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Harry Benson - Parte 1
ENTREVISTA DE JESSE PEARSON
RETRATO DE ROE ETHRIDGE
Benson también ha tomado fotos en situaciones increíblemente peligrosas; por ejemplo, en Bosnia, en plena guerra, y en Irak, durante la primera guerra del Golfo. Estuvo trabajando in situ entre los paramilitares del IRA mucho antes de que existiera el concepto mismo de periodismo de trincheras. Pero Harry, no lo olvidemos, es además un maestro retratando personajes famosos. Ha producido para People y Vanity Fair algunas de las imágenes más cálidas jamás hechas de celebridades que, por lo general, suelen parecer marqueses en las fotos. Siempre habrá algo espontáneo, divertido y fuera de lo común si es Harry Benson quien maneja la cámara. No es una exageración afirmar que se trata de uno de los fotógrafos más importantes de los últimos 50 años. Recientemente nos citamos con él en su apartamento del Upper East Side. Benson habla con un ligera acento escocés y dice, “You know what I mean?” de esa manera tan característica de los escoceses. Su mujer y mejor amiga, Gigi, sirve amablemente té en tazas con el logo de Penguin Books mientras Harry nos explica historias sobre su vida y su carrera. |
Vice: ¿Cómo decide qué encargos acepta o rechaza?
Harry Benson: Siempre he aceptado cualquier mierda que me llegue. Uno nunca sabe lo que se va encontrar a menos que salga por la puerta.
Tampoco parece tener manías en cuanto al tipo de fotografía que hace. En su trabajo encontramos lujosos retratos de famosos y crudo fotoperiodismo en similar medida.
Nunca he sido un fotógrafo especializado. Ahora bien, nunca me he dedicado a la publicidad.
Debe ser lo único que no ha hecho. ¿A qué se debe?
Porque me aburre. Me gusta la idea de no tener expectativas cuando voy a un sitio, ¿sabes a lo que me refiero? ¿Crees que tiene sentido?
Definitivamente lo tiene. También me preguntaba cuán sería la proporción en su trabajo entre encargos y cosas que usted mismo ha querido hacer.
Bueno, esto es algo que siempre me ha resultado difícil, y ahora estoy hablando como un político, siempre he encontrado difícil fotografiar por diversión. Debo hacerlo movido por la rabia, es decir, que he de tener un propósito concreto. Yo no podría irme a pasear por New York sólo para tomar unas fotos. Pero si tengo un encargo puedo hacer tabla rasa y concentrarme en las imágenes. Uno no se mete en una pelea a menos que la esté buscando.
Eso significa que le gusta la sensación de estar en una misión, algo inherente a cualquier encargo.
A diferencia de Cartier-Bresson, por poner un ejemplo. Las cosas que fotografiaba sucedían porque tenían que suceder.
Sí, era como si saliera a la calle a esperar el momento exacto.
Eso no ocurre conmigo.
Es sorprendente que me hable de rabia. Sus retratos son siempre muy considerados hacia la persona fotografiada.
Cuando digo “rabia” me refiero a concentración. Cuando tenía que fotografiar famosos la sesión siempre salía mejor si me sentía un poco nervioso o incómodo. Me aproximaba a ellos tanto como podía y no podía importarme menos lo que después pensaran de mí. Dicho esto, muy pocas de mis fotos han servido para desacreditor a nadie. No me salgo de mi camino para herir al prójimo.

Nancy y Ronald Reagan. La Casa Blanca, Washington, DC, 1985

Hillary y Bill Clinton. Little Rock, Arkansas, 1992
Oh, no, no intenta que la gente parezca grotesca. Más bien al contrario.
Hace poco tuve ocasión de ver un primer plano de Condoleezza Rice en el que se apreciaba hasta la última erupción cutánea. Una foto tramposa. Esa era una foto realmente tramposa.
Estoy de acuerdo.
Eso no es jugar limpio. Es como sacar una foto de Richard Nixon en la que detrás, sin que él se diese cuenta, hubiera un cartel que dijera “El mayor perdedor de todos los tiempos”.
Usted ha fotografiado fotógrafos de todas partes y a todos los ha tratado con igual respeto desde el punto de vista estético. ¿Debe dejar de lado sus preferencias políticas para hacer eso?
He fotografiado a todos y cada uno de los presidentes americanos desde Eisenhower, y jamás he dejado mis opiniones políticas al margen. Yo diría que es más sencillo trabajar con los republicanos que con los demócratas. Los republicanos no se andan con tantas triquiñuelas. Los demócratas tienen inclinación a mentirte. Con excepción de Clinton, cuando tenía que entrevistar a un presidente demócrata en la Casa Blanca siempre se encargaban de que allí hubiera también un fotógrafo oficial todo el tiempo. Clinton, por el contrario, prescindía de ellos en cuanto entraba en la habitación. Ahora bien, era mucho más fácil trabajar con Reagan y Nixon.
¿Eran más directos?
Tenían buenos modales. La gente a su alrededor también los tenía. Eso es importante, ¿sabes?
¿Hubo algún presidente especialmente difícil de fotografiar?
Jimmy Carter. Pero nunca me impidió hacer lo que yo quería. He de aclarar que, aunque admita que era más fácil trabajar con los republicanos, mis opiniones políticas tienen más que ver con las de los demócratas.

Miembros deI IRA. Irlanda del Norte, 1985
¿Qué puede decirme de cuando se fue a fotografiar a los paramilitares del IRA en Belfast en los años 80?
Que había que andarse con cuidado.
Eso me parece quedarse corto.
Eran gente peligrosa, pero yo no tenía miedo. Más me preocupaban los británicos.
¿Se refiere a lo que podría haberle pasado si los soldados británicos le hubieran detenido mientras estaba con los miembros del IRA?
Eso es. Cuando estaba de maniobras con el IRA me dijeron que si me cogían, me ejecutarían. No se preocupaban de encarcelarte, te pegaban un tiro sin más. Una noche, una patrulla británica pasó cerca de nosotros y tuvimos que escondernos en una charca de lodo.
Muchas de esas fotografías aparecieron en la revista Life. Me encanta la foto en que unos soldados del IRA posan apuntando un arma a la cabeza de un hombre con una máscara del príncipe Carlos.
Una vez terminé el encargo empecé a recibir llamadas de la CIA y de los británicos. Querían que hablara con ellos. Yo les dije, “¡Ustedes deben pensar que no estoy en mis cabales! ¿Realmente creen que voy a ir a hablarles del IRA?” De hacer eso seguro que los del IRA no iban a enviarme una tarjeta de felicitación navideña precisamente, ya sabes a qué me refiero. Y además fue interesante conocerles, porque sirvió para darme cuenta de que era imposible saber quién era miembro del IRA y quién no. Podía ser cualquiera.

Miembro del IRA fabricando una bomba. Belfast, 1985
Es fascinante esa foto suya de un miembro del IRA fabricando una bomba. En una típica casa de Belfast sin más camuflaje que unas cortinas.
Justo en el corazón de Belfast. Una bomba de verdad. Podías olerla. De hecho, comenzabas a percibir su olor acre a 20 yardas de distancia. Yo no podía entenderlo. Las patrullas británicas siempre estaban rondando, y si yo podía olerla, ¿cómo no iba a poder un perro?
¿Trabó amistad con los del IRA mientras estuvo con ellos?
Claro. Se despojaban de sus máscaras y tomábamos té. Allí estábamos, en sus escondites, preparando unos huevos con bacon… Lo pasé bien.
Pero fueron tiempos brutales.
Brutales, sí. Terribles. Yo creo que el 9/11 tuvo mucho que ver a ponerles fin. Ser terrorista dejó de ser chic, especialmente en occidente. Y dejaron de recibir ayuda de Boston.
¿Hubo algún encargo en particular que le produjese una clara sensación de peligro?
Lo más duro sucedió cuando trabajaba para el London Daily Express. Había un lord… No, no era un lord, sino un duque. Se iba a casar con una mujer de la limpieza.
CONTINUED
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