Cómics

Gabriel Corbera. Something Weird

Por Rubén Lardín

Los fanzines nos ponen magníficos por razones variadas, así que, aunque no les hacemos falta, ya es hora de ir dándoles pábulo para que la escena se mantenga musculada y vosotros, lectores de este lugar de tendencias, sepáis dónde está la mandanga buena que adquirir.

En ese formato de publicación desinteresada, Gabriel Corbera, ilustrador refulgente e historietista de fábula, acaba de sacarse de la manga Monday Suicide, una somera recopilación de tiras cómicas y de humor muy extrañado al que nos cuesta encontrarle referentes y paisanos. Una cosa diferente a todo.

VICE: Monday Suicide es en primer lugar un webcomic y ahora un fanzine editado en los USA. ¿Esto cómo va?

Gabriel Corbera: El procedimiento ha respondido básicamente a las circunstancias. Nació como webcomic para sacar tajada de las ventajas que la red procura, que no son despreciables. Con un puñado de páginas puedes adquirir cierta notoriedad, siempre y cuando encuentres el canal adecuado para tu trabajo. Incluso puedes mantener la atención de unos pocos si le sacas lustro y te das por insatisfecho. Internet es una ganga en ese sentido. También es pura fantasía, porque cuando tratas de traer sus rentas al mundo real, se convierten en ceniza. El objeto insalvable sigue siendo el mismo de toda la vida. Ahí casi todo es gratis, y aquí, fuera de la pantalla, guardamos la calderilla para menesteres de mayor calado.

El webcomic no es más que la respuesta contemporánea a las tiras de prensa clásica. Que hoy por hoy parece haber quedado relegada al campo de la sátira político-social. No imagino, sin embargo, que Monday Suicide vaya a prolongarse en el tiempo al estilo de Nancy, Peanuts o Captain Easy. No soy un nostálgico, así que no veo la necesidad de ceñirme a las condiciones que habitualmente asociamos a la comic strip de toda la vida. Mi idea inicial siempre ha sido elaborar una serie de tiras, reunirlas en volúmenes como éste y después, a saber. Quise autoeditármelo, pero el dinero no alcanzaba, así que improvisé un poco y lo saqué de paseo. No me dio tiempo a pasar de la segunda puerta. La hospitalidad de Mack Pauly (el editor de Space Face Books) fue sorprendentemente rápida y generosa.

Tus historietas son chutes de tono y fabulosas anécdotas argumentales extirpadas de quién sabe donde.

La cosa es que yo le tengo un apego desmedido a la idea y trato de conservarla tan genuina como resulte posible, aunque sea a costa del propio lector y de mí mismo. Prefiero un pájaro volando libre en la distancia que uno perfectamente reconocible en su jaula.

¿Entiendo entonces que partes de la exaltación creativa?

No exactamente. Sí dibujo directamente en la página, apenas hago bocetos. Incluso se podría decir que nunca los hago y sería una mentira noble acariciando la verdad. Pero por eso mismo lo pienso mucho antes de ponerme a la faena. Es un pensar lento, perezoso. Un poquito mientras como, otro tanto durante el paseo o cuando pierdo el hilo de la película que estaba viendo. Y una vez metido en ella, voy corrigiendo sobre la marcha. Hay mucho blanco sobre negro y mucha poda, también. En la tarea nos vamos encontrando, la idea y yo, para acabar relegado a un segundo plano. El proceso es fundamental y dejo que el azar intervenga en él tanto como me lo permitan mis expectativas. Se convierte en "una experiencia de la no-intención", como diría John Cage. Si al final encuentro indicios de humor en el resultado final, lo doy por bueno.

¿Te has planteado escribir algo de largo formato? Yo te conmino.

No puedo negar que he pensado en ello. Incluso tengo una historia en barbecho a la que le veo posibilidades. Pero me van las distancias cortas y simpatizo más con lo estático/espacial que con lo narrativo/temporal. Recelo de la narración en compás prolongado sin poder evitarlo, un poco porque me aburre, y porque le veo el cartón a todo el entramado, las costuras. A mí el artificio me gusta sin disimulos.

¿Cuál es tu formación? ¿En qué momento lo dejas todo por esto?

Un par de años en una escuela de ilustración, otro par en una de cómic y salí quemando espuela como alma que lleva el diablo para caer en un periplo de tres lustros jalonado con fábricas, almacenes y construcción y viéndome obligado a encontrar vestigios de hombría improvisada para disimular mis flaquezas entre tanto varón cerril y carajillero. Algo para lo que he sido siempre bastante torpe. Así que volví al ruedo, porque quince años de cualquier cosa, salvo honrosas excepciones, son demasiada cosa, ¿no te parece?

Quince años no son nada y pasan volando, pero en el infierno se hacen cuesta arriba, esto es así. Ahora te mueves entre la ilustración y el cómic pero evitas la publicidad, ¿es que vives de las rentas, maripili?

Me muevo entre el querer vivir y el tener que hacerlo. Vaya por delante que la ilustración es la buscona de las artes plásticas y que, en la práctica, olvida al artista en la penosa tarea de camelarse a quien la quiera. Y al final acabas vendiendo algo con ella. Es algo a lo que no vale la pena oponer resistencia si pretendes vivir de ello. Pero hay productos y subproductos. Yo de la publicidad echo pestes, como no podía ser de otra manera. Y afortunadamente la ilustración presenta un extenso abanico de posibilidades. O presentaba. Ahora vivo casi del milagro,  y del afecto de aquellos que me toleran. De eso y del dinero que encuentro tirado en las aceras.

Tu ilustración es muy conceptual y diría que muy confiada en las aptitudes del “lector”…

Al lector le doy la consideración que merece, que es la justa. Y mi ilustración le anda a la zaga. Pero mentiría si no te dijera que me la tomo muy a pecho en más ocasiones de las que me gusta reconocer. Es lo que tiene el oficio. Y en este campo, como en cualquier otro, si no lo das todo, estás apañado. Yo quito porque poner por poner es tontería, sin otra filosofía que la ampare,  y así he llegado a mi estilo, que es algo que no se escoge, sino de lo que eres víctima.

A mí me gustaría dibujar y pintar como Jerry Moriarty, pero me veo tirando tangentes e imaginándomelas sofisticadas. Pero mi religión es sólo mía, y tanto me da un discurso barroco como otro funcionando con álgebra computerizada. A la ilustración trato de sacarle rendimiento, básicamente, pero en ella encontrarás parte de lo que soy, porque no somos sólo máquinas y me falta la chaladura necesaria como para arrinconarla. Mi dibujo aplicado al cómic gana enteros, claro. Pero es que allí le pierde el gusto a eso de agradar y no repara en caprichos. El cómic no da dinero, convirtámoslo en una fiesta.

¿Dónde se encuentra ahora la vanguardia?

En algún lugar del siglo XX, me imagino. Tiramos con la retórica de la reformulación en nuestros días. Movemos conceptos e ideas genuinas de un medio y los trasladamos a otro. Pero a grandes rasgos diría que la voluntad vanguardista sigue siendo la misma que la del siglo vecino, manipular el caos en lugar de ordenarlo. A mí me está bien, no me quejo. Es que es un pasado muy pesado el que arrastramos y lo mismo nos trata con indiferencia cuando lo miramos de cara. Y está además toda esa información, muchas veces barullo trivial, que nos llega sin esperar a ser engullida. Si no da tiempo a tomarse un café, imagínate poner un urinario del revés. Nos queda el inconformismo, y a eso vamos. Pero no está todo inventado. No seamos tan obtusos.

El fanzine Monday Suicide se puede pillar en librerías bien surtidas o directamente aquí.
A Gabriel Corbera se le encuentra en estas coordenadas:

mondaysuicide.tumblr.com/

gabrielcorbera.tumblr.com/

cargocollective.com/gabrielcorbera
 

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