Quinqui de guardería

Por Iago Fernández

Valdebernardo es el nuevo M.O. Las viviendas del Ivima de El Ruedo son ahora un parque frente a la M-30. El cuento es el mismo. Nayaras y Cristians. Taners. Quinquis y chichotes. Sillas de Mahou en la calle. Tres años en paro. El Coleta nos gusta porque es lo mejor que le ha pasado al rap en el último año, pero también porque nos ha abierto las puertas de su casa, nos ha presentado a su familia y nos ha dejado escuchar el nuevo disco. Su hijo se pone sus oros y tiene colección propia de pequezapas y pequepolos. Si envías un mail a esta dirección quizá aún puedas reservar una de las ediciones limitadas del Iberikan Pack, que incluye una camiseta exclusiva.

VICE: He leído que tu plan es hacer unas doscientas copias. ¿Por qué tan pocas?
El Coleta: No sé. Está pensado como una edición limitada muy cuidada. Son tres cedés y la presentación es como la de un vinilo. Yo soy el primero que no compra nada de música. Lo que tengo o me lo han regalado o lo he mangado en el Crisol. Yo siempre he sido de “si puedes tener algo gratis, no pagues por ello”. El pack incluye una camiseta. Eso no te lo puedes descargar de internet.

Por lo menos sabemos que Mucho Muchacho se comprará el pack.
¿Por qué lo dices? ¿Por lo que puso en Facebook sobre mí? Yo siempre cuento que empecé a rapear a raíz de escucharle a él. También a los Hin-Chu Boys, pero es que los Hin-Chu Boys son poquísimamente conocidos.

¿Y del rap de ahora qué te gusta?
Mis colegas de M.O. El Starone, el Chegar que va a sacar ahora un trabajo… Elso Rodríguez.

Carlino, el casero de mi oficina, empezó a rapear muy pequeño. ¿Tu también fuiste precoz?
No, yo no me juntaba con gente creativa para nada. Gente destructiva más bien. Sí que es cierto que dentro de mi círculo de amigos estaba el Dr Tube, que se murió hace unos años. A él le molaba la música. Al ser unos años mayor me iba guiando con sus críticas y me ayudó a definir un estilo callejero.

Un estilo quinqui.
En Delitocrazia ya hay canciones quinquis mezcladas con millones de referentes. Al ver la portada decían que parecíamos El Torete y El Vaquilla. Y eso que llevábamos gorra y ropa de ahora. También decían que era música macarra. Vamos, que al principio era un quinqui que hacía rap y salió así y en el segundo ya era un tío haciendo rap quinqui. Más consciente. Si en EEUU el Blaxploitation llegó a influir en el funky, ¿por qué no va a haber influencia del cine quinqui en el rap?

¿Te gusta de siempre ese género?
Que va, lo descubrí de mayor. De pequeño los yonquis son un poco zombies. Yo veía aquellas pelis y pensaba, “¡Qué asco! como los de mi barrio”. Recuerdo cuando mi padre me dejaba en el coche en Entrevías y pensaba "como vengan ahora los yonquis..." Lo veía cutre el cine quinqui. Sobre todo José Antonio de la Loma. Eloy de la Iglesia ya es una escuela de cine más adelantada, pero Perros Callejeros lo he tenido que revisar varias veces hasta acabar valorándolo. En el cine, como con la comida, vas abriendo gustos. La primera vez que vi Las Vírgenes Suicidas me dieron ganas de matar a Sofía Coppola.

Prefieres a su padre.
Claro. Y a Scorsesse. De niño me gustaron Los Goonies, Star Wars… y vi de todo, también mucha mierda. Poli de Guardería. Esa no la veas. Pero Scorsesse fue lo que de verdad me convirtió en un flipado del cine. Yo no sabía ni lo que era un plano secuencia pero iba a la biblioteca y me intentaba enterar. Para el vídeo de M.O. es M.O. nos construimos un dolly para hacer el efecto ese que es muy Scorsesse que tú no te vas de plano pero se abre el fondo con el zoom. Aunque prefiero Nanai nanai y Alegre Bandolero que son más rollo cortometraje o micrometraje. Ya es más fácil porque tienes hecho un storyboard y no es grabar a lo bruto.

¿Te haces tú todos los vídeos?
Los hago yo, sí. Los ruedo con el Starone porque evidentemente no me puedo grabar a mí mismo. Me lo monto yo todo con el Premier. A veces ves catorce pistas de vídeo y se te quitan las ganas. Pero claro la repercusión en la red es muchísimo mayor un vídeo que un trabajo.

Lo mejor son los comentarios.
Es mejor que te insulten que no digan que molas. Hay rapers que se lo toman muy a pecho rollo “te estás riendo de nuestra cultura” pero la peña que se ha acercado me ha dicho que le mola lo que hago. Después en internet lees “estás ensuciando el rap” y me parto la polla. Tú vas al zoo y te puedes reír del tigre. Pero que abran la jaula a ver si te ríes. Por eso hay tanto insulto. Es internet. Es el mundo de hoy en día. La peña es borrega.

¿Lo que cuentas son vivencias propias?
A ver, yo simplemente me movía con elementillos. Yo qué sé, no he pasado hambre. Y he estudiado. Barrio obrero, gente obrera. Trabajadores. Tuve un núcleo familiar y me he sentido querido. No es una familia desestructurada como muchas que el padre es camello y la madre puta. También soy de los noventa, que es otra década. Los quinquis de los noventa eran aluniceros. Yo no he sido alunicero. Y en la cárcel no he estado. ¿Qué haya hecho cosas por las que podría estar en la cárcel? Pues sí.

Eras más como los chavales de la peli de Barrio.
No. Esos eran más chichotes. Más pipas. En vez de dar un palancazo se iban a repartir pizzas andando. Yo, en cambio, nunca he tenido un pavo pero siempre he vestido de cocodrilo. Me compré las Carrera cuando no las llevaba ni el puto Tato Abadía. Siempre he llevado pasta a queli. Pasta de trabajar y también de trapis. Porque yo tengo esa cultura de que la familia es lo primero. Tonto no soy. Siempre he vestido debuti. Eso sí, cuando en casa no había pasta no me iba a un reservado a tomarme champán. Si me sobra sí, pero si no prefiero darle a mi vieja para que pague la luz.

Te veo tranquilo. Reformado.
Es que cada vez te juntas con menos elementos porque los elementos o acaban entre rejas o mal de la droga y les cambia la personalidad. Ahora me junto con gente más de bien, pero bueno.

 Pero aun así sigues con las letras callejeras.
Aunque mañana me toque la lotería y me vaya a un chaleto seguiré haciendo este rap. Le puedo tirar una canción a mi hijo. Pero a lo mejor de repente esa es la más quinqui de todas. Los Chichos y Los Chunguitos tienen mil canciones que son del amor. Las canciones gangsta suyas son las menos. Sin tocar una temática quinqui, según como lo cuentes, puede ser lo más quinqui.

¿Y si un día tu hijo escucha un tema en el que hablas de droga, por ejemplo?
Nunca hago apología de la droga. Puedo decir que estoy fumando porros pero sin decir que es la polla. Y la cocaína y la heroína directamente la pongo mal. O la uso como figura. Digo “estamos brillando como rocas de escama”.

¿A tus padres les gusta lo que haces?
Mi madre se compra alguna revista si se entera de que salgo. Yo no me compro revistas hasta que no sea portada. Me dice “qué música más triste haces”... Y mi viejo tiene un montón de vinilos pero el rap no le mola mucho. Mis letras tienen mucho de tradición oral de mi viejo que es vallecano. Expresiones que le escuchabas con trece y pensabas "qué carca" ahora las usas.

Me encantan los temas nuevos. Sobre todo Segunda Oportunidad.
En este disco, además de sintes de los setenta y ochenta, va más al rollo español. También los Wu-Tang Clan samplean Raphael creo. Ahora, aparte de la letra quinqui, española, macarra… la música también lo es. Hay una canción que la percusión es de bulería, por cojones suena español y barriero. En vez de utilizar un banco, pongo por ejemplo un bombo de Las Grecas. A mí me flipa lo electrónico. Nunca voy a hacer un disco sin bases porque es lo que a mí me gusta escuchar en el coche para ir todo engorilado.

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