Cultura
Buenos días, pecadores… con Warren Ellis

Foto de Ellen Rogers
Bienvenidos a la nueva columna semanal de Warren Ellis, autor galardonado de cómics y novelas y guionista de televisión. Esta columna tratará las noticias del día a día enfocándolas desde una visión del futuro que es nada menos que un 99% acertada.
Buenos días, pecadores #1 – Imprime tu propio pene
En algún lugar, en uno de esos bunkers de oro del 1%, un anciano que caga dinero esta urdiendo un plan para imprimirse una picha nueva. Tal vez una que hasta lleve cámaras incorporadas, y quizás hasta un arma.
Las impresiones en 3D ya no son ninguna novedad sino que además, la técnica mejora cada día que pasa. El otro día estuve hablando con un tío que trabaja en un estudio muy famoso de efectos especiales y me dijo que ahora ya pueden imprimir incluso coches. Uno de sus magos pilló una impresora 3D estándar (que es una cosa que se parece a una máquina panificadora un poco chunga), me mostró cómo funcionaba y luego la usó para imprimir las partes de una impresora 3D mucho más grande, la cual luego usó para imprimir un coche, que se usaría como decorado para películas.
Por otro lado, las impresoras 3D caseras, como por ejemplo la Makerbot Replicator ahora cuestan 12.000 libras y pueden imprimir mogollón de objetos diferentes. Ya es un comienzo. (Recientemente han usado una máquina más barata, la Stratasys, para imprimir un arma, así que figúrate).
Ese comienzo hizo que un montón de gente empezase a pensar en qué leches más podría imprimirse. Desde los años 80, la NASA ha estado desarrollando algo que ellos llaman “biorreactor”, con la intención de proporcionar a los astronautas que realizarán largos viajes la posibilidad de realizar injertos de piel y hueso a bordo mediante la clonación y el cultivo del tejido. Esto ha evolucionado hasta la idea de empezar a imprimir carne, la cual sería carne ética puesto que no tiene que morir ningún animal para obtenerla. Sin embargo, un inconveniente sería que la carne obtenida mediante cultivos de microorganismos suele tener un montón de fibras y problemas de textura: no viene de un animal vivo que se haya movido y haya segregado fluidos, así que está como atrofiada y asquerosa, y tendrá que ser “ejercitada” mediante sistemas mecánicos o terapia electroconvulsiva. Un buen filete impreso habrá convulsionado bajo tortura eléctrica cientos de veces antes de llegar a tu plato.
Para mí eso no supone un problema, soy un omnívoro que se muere de ganas de imprimirse unos ricos sándwiches de carne de delfín o de mastodonte. Sin embargo, entiendo la reticencia de aquellos que dejaron la carne por razones éticas a que les sirvan unas chuletas de cerdo hechas con algo que parece un instrumento de tortura y electrocutadas para su placer.
Después de los biorreactores y la carne impresa, el próximo paso, obviamente, es la impresión de órganos. En 2011, en el show TED, el Dr. Anthony Atala imprimió un riñón humano delante de toda la audiencia. Sin embargo, era un riñón que todavía estaba a años luz de poderse introducir en un cuerpo humano puesto que le faltaban todos los vasos sanguíneos que cualquier órgano humano requiere para su correcto funcionamiento. Un año después, el Institute of Technology de Massachussetts y la University of Pensylvania consiguieron imprimir la arquitectura circulatoria a partir de un molde de azúcar.
(Lo imprimieron con RepRap, una impresora casera de código abierto que parece un pequeño telar y que ellos consideran “una máquina autoreplicante”, y animaron a los dueños de dichas máquinas a usarlas primero para imprimir otra RepRap. Si enfocamos eso desde una perspectiva de futuro obtenemos lo que se conoce como Von Neuman Machines: sondas espaciales que aterrizan en otros planetas y lunas y usan los materiales disponibles en dichos lugares para imprimir y lanzar copias de si mismas. Un enjambre de impresoras).
Mientras tanto, en Harvard, un equipo de gente rarilla ha creado carne robótica biocompatible con el tejido humano y que puede acceder al sistema eléctrico del cuerpo. El cuerpo trataría entonces a los cuerpos adjuntos como órganos regidos por el sistema nervioso central. Una zona gris entre lo sintético y lo biológico.
Imagínate, en unos 20 ó 30 años, a un anciano ricachón en su último aliento despojándose de su pene y soltándolo para que deambule entre las estrellas, imprimiendo copias de sí mismo a partir de tierra lunar y minerales de asteroides, frotándose a sí mismo contra la cara del mismísimo cosmos.
El futuro se presenta bastante raro, pero probablemente es el futuro que os merecéis. Buenos días, pecadores.
Sigue a Warren en Twitter: @warrenellis






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