Las futuras películas de Iván Rodriguez

Por Jess Burton

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Iván Rodríguez es un viejo conocido nuestro, y un hombre cuya labor artística tiene tantas caras como un dado. Además de dinámico cronista de la escena skate y apasionado de la música, Iván es un formidable fotógrafo, cosa que ya sabíamos, y escritor de ficción, cosa que todavía no. Estos días aúna estas dos últimas facetas en una exposición fotográfica titulada The News of Today Will Be the Movies of Tomorrow en la que además ha presentado su primer volumen de relatos. Huelga decir que era de rigor pasarse por ahí y charlar con Iván un rato.

Vice: Lo de esta expo es una selección de tu obra, que es más amplia. ¿Qué criterio has seguido a la hora de seleccionar?

Iván Rodríguez: Bueno, el título es bastante obvio. Cosas que pasan inadvertidas a nuestro alrededor pero, cuando te fijas, es como, ¡wow! ¿Qué está pasando? ¿En qué mundo vivimos? Las casas de armas, y otras cosas quizá más obvias... La selección está basada en eso, y también en el espacio disponible.

Sí, es un condicionante de peso.

Si me das más sitio traigo más.

Es decir, que el detalle que pasa desapercibido, tú tratas de inmortalizarlo para que los demás lo puedan ver.

Dicho así suena súper serio... Verás, yo trabajo en un camión de transportes, y paso mucho tiempo sentado en el asiento de copiloto recorriendo la ciudad. Siempre hay un montón de cosas que ves desde el camión durante un segundo, un microsegundo, y ya está, han ocurrido.

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¿Nunca te ha pasado eso de girar la cabeza, mirar por la ventanilla, ver algo curioso, olvidarlo al instante y después recordarlo de repente en mitad de la noche?

Hay momentos que son así. Ya que yo no soy el que conduce, pues cámara en mano y a tratar de captar el momento inesperado. También hago muchas dobles exposiciones, que es un poco como usar viñetas. Puedes contar una historia mezclando imágenes. Y es divertido, la verdad.

Como algunas películas de Ken Russell, pero en versión fotográfica.

Hombre, es un poco arriesgado decir algo así, pero no me voy a quejar.

 

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A juzgar por estas fotografías, pareces interesado en los ambientes, los entornos, el paisaje urbano, antes que en las personas.

Bueno, me interesan los dos; el problema es que, en cuanto sacas la cámara, la persona cambia. Y tratar de pillar siempre a la persona sin que ésta se entere supone sacrificar parte de la naturalidad. Ahora, si consigo que no se dé cuenta, que no haya una reacción, entonces no tengo ningún problema con fotografiar personas. Obviamente, los objetos que no se mueven no se quejan, ni cambian cuando te acercas con la cámara.

Tú estás en las antípodas de alguien como Annie Leibovitz, cuyas fotografías están tan meditadas y preparadas de antemano que no parecen vivas. Taxidermia fotográfica.

Puede ser divertido hacer eso, no digo que no, pero esta serie mía, concretamente, va de las cosas que están ahí, que te encuentras.

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Imagino que estas fotos las has hecho en varios países, durantes tus viajes, ¿no? ¿Cómo cambia, si es que cambia algo, esa percepción del instante en función del país en el que estás? Porque, evidentemente, Barcelona no es Nueva York, todas las ciudades difieren, la vida transcurre a otros ritmos.

Sí, hay diferencias. Para empezar, en Barcelona tienes que llevar la cámara atada con una cadena las 24 horas.

Buen apunte.

Y parece una chorrada, pero condiciona mucho el estar preparado todo el rato. Cuando la llevas sin preocupación, la tienes siempre lista; aquí siempre has de seguir una serie de procesos para que no desaparezca, o correr unos riesgos. Eso siempre va a condicionar cómo captas la situación.

¿Otro tipo de diferencias? La luz, por ejemplo. Y que en España la gente está en la calle todo el rato, así que siempre hay más gente en las fotos cuando capto cosas de aquí.

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¿Alguna vez has tratado de recrear un detalle absolutamente cojonudo que no tuviste tiempo de sacar la cámara y fotografiar?

Sí, y no ha funcionado. A veces salen cosas que molan, pero no tienen nada que ver con la idea original. Es como si esos momentos tuvieran una vida propia: si lo pillas, lo pillas, y si no, hasta luego.

Lo de las lágrimas en la lluvia y todo eso.

A veces haces tres veces la misma foto y suele ser la primera la que pasa el corte, aunque sea la menos perfecta.

¿Prefieres trabajar en analógico o en digital?

Esto es todo analógico, pero parece que el mundo me está obligando a pasarme al digital. Con esto de que ya no hay papel, y que muchos laboratorios se niegan a hacer determinados tamaños, pues al final... No es que odie o no odie el digital, no hay ninguna pelea, es sólo que me gustan los colores y las texturas de la fotografía analógica. En digital no las consigo.

Además de las fotografías que aquí expones, acabas de publicar un libro. Desconocía hasta hace poco tu faceta de escritor de ficción. ¿Desde cuándo la cultivas?

Siempre he escrito, hace ya casi nueve años que tengo una sección en la revista Dogway para la que escribo una historia de ficción. Los años pasan, tienes un montón de historias aparte de las que se publican, van saliendo, y al final piensas que todo eso debería reunirse, ponerle una portada, hacer algo que puedas poner en una estantería y enseñarle a los parientes. Así es, sin más. Después de darle algunas vueltas, y viendo que hoy en día es fácil autopublicar, no quise esperar más.

¿El objetivo era quitarse un peso de encima?

Ha sido un peso y quiero hacer más. Tengo tres o cuatro más planeados. Me ha gustado la experiencia, es más curro de lo que parece pero es muy divertido.

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Fotografía, relatos de ficción, artículos sobre deporte urbano... ¿Con qué faceta tuya te identificas más? ¿Dónde te encuentras como artista?

Uf. No sé. Éste es un problema al que llevo enfrentándome cierto tiempo. Últimamente estoy aprendiendo a decir que soy artista, pero no siempre sale. No sé, no soy capaz de definirme de alguna manera. Intento hacer lo que va saliendo, no me planteo demasiadas cosas. Unas cosas van llevando a otras, y cuando te quieres dar cuenta...

Tienes un cuerpo de trabajo acumulado que ni recordabas haber hecho.

Eso es.

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