Cultura

Cómo montárselo guay en la universidad

By VICE Staff, ilustraciones de Elena Gallén

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¡El verano se acabó! El muy venerable el ejercicio de autoengaño que todo el mundo hace estos días rehuye la triste realidad de que ya estamos en la última semana de agosto. Es la típica semana en la que no paras de recordarte a ti mismo que aún quedan días de asueto y fiesta, que podrás armarla muy fuerte. Que aún te quedan los mejores días del verano. Mentira todo. Nosotros estamos aquí para ayudarte a aceptarlo y, como nuestro público potencial son jóvenes de entre dieciocho y veintimuchos (o algo así), la gente moderna y los pervertidos, nos hemos puesto en plan hermano mayor con los que vuelven a las aulas, o lo hacen por vez primera (angelitos). Aquí están alguna claves para petarlo en los años de universidad. Echa un ojo a las luces y sombras de los mejores años de tu vida separados meticulosamente en términos de la A a la Z.

 

ABORTO: No vamos a mentirte. Cuanto antes lo sepas, mejor: la primera visita a la clínica para que a tu tronca le practiquen un aborto es muy jodida. Mucho. Pero has de afrontarlo como un hombre, lo que se supone que eres. ¿O no? No te engañes a ti mismo pensando que a lo mejor ella quiere tener el niño: las mujeres tienen en la cabeza una lista de los requisitos genéticos que su retoño debe cumplir, y ten por seguro que los genes del padre (o sea, tú), un tipo con peinado a la moda con quien se enrolló porque estaba borracha (y para ponerle los cuernos al cabrón de su novio, el de Zaragoza), no auguran el metro noventa, los ojos azules y el pelo rubio. No le ofrezcas una habitación en casa de tus padres y toda una vida de pesados trabajos domésticos, porque te arrancará un ojo. Llévala a ver al médico, dale dinero si lo necesita y no dejes de abrazarla cuando más tarde se desmorone recordando el horrible ruido de succión que hacía la máquina.

BISEXUAL: En estos años todo quisque anda recolocando hormonas y forjando sus tendencias sexuales. No son extraños los casos de chicas que durante el segundo año empiezan a leer a Anais Nin y, después de una movidita noche de MDMA con su mejor amiga, coquetean con el lesbianismo una temporadita. Aunque luego muchas se casen con el novio de toda la vida del pueblo. Algunos tíos dan a entender que son bisexuales solo para caer mejor a las chicas (por qué un salido “bi” cae major que un salido hetero es un insondable misterio, y una putada). También suele dar resultados lo de ir de falso gay para que las chicas pánfilas encajen con una sonrisa expresiones y manoseos que viniendo de un hetero no merecerían más que un tortazo, o despertar en ellas el morbo de ser la chica que consiguió seducir al gay. Eso sí, los true gays te olerán a la legua, te odiarán con todo su alma y quizá aprovechen tu más ligero desfacellicimiento en su sofá para darte cuello de pavo. Y te estará bien empleado.

COLEGAS: Tu elección de amistades durante la época estudiantil determinará el tipo de persona que serás el resto de tu vida, así que procura no cagarla. Hay que escoger gente versátil: tener amigos fiesteros, borrachuzos y drogatas está muy bien, siempre y cuando su conversación no empiece y acabe en el fútbol o la ketamina. Si te acabas decidiendo por los fiesteros facción paleolítica, no te quejes cuando se presenten sin avisar en tu casa a las 4 de la mañana, cayéndose por las escaleras y vomitando en la alfombra detrás del sofá, allí donde nunca te acuerdas de pasar la escoba. También has de tener muy presente la necesidad de alejarte de esos tíos que parece que lo saben todo. Han vivido en el pueblo toda su vida, están preternaturalmente apegados a sus madres y han perfeccionado el arte de depertar en ti ideas suicidas si alguna vez se te ocurre contradecirles.

DROGAS (LOS PORROS, CONCRETAMENTE): Las droguillas pueden ser divertidas, pero tienen una parte chunga que los padres y los grupos prohibicionistas no suelen mencionar. Nos referimos a ese horrible submundo, siempre a la vuelta de la esquina, de pósters de Bob Marley, pantalones perroflauta y bolsas de la compra de tela tope sostenibles. Por supuesto, es perfectamente posible que tras cinco años fumando canutos sin parar tu mente haya sido sustituida por la de un paranoico con volutas de humo interconectando las neuronas, algo que hace imposible expresarte con claridad o relacionarte con el prójimo, pero como esto sólo les sucede a dos de cada diez consumidores habituales de cannabis, no es algo que deba preocuparte mucho.


EXÁMENES: Todo quisque es único y especial a los ojos de Dios, y algo hay en lo que no se equivoca: todo quisque tiene su método particular de repasar los apuntes. Esto significa que no tendrías que molestarte en robar los de la pija esa que toma notas de forma inmaculada y carga con un plumier de tres pisos. Probablemente no te sirvan. Como regla general, no deberías iniciar una nueva relación tres semanas antes de un examen importante: que te despierten en mitad de la noche para echar un casquete pone del revés hasta el plan de estudios mejor organizado. Por cierto... Lo que las guías estudiantiles llaman “mantener un equilibrio entre el trabajo y el relax” –es decir, fumar como un carretero, tener ataques de ansiedad e irse a tomar “una copita rápida”–, ¿no es un eufemismo de “no dar palo al agua”?



FILOSOFÍA: No hay un sólo estudiante de filosofía que no sea un buen chico, o que al menos dé esa impresión. No tenemos ni idea de qué extrañas propiedades posee esta carrera para que quienes la siguen desarrollen tan extraño aura, una especie de autoconfianza enorme pero sin arrogancia. Si se les pudiera extraer la sangre y venderla embotellada nos haríamos ricos; lo malo es que seríamos también terriblemente infelices por razones inmanentes y metafísicas. Y los muy bastardos nos señalarían con el dedo en su lecho de muerte, sin aclarar –no son tan presumidos– que nos están brindando un ejemplo práctico de las enseñanzas de Platón sobre la ética.

GAY (EL AMIGO GAY): ¿Cuándo fue la última vez que viste a un tío gay apestando y volviéndose a poner la misma ropa del día anterior unos diez minutos después de la hora a la que se supone que entra en el curro? Nunca lo has visto. Ni lo verás. Tu nuevo mejor amigo gay de la uni se despertará a la hora y subrayará con tres Staedler Topstars distintos las lecturas obligatorias y añadirá útiles notas en montones de post-its, que luego tú podrás copiar en tus ratos libres. Eso sí, a cambio, tendrás que salir con él con periodicidad quincenal y encajar largas disertaciones sobre los personajes de Gossip Girl. Nada de esto se puede aplicar a las Mariliendres que veas florecer en estos años. Ni agua, a esas infelices.

HERPES: ¿Sabes ese grano que parece acné, pero no lo es, pero lo parece, y que le sale a tu colega siempre que llega el frío o tras un finde agitado (por ejemplo, 2 gramos de speed, 3 pastillas y una orgía con la estudiante de intercambio francesa, sus dos mejores amigos y esa chica rubia que parece sueca pero en realidad es búlgara)? Bueno, eso es nada más y nada menos que herpes. Sí, y lo más probable es que tú también lo tengas durante tus años en a causa de un mísero morreo entre clases. Así que siéntete afortunado de haber conseguido algo durante tus años de carrera que recordarás con mucho más cariño que la Física Cuántica, la poesía de Sappho o la trigonometría.

INGLÉS: Si todavía te cuesta decir “Hello, my name is...” o “Where is the toilet?” tienes un problema. No, un problemón. Es absolutamente necesario aprender inglés durante estos años. Olvida el hecho de que en Espein sólo el 0.87% de la población lo sepa hablar, y que a los que lo saben “les da palo hablarlo”. La realidad es que si lo aprendes podrás follarte fácilmente a todas las Erasmus que vienen buscando paella, sangría y rabo a España. Así que now, repeat after me; “Hello my name is.... where is the bathroom? Do you want to fuck?”

KETAMINA: La verdad es que no sabemos mucho del tema, excepto que es una droga muy chunga. Y que los amigos que fueron a Londres hace unos años y se lanzaron a sus brazos están todos apollardaos. Esta droga pertenece a las clínicas de veterinarios y a la onda rave de los años noventa. Y se nos ocurren mil ideas mejor que viajar al limbo de los caballos. A no ser que quieras cepillarte a una yegua.

LIMPIEZA (CHICA DE LA): Es la primera vez que dejas tu casa y te sientes como si pudieras con todo. Cruzas la calle con el semáforo en rojo, has memorizado tu número de móvil, ¡y hasta te atas tú solito los cordones de los zapatos! Con esta descubierta invencibilidad, lo de ponerte a limpiar el piso será para ti como una fresca brisa caribeña en un despejado día de sol, ¿a que sí? Pues no. No puede serlo. No eres capaz. Una semana viviendo con otros estudiantes y habrá un charco de lodo negruzco en la parte inferior de la nevera de varios centímetros de profundidad, una capa de grasa en cazos y sartenes digna de un vertido petrolífero, y los platos sucios de todos apilados al lado del fregadero, como en la escena del restaurante italiano de La Dama y el Vagabundo. Mira, hazte un favor y paga a una mujer de la limpieza para que se pase una vez a la semana. Por diez euros la hora tu vida mejorará un 210%.

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