ESTE OTOÑO, TODOS SESENTEROS CON THE FILMS
Caramba.
Uno siempre había dado por supuesto que seguir un estilo de vida
rockero, sea eso lo que sea, implicaba comer poco y mal, escuchar
discos a todo volumen hasta horas impropias de un ciudadano trabajador,
trasnochar al por mayor, seguir conductas sexuales de alto riesgo en
los lavabos de los bares y regresar a casa a primera hora de la mañana
macilento, ojeroso, tambaleante y apestando a sudor, alcohol, tabaco y
fluidos corporales. Caramba, digo, porque semejante apreciación se me
aparece ahora equivocada y ha tenido que ser un tío que diseña ropa el
que me saque de un error que yo, cejijunto que soy, he tenido como
verdad de la buena durante años. ¡Lo que son las cosas!
Pues no, oigan. Llevar un estilo de vida rockero implica no sólo apoyar a Rolling Stones, un joven grupo que empieza, o a Lenny Kravitz, el sabio humilde al que Hendrix plagió todo lo que pudo, sino también a epítomes del lado chungo de la vida como Beyoncé, Puff Diddy y Enrique Iglesias. Ojo, que eso es sólo el principio. Para ser un rockero de la cabeza a los pies hay, además, que mojarse activamente por fundaciones en honor de Martin Luther King y ligas antidifamación; cuantas más mejor, que por ahí hay mala gente que miente mucho y ni son rockeros ni son ná. Puntúa asimismo participar en carreras para concienciar a la peña de que la esclerosis múltiple no mola nada y, diana rockera por excelencia, ponerse filántropo perdido destinando toda la calderilla que tengas en los bolsillos a concienciar a la juventud de que con las drogas te pones ciego, te ve la pestañí y te manda pa’l talego. ¡Talego, talego!
Tommy Hilfiger encarna el modo de vida rockero mejor que tú y que yo y que Esperanza Aguirre, pues mientras nosotros perdíamos miserablemente el tiempo y la salud en los bares y la presidenta de la Comunidad de Madrid se bajaba MP3 de chotis y zarzuelas, el eximio prohombre se dejaba las pestañas ultimando una nueva colección otoño / invierno de ropa basada en los años 60, esa época feliz en la que nadie se drogaba y las parejas esperaban al matrimonio para cohabitar. Por supuesto, vestir estas prendas garantiza la inmediata ascensión al séptimo cielo del ruakanrol.
La colección de don Hilfiger está dividida en cuatro apartados, a saber:
LOST IN TRANSLATION, nombre que produce inmediato repelús por remitir a cierta pelicula mamarracha pero que, en realidad, hace referencia a un inaudito híbrido entre la mitología motora y el Japón de hoy. Como ya he mencionado más arriba, éste que lo es es un cazurro, y por eso jamás se me habría ocurrido que fuese posible fundir en uno sólo los espíritus de Murakami y Sonny Barger, a los Hell’s Angels con un grupo de adolescentes de Ikebukuro, pero ya véis: resulta que el j-pop y las guitarras fuzz casan bien en el mundo de la moda.
PEACEFUL REVOLUTION está inspirada en el todovale hippie pero incluye algo de imaginería militar, por aquello de dar un poco de empaque a las amebas, los colores y los floripondios. Aunque bien mirado podría tratarse de una alegoría, un aviso de que lo que sucedió en Altamont podría perfectamente haber sucedido antes en Woodstock, en la isla de Wight o en cualquier otro sitio. Que Charles Manson podría haber estado cuerdo y Dennis Wilson loco. Que en toda revolución pacífica siempre cae alguna que otra hostia. Y que Jerry García podía ponerse bastante pelma.
TEENAGE KICKS no tiene que ver con los Undertones: esos eran de finales de los 70 y además no eran rockeros. No, leche, de lo que se trata aquí es de tomar los comics y el pop art como fuentes de unas prendas con las que ellos estarán desenfadados y elegantes, ellas callejeras pero femeninas, y todo quisque de un culto que te cagas. Roy Lichtenstein podrá haber llevado sus viñetas a las galerías y Warhol elevado los botes de sopa a la categoría de arte, pero los pequeños drugos del 2009 sabe que la distinción entre arte elevado y arte popular es cosa del pasado, pues el propio arte lo es. Lo que de verdad produce gustirrinín es saberse observado.
WHITE LIGHT es nuestra favorita, no por nada está inspirada directamente en la Velvet Underground. Sí, ya sabéis, el grupo de Angus MacLise, ese conjunto neoyorquino en cuyo último álbum tocó Ian Paice la batería. Pues eso, imaginad un mundo lleno de personas estilizadas y paliduchas ataviadas monocromáticamente de arriba abajo. Ropita negra con toques de azul y amarillo para humanizar un poco la cosa. Todo así como muy funerario pero a la vez desenfadado, muy apto tanto para celebrar una fiesta en una galería multiespacio como para bajar a uno de esos equívocos tugurios en los que la gentuza hace(mos) lo que listo en el primer párrafo.
Puesto que el movimiento se demuestra andando, Tommy Hilfiger se ha propuesto poner el mundo a bailar el twist, el jerk y el mashed potato patrocinando a The Films, los nenes de las fotos, grupete al que cabe calificar como de indie-rock pero que cuenta entre sus ascendientes musicales, eso dicen ellos, con los Kinks, Hank Williams, Townes Van Zant, The Byrds, The Band y quien se tercie. Autores de un álbum previo y un par de EP’s, The Films se aprestan a asestar al planeta un nuevo golpe discográfico titulado Oh, Scorpio, que desconocemos si tiene algo que ver con Kenneth Anger pero al que no haremos ascos aunque no fuese así ya que contiene canciones como las que tienen en su myspace y que vosotros, rockeros o no, podéis escuchar haciendo clic aquí o accediendo a la web Hilfiger Denim, desde donde podréis, además, apoquinar guapamente por la colección. Venga, uan, chu, tri, for…
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