GRINDR VS BRENDA

Por SEXtherminia Dorada

Mucha liberación de la mujer, mucha igualdad y mucha leche, pero hay algo en lo que los hombres siguen siendo infinitamente superiores: su facilidad para tener sexo sin complicaciones. No podía evitar ponerme verde de envidia cuando al hablar con “Vent”, un amigo gay, me contaba sus últimos escarceos sacados de la meca del sexo rápido, esa aplicación móvil llamada Grindr. Para l@s puritan@s, Grindr es una aplicación que rastrea y te informa de los interesados que puedan buscar lo mismo que tú, o no, en un radio de x metros, con fotos y todo lujo de detalles, además de contar con un chat interno de lo más entretenido. Fue entonces cuando pensé que quizás la verdadera liberación sexual de las féminas, pudiera llegar de la mano de un invento como este. Sin pensarlo dos veces y tras ser asesorada por la señorita “N”, me puse a manos a la obra, y me descargué Brenda, o lo que es lo mismo, la versión bollera de Grindr.

El sábado noche quedé con “Vent” y durante una hora, tratamos de quedar con peña para echar un casquete divertido. ¿Nos llevaríamos una sorpresa?

 

 

Método empírico: en busca de la verdad en 4 sencillos pasos:

 

Paso 1- Hacerse una cuenta, típica pero calentorra, con un nick hortera: Lorraine Angel Dust. Done!

 

 

Paso 2) Familiarizarse con la aplicación: Descubrir con horror que la aplicación para chicas funciona mucho peor que la de los chicos y es mucho más incómoda de manejar. ¡Sorpresa! No todos los perfiles eran de señoras de 50 años, había niñas monas. 

 

Paso 3) Aguantar los tópicos: Choni con novio, busca chica para montarse un trío “porque quieren tener experiencias lésbicas” o la segunda variante, un perfil de tío, tratando de comerse un rosco en una web de bolleras. Decadente es la palabra.

 

Paso 4) Sábado, 00:00hrs, “Vent” llega a mi casa armado con su iPhone. Sincronizamos relojes, nos ponemos unos copazos y empezamos a entrar al personal:

 

Tardan un poco en contestar, pero en seguida veo como “Vent” teclea a toda velocidad. Mal empezamos...

 

 

¿Perdona? No llevábamos ni 15 minutos y “Vent” contaba ya con una foto de un buen nardo en su poder, y yo de mientras lidiando con una que decía que era nueva en estos lares y me daba esquinazo.

 

 

Pero no desistía y lo volvía a intentar, mientras soltaba de nuevo mi rollo, “tengo una botella de vino”. Vuelta a empezar con el palique.

 

 

Completamente desmotivada, veía como “Vent” cerraba su cita. Es más, hablaba de lo de moda que está el popper o el bareback (hacerlo a pelo).

 

Para colmo de males, comenzó a explicarme que a partir de las 5, todo iba con coca y que siempre podías dejarte invitar. Para una que estaba por la labor, tenía que trabajar. Bueno, menos es nada...

 
 

“Vent” seguía a lo suyo mientras rezongaba algo así como “¿Y este Tamagotchi que mide 1.69 y va de guay?” Se estaba haciendo a otro...

 

 

Más tarde, después de un poco de conversación y una sutil foto, la primera víctima caía en mis redes.

 

 

La hora llegaba a su fin y las puntuaciones quedaban de esta manera:

 

                                                    Vent / Grindr              Sexther / Brenda

 

 

Número de intentos                            10                               10                                                   

 

Número de interacciones                    5                                 5

 

Conversaciones guarras                     5                                 2

 

Fotos genitales / tetas                         3                                 1

 

Número de citas calientes                   4                                 1

 

Impresiones                                        ¡Wow!                         ¡Buuu!

 
 

Lo más humillante de todo era la rapidez con la que “Vent” lo conseguía y ver cómo desde el primer momento hablaba de sexo sin cortarse un pelo mientras que yo tenía que andar vendiendo “romanticismos” vía chat. Vamos a ver, te instalas una aplicación para ligar con geolocalización y resulta que lo usas solo para hablar con gente. ¿Os podéis hacer una idea de la cantidad de estrechonas que tuve que soportar? “No, es que soy nueva por aquí...”, “Es que estoy sola y me da miedo”, “Me apetece pero me da cosa...” Y esto es completamente extensible a las heteros. Me pregunto por qué las tías somos tan cansinas para estas cosas. ¿Qué nos impide reconocer que estamos más calientes que unas monas? ¿Será que aún ronda por ahí eso de llegar virgen al matrimonio? Es más, ¿será verdad la idea de que si has ido a un colegio de monjas sales mucho más puta? Yo fui a uno...

 

Animáos, guarread utilizando vuestros teléfonos. Follaréis más. Ahí lo dejo.

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