la mentalidad de la gente que está en su interior. Lo hicimos muy bien con la política de los años 60 en adelante. Empezando con el Nuevo Periodismo de inicios de los 60, lo que podrías llamar periodismo de inmersión; la gente se metió hasta el fondo y descubrió modos de describir lo que estaba pasando en el campo de la política de maneras que los políticos no pudieron apresar.

      ¿A qué maneras se refiere?

      Bueno, podías desvelar las cosas como si estuvieras montado en un helicóptero, miraras hacia ellos y dijeras, “Mirad, así son”. Se hizo lo mismo con la ciencia, coger una distancia y seguir viéndola dentro de un contexto social. Pero ahora es como si estuviéramos dentro de la máquina y no podemos alejarnos y verla. Creo que las noticias están verdaderamente atrapadas.

      De acuerdo. ¿Y cuándo empezó a suceder todo esto?

      A principios de los 90. Ahora mismo estoy muy interesado en investigar esto. En parte se debe al auge en los 80 de las noticias durante las 24 horas, y en parte a una pareja casada, Ted Turner y Jane Fonda. Jane Fonda es responsable de la revolución del VHS con sus vídeos de ejercicios, y Ted Turner inventó las noticias 24 horas [con la CNN]. La gran idea de Turner era que podía librarse de esos pijos reporteros de la BBC, que se pasaban dos semanas juntando piezas sobre lo que estaba pasando en Chipre o donde fuese. Se quitó eso de encima porque era aburrido y tenía toda la razón. Lo cambió por este sentido de la inmediatez en el que las cosas simplemente suceden. Y ese es el meollo de nuestros tiempos, las cosas suceden. Así de simple. Turner dijo abiertamente que lo que él quería era desplazar las noticias de la idea del análisis empaquetado hacia un sentido de la experiencia inmediata. CNN hizo esto muy bien al principio, entonces la Guerra Fría tocó a su fin y todo se complicó un poco.

      Ya ha hablado usted anteriormente de que el fin de la Guerra Fría destruyó las nuevas narrativas hasta un punto en que todo se hundió en la confusión.

      Todas las instituciones que emergieron y crecieron durante la Guerra Fría, como los espías y las agencias de seguridad y los políticos, de repente dejaron de saber qué estaba pasando. Lo que obtienes por tanto es una simplificación del mundo, derivada de su falta de entendimiento. Obtienes villanos bidimensionales como Saddam Hussein y el coronel Gaddafi, esas fuerzas oscuras. Y los periodistas empiezan a describir el mundo como lleno de estados renegados, dictadores sádicos, traficantes de droga, pedófilos y traficantes de personas. Tienes este mundo simplificado pero atemorizador donde todas estas turbias figuras hacen que las cosas, simplemente, pasen. Esto se perpetúa durante los años 90 y entonces ocurre lo del 11-S, algo que parece probar que todo aquello era absolutamente cierto y que ahí fuera hay fuerzas oscuras. Y esta es la razón de que la generación de VICE sea apocalíptica y esté aterrada. Tienen una visión de un mundo oscuro y terrible que no atinan a poder explicar.

      ¿Cómo refleja a mi generación el modo en que se dan las noticias?

      Bueno, la gran maravilla de nuestros tiempos es también su enfermedad: el deseo de experimentar cosas por nosotros mismos. Es lo que se lleva en la actualidad, no queremos que nos cuenten las cosas. Ya no nos gustan las élites porque todos somos iguales. Queremos saber por nosotros mismos, queremos sentirlo. Esto se debe en parte al auge del individualismo. Pero a lo que llegamos es a lo que yo llamo “la paradoja de la duquesa”. Todo el mundo es ahora una duquesa en la sociedad. El problema con esto es que si todos somos duquesas, ¿qué sentido tiene ser una duquesa? Ahora todo el mundo es famoso. Todo el mundo quiere ser una celebridad y ser tratado como tal. Quiere ir a balnearios y casarse en enormes casas pijas. La gente paga por una entrada VIP a un concierto. Es extraordinario. Todo el mundo está buscando desesperadamente su lugar. Lo que pasa es no existe tal cosa, un “lugar”. Es la gran tragedia de esta generación: que simplementa desea experimentar algo.

      Volviendo a las noticias, a lo de la inmediatez de las modernas noticias...

      Bueno, en ciertos aspectos está muy bien. Es liberador, porque están efectivamente tratando de proporcionarte una experiencia inmediata, sin filtrar por un grupo de hombres pomposos que vagan por el mundo vistiendo trajes estúpidos. El problema de esto es que te refriegan las narices con ellas de forma directa, y cuando sucede algo gordo, te asustas.

      Tiene razón, ver las noticias es algo muy intenso. Me paso gran parte del tiempo preocupado por las cosas que veo en las noticias.

      Lo que sucede con las noticias que hoy en día se dan por televisión es que son la consecuencia final de gente como Ted Turner; el deseo de una experiencia inmediata, y la falta de confianza entre los productores liberales de clase media que en realidad no saben lo que está pasando. Todo esto se acumula. Crea noticias que llegan como accesos de fiebre.

      Es como el sistema de alerta terrorista que ha instaurado el gobierno para mantenernos en vilo.

      Bueno sí. En este momento está la crisis en la Eurozona, muy útil para mantener la espera. Pero cada tres meses, la noticia es: mañana es el apocalipsis. Está la ola de gripe aviar, la ola de la economía, la de la gripe porcina, lo de Libia... ¿Qué está pasando ahora?

      Nada como lo de Jimmy Savile.

      Por completo. Un hombre asqueroso, una historia asquerosa. Así pues, eso tienes: accesos, u olas, que llegan y luego desaparecen. Sospecho que la mayoría de reporteros no tienen ningún tipo de perspectiva. Yo no la tengo. Nadie sabe lo que está pasando. es decir, que en parte es culpa nuestra, pero en esta atmósfera enfebrecida cualquier cosa puede magnificarse y convertirse en algo aterrador. El peligro es que, en esas circunstancias, puede aparecer una figura con poder y simplemente sacar partido de ese miedo.

      Eso fue lo que pasó con Blair y Bush tras el 11-S, y de lo que usted habló en The Power of Nightmares.

      Con la cobertura televisiva fracasamos no poniendo esos ataques dentro de alguna especie de contexto medido, y eso es todo lo que yo intentaba hacer. Quería decir: el terrorismo es un genuino peligro pero no es el apocalipsis, no es una amenaza a tu civilización.

      Ha dejado a mi generación creciendo en un mundo paranoico hasta extremos supremos.

      También contribuye a esta situación el hecho de que los baby boomers –la ya adulta generación de los primeros grandes individualistas– están ahora empezando a entender que van a morir. Si todo lo que crees es que eres el centro del mundo, no puedes concebir que vayas a morir. Lo que haces entonces es proyectar tu propia muerte sobre el planeta y decir, “Yo no voy a morir, es el planeta el que va a dejar de existir”. Creo que un montón de los exagerados miedos apocalípticos tienen que ver con que esta generación esté proyectando los indicios de su propio carácter mortal sobre el planeta. Por ejemplo, el cambio climático es un problema serio, pero se ha convertido en una cosa enorme, apocalíptica.

      ¿Tiene usted la impresión de que los periodistas de hoy carecen de bagaje suficiente para enfrentarse a este mundo?

      Sí; volviendo a los periodistas que hoy en día informan de las cosas: la crisis financiera, ¿tú comprendes realmente de qué va esa crisis? No, porque lo que hacen es emplear el lenguaje de aquello que provocó esta crisis. El lenguaje de la economía. Ningún economista, ni uno solo, vio avecinarse esta crisis, igual que ni el MI6 ni el resto de agencias de espionaje vieron avecinarse la caída del muro de Berlín. Noche tras noche, Robert Peston y varios otros aliados dentro de la fraternidad de noticias tecnoeconómicas salen en pantalla y emplean la terminología de una seudociencia fracasada, la economía, para explicarla. Y no la comprendemos y nos da la sensación de que esa no es toda la historia.

      Si hablar la lengua de los “expertos” no funciona, ¿cuál es el futuro de las noticias? ¿Cómo nos ponermos en marcha hacia otra cosa?

      Nos vamos a volver tremendamente románticos con el modo en que informamos sobre el mundo. De veras lo creo. Es casi como si lo fuéramos a transformar en algo shakesperiano. Las obras de Shakespeare trataban sobre el amor, la decepción, el deseo de poder, el deseo por otra persona, y todas esas cosas siguen existiendo. Nosotros, las personas, hacemos cosas terribles –o cosas buenas, o simplemente malas– y puedo ver las noticias convirtiéndose, en 10 ó 15 años, en algo con las características de un drama. Yo, en mis películas, lo hago con la música. Intento crear un aura que me permita decir algo y que la gente lo escuche.

      Noticias que inspiren algo más que miedo y cinismo.

      Puede que esta atmósfera enfebrecida en la que vivimos forme parte de la transición a una nueva clase de sociedad, de la que pueda emerger una nueva clase de política. pero es algo nuevo y las noticias por televisión no han sido capaces de describirlo. Todavía no han encontrado el lenguaje para hacerlo. Ni tampoco yo. Solo he tenido atisbos.

      Sigue a Alex en Twitter: @terriblesoup

      Ilustración de Marta Parszeniew

      -

      Temas: Adam Curtis, cine

      Comentarios