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La herramienta que ayuda a los mexicanos a cruzar de manera segura

By Alex Dunbar

ENTREVISTA DE ALEX DUNBAR

La Herramienta para el Inmigrante Transfronterizo en acción. Tal vez no parezca gran cosa, pero puede guiar de manera segura a los trabajadores mexicanos de México a Estados Unidos y de vuelta. (Foto de Ricardo Domínguez)

Durante las últimas dos décadas, Ricardo Domínguez ha estado utilizando dispositivos electrónicos e Internet para hacer enojar a casi toda autoridad administrativa de alto nivel en Estados Unidos. A finales de los 90, su organización artístico-activista, Teatro de los Disturbios Electrónicos (Electronic Disturbance Theater), preparó una red de bloqueo web participativo llamada FloodNet, sistema que permitía a cualquier persona con conexión a Internet colapsar sitios web oficiales, volviéndolos completamente inaccesibles, como sucedió con los de la Patrulla Fronteriza, la Casa Blanca, el G8 y la Embajada mexicana, entre otros. El Departamento de Justicia respondió con un ataque electrónico a la EDT con el propósito de desestabilizar al grupo e interrumpir su intrusión online. Como cualquier obseso de la conspiración podría decirte, es ilegal el uso de la fuerza militar en contra de civiles sin una declaración de ley marcial previa; ese es trabajo de la policía y de los agentes del FBI.

Domínguez, simpatizante zapatista y amigo cercano del subcomandante Marcos, asegura que varias formas de disturbios online conducidos por el EDT eran, más que verdaderos actos de sabotaje, experimentos de desobediencia electrónica civil. Este trabajo condujo a masivos plantones y protestas contra el gobierno mexicano entre el 98 y 99, atrayendo a más de 100.000 participantes. Su proyecto actual—la Herramienta para el Inmigrante Transfronterizo—asegura que hará enojar a un número de estadounidenses aún mayor. Con un móvil Motorola barato con GPS y toda una escuadrilla de aplicaciones, la meta de Domínguez es ayudar a los inmigrantes ilegales a cruzar de manera segura la frontera sin ser deportados por la Patrulla Fronteriza ni terminar con un tiro en la cabeza por los gringos “patriotas”.

El principal objetivo de la Herramienta para el Inmigrante Transfronterizo es aumentar la seguridad durante el cruce de la frontera, dirigiendo a los inmigrantes hacia rutas seguras, refugio, comida, agua y alguna mano amiga. Con el reciente surgimiento de la membresía a la milicia y el anuncio de la administración de Obama sobre la reducción del número de agentes fronterizos para el año próximo, todo parece indicar que nos estamos preparando para ser testigos de un combate digno de pasar a las páginas de la historia. Y Domínguez no podría sentirse más feliz.

Vice: ¿Cómo te involucraste en la desobediencia civil electrónica?
Ricardo Domínguez:
En los 80 fui miembro de una organización llamada Critical Art Ensemble. Escribimos una serie de libros publicados en los 90 donde se especulaba sobre lo que el futuro, y los ordenadores en concreto, traerían consigo. Nuestras especulaciones base eran que veríamos emerger tres diferentes arcos del capitalismo durante los noventas: capitalismo digital, capitalismo genético—o capitalismo de clonación—y capitalismo de partículas—o tecnología nanoconducida—. Decidimos especular no sólo con el aspecto artístico del capitalismo, sino también en cómo nosotros intervenimos como artistas-activistas en cada una de estas áreas. Desarrollamos la idea de la desobediencia civil electrónica como una manera de mediar con el emergente capitalismo digital. Algunos miembros del Ensemble han sido arrestados por su trabajo. Uno en particular, Steve Kurtz, fue llevado ante un gran jurado en 2004. Seguridad Nacional consideró que su uso de la bacteria no patógena en ciertas áreas de un museo representaba una amenaza bioterrorista.

Suena siniestro.
Algo bueno salió de ello también. En 2000 fui invitado a ser el investigador principal en Calit2 (Instituto para las Telecomunicaciones y la Tecnología de la Información de California), en la Universidad de California en San Diego, y aún sigo ahí.


Ricardo Domínguez está muy feliz de ser un grano en el culo de la Patrulla Fronteriza. (Foto de Brett Stalbaum)

¿Qué tipo de desobediencia civil electrónica condujo al Departamento de Justicia a perpetuar los llamados ataques de infoguerra contra el EDT?
El verdadero núcleo de esto fue cuando dirigimos nuestro proyecto más grande, el Swarm Action, que fue un ataque denegador de servicio (DoS) que tuvo lugar en nuestro sitio web, thing.net. Permitía a cualquiera que tuviera acceso a Internet saturar varios sitios web del gobierno. Creamos un script en Java que, básicamente, era como si dieras clic al botón de actualizar una y otra vez en estos sitios, minimizando—o, al menos, decreciendo—su capacidad de utilidad para con el resto de los usuarios www. Estuvimos usando este programa por algún tiempo, hasta que el Pentágono respondió el 9 de septiembre de 1998. Desataron un “arma para la guerra de información”—o al menos así lo llamaron ellos—sobre nuestros servidores civiles de thing.net en la ciudad de Nueva York. Lo único que hacía era redirigir nuestro nombre web hacia otra página en blanco, lo que causaba también que se te abrieran tantos pop ups que saturaban tu ordenador y no quedaba más remedio que desconectarlo.

¿Por qué fue considerado ilegal este contraataque del gobierno?
No tuvo precedentes porque existe una ley llamada Acta Posse Comitatus, de 1878, que dice que el gobierno de Estados Unidos no tiene permitido el uso directo de fuerza militar en protestas llevadas a cabo por la población civil. Cualquier interferencia debe ser tratada por el departamento de policía local o el FBI. Probamos esta laguna legal y perdimos. Pero, a la vez, ganamos, porque lanzar este tipo de ataques contra un servidor civil es el equivalente de tirar bombas desde un B-52 sobre un grupo de protestantes frente a Wall Street—al menos, legalmente lo es—. El Centro Berkman para Internet y la Sociedad de Harvard contactaron con nosotros para preguntarnos si queríamos demandar al Pentágono. Pensamos que sería interesante demandarlo, pero decidimos que sería mejor desarrollar y distribuir el equipo de desobediencia para que cualquiera lo pudiera usar.

Durante los últimos años has estado trabajando en la Herramienta para el Inmigrante Transfronterizo, un proyecto que podría escocerle a mucha gente, civiles y gobierno por igual. ¿Qué te movió a iniciarlo?
Mi laboratorio de investigación en Calit2 se llama BANG Lab, abreviatura de Bits, Átomos, Neuronas y Genes. Una de las áreas en las que me he centrado desde que estoy en San Diego es el desarrollo de lo que llamamos tecnología de disturbios de frontera. Brett Stalbaum, otro profesor aquí en la Universidad de California, disfruta viajando al desierto pero no tiene ni pizca de sentido de la orientación, así que desarrolló una herramienta que bautizamos como la Herramienta para el Expedicionario Virtual, un GPS que puedes llevar en tu muñeca y que siempre coordina el mejor mapa y la mejor ruta para el día en que te encuentres viajando.

Desde el punto de vista de un artista-activista que desea corromper el protocolo estándar para cruzar la frontera México-Estados Unidos, ¿qué potencial le ves a la Herramienta para el Expedicionario Virtual?
Creo que es bastante interesante porque, en realidad, reubica al GPS lejos de su aplicación urbana y lo transfiere a su frontera natural. Me interesa cambiar estas tecnologías ubicuas y configurarlas hacia otros asuntos, otras aplicaciones. Otros disturbios, como me gusta llamarlos. Sabemos que las personas que cruzan la frontera mueren principalmente por falta de comida o de rumbo. Desde hace quinientos años es la carretera del diablo.

¿Cómo es este dispositivo exactamente?
Pensamos en el teléfono móvil Motorola i455 porque cuesta menos de 30 dólares—lo puedes conseguir aún más barato por Internet—e incluye una aplicación GPS gratuita. Pudimos crackear el sistema operativo y agregarle un sistema de navegación similar a una brújula. Además pudimos agregar información: dónde encontrar agua provista por los Border Angels, dónde encontrar centros de ayuda cuáqueros donde poder vendarte los pies, averiguar cuán lejos te encuentras de la carretera… Cosas que en verdad beneficien a los individuos que cruzan la frontera.


Chris Head y Elle Mehrmand, dos de los estudiantes graduados de la UCSD que ayudaron a desarrollar el teléfono gratuito con Brett Stalbaum, instalan un sistema Skype en un teléfono prepago antes de dejarlo en Tijuana. Más tarde dirigirán a los inmigrantes deportados hacia el teléfono con letreros hechos a mano. (Foto de Micha Cardenaz)

¿Cuándo estará disponible para el público?
Nos encontramos al final de la etapa alfa, así que, en términos de tecnología, el siguiente nivel es el más difícil: conectarnos con comunidades al sur de la frontera, ONGs, iglesias o cualquier otra comunidad que ayude a las personas que se preparan para cruzar. ¿Cómo los entrenamos para usarlo? ¿Cuál es la metodología apropiada? Esos serán los detalles y elementos difíciles, por decirlo así, de los aspectos sociológicos a considerar en este proyecto.

¿No te preocupa que el proyecto genere milicias anti-inmigración?
Una de las primeras cosas que hicimos en BANG Lab fue interferir con el proyecto Minuteman en 2005. Estaban bastante cabreados no sólo porque cometiéramos acciones públicas en contra de ellos, sino también porque el Calit2 y la Universidad de California nos apoyaban. Son bastante conscientes de quiénes somos y qué hacemos. Una vez tengan conocimiento total de la Herramienta del Inmigrante Transfronterizo—y somos bastante transparentes al respecto—, estoy seguro de que se mostrarán muy críticos.

Es una manera de decirlo. Suena como si fueras la peor pesadilla para ellos.
Imagino que no se pondrán muy contentos. Pero, insisto, nosotros no nos escondemos. La nuestra es una herramienta de seguridad. No la desarrollamos para resolver las ansiedades políticas de estas comunidades o resolver lo inadecuada que resulta una frontera ficticia para la llamada comunidad del mercado libre. No, no intentamos ofrecer soluciones políticas sino una herramienta que salve las vidas de muchos inmigrantes. Eso, básicamente, es lo que intentamos hacer.

¿Cómo son los otros proyectos en los que trabajas?
Tenemos un laboratorio y estamos trabajando en aplicaciones similares, usando nanotecnología y laboratorios donde instruyen a los investigadores sobre desobediencia civil electrónica y tecnologías de disturbios de frontera. Por citar un ejemplo, recientemente uno de nuestros colaboradores desarrolló un teléfono prepago que se conecta a un sistema Skype gratuito. Cuando Seguridad Nacional deporta a los trabajadores mexicanos y los deja en la frontera, ellos (los trabajadores mexicanos) podrán usar el teléfono para hablar con su casa o donde ellos quieran. Todo está interconectado, desde el Critical Art Ensemble a los disturbios electrónicos y de ahí a mi trabajo a día de hoy en el BANG Lab. Todo pertenece a la misma matriz de investigación y desarrollo, que ha sido bastante fructífera en formas bastante insospechadas.

¿Alguna vez te has dicho a ti mismo: “Vaya, no puedo creer que el trabajo de mi vida haya pasado de ser algo por lo que el gobierno se puso de los nervios a una legítima carrera académica”?
Alguna vez, sí. No estoy seguro de cómo interpretarlo, pero he recibido un cargo. Soy profesor asociado, algo completamente inesperado teniendo en cuenta el trabajo que he venido realizando durante años. Supongo que uno puede decir: “Bueno, algo extraño está sucediendo y no sé exactamente qué es”. Pero espero que haya un cambio a mejor respecto a cómo pensamos en la frontera y en las comunidades fuera de nuestras propias zonas. No se trata de quitar o alterar las fronteras; se trata de abrir nuevas formas de comunicación y entendimiento.

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