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      Legalicen la marihuana en Chile

      May 14, 2013

      Por Ignacio Molina

      En Chile las leyes sobre la marihuana son confusas e imprecisas. El consumo es una falta (no un delito), pero aun así es sancionado y criminalizado. En Chile pueden multarte con 1 a 10 Unidades Tributarias Mensuales (1 UTM = 65€) en caso de ser la primera vez te que sorprendan fumando o con marihuana encima. A esto hay que sumarle asistencia obligatoria a sesiones de tratamiento y rehabilitación en instituciones designadas por el Servicio de Salud. Además de la suspensión de la licencia para conducir vehículos motorizados hasta por un máximo de seis meses. La producción a pequeña escala, claro, también es penalizada. Situación que, por supuesto, fomenta el narcotráfico.

      En otras palabras: la Ley Nº 20.000 (que es la que penaliza el consumo) tiene a los usuarios hasta los huevos. Y sobre la criminalización a los usuarios de marihuana en Chile, bien sabe Arturo Fernández. Él es el primer activista en Chile por la despenalización del cultivo y el consumo de marihuana. Se hace llamar Cogollo Larraín.




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      Estamos en los Entretenimientos Diana del barrio San Diego, matando la tarde en el salón principal de máquinas recreativas en Chile. Cogollo, de 46 años, rastas hasta la cintura, pantalón de buzo azul y  camiseta lila manchada con cloro. acaba de realizar un triple combo en Demolition Man, esa película de ciencia ficción donde actuaban Sylvester Stallone y Wesley Snipes.

      "Fumo marihuana desde los 14 años," cuenta mientras maniobra con el Pinball. "La primera vez fue en mi casa, un paquete con cogollos que se le olvidó a mi hermano mayor. Como tenía un amigo que sabía enrollar, aproveché para probarla. En esa época, además de fumar, pasaba mucho rato jugando a las maquinitas. Iba con mis compañeros desde el colegio y con dos fichas nos quedábamos toda la tarde. Levantábamos las máquinas para que la pelota cayera en los bonus y así nos permitiera seguir jugando. Eran buenos tiempos."



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      "El Macha", a quien se le atribuye la creación de la "nueva cumbia chilena”, fue el primer artista al que Cogollo escuchó hablar, sobre un escenario, con respecto a la despenalización de la marihuana. Fue en Teatro Caupolicán, 1994, en un concierto de La Floripondio. Un hecho que lo motivó a darle, años más tarde, al proyecto que ha dedicado su vida.

      En sus propias palabras: Cogollo fue pionero en el cultivo interior en Chile. Su libro Cogollo para un hermano (2001), recopilación de artículos y dibujos que le pasaron unos amigos, tenía como fin que los consumidores cultivaran en sus casas.  Se lo diseñaron unos conocidos y fue una edición independiente. Recuerda que las primeras copias las vendió en un stand dentro de un concierto en homenaje a Víctor Jara y donde tocaron “Sol y lluvia” (banda que siempre se ha desenvuelto al margen de los medios, reconocida por su resistencia a la dictadura de Augusto Pinochet) y Gondwana. El resto lo vendió en la calle y ferias artesanales.

      "El libro lo compró gente de todo tipo," dice. "Desde ancianos que querían calmar dolores reumáticos, pasando por oficinistas del Paseo Ahumada (la zona con mayor actividad comercial de Santiago y que se caracteriza por la presencia de vendedores ambulantes), hasta madres que querían hacer felices a sus hijos. Mi idea era generar cultura: armar un manual para el autocultivo y así los consumidores no tuviesen que comprar de forma clandestina".

      Cuando hablamos sobre los consejos encontrados en Cogollo para un hermano, dice que lo adecuado para el autocultivo, en el caso de interior, es tener una planta madre y hacer clones. Ahora, si se trata de exterior, señala que lo fundamental es que la tierra tiene que estar abonada. Para regar, tiene que ser de forma “natural y pura”. «No hay nada como las plantas regadas con agua de un valle», dice.




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      Nos subimos a Initial D Arcade Stage 5, un juego basado en un anime sobre carreras clandestinas en Japón. Cogollo elige un Civic SiR-II rojo. Yo un Mitsubishi Lancer Evolution VII amarillo. Mientras pisa fuerte el acelerador, dice, "Los chilenos son unos listos. Quieren sacar ventaja de todo. En esa época mucha gente mala quería joderme: me compraban calcomanías que yo diseñaba y después mandaban fabricar miles de camisetas, sin pagarme derechos. Varios personajes de las tiendas de Eurocentro (edificio epicentro de los freaks chilenos, alberga tiendas de cómics, anime, videojuegos, growshops) y Patronato (el barrio nº1 en cuanto a venta  de ropa, original y pirateada, a bajos precios) copiaron mis creaciones y se pusieron a vender sin permiso. Eso me cabreaba: estaban ganando dinero mi costa. Me sentía estafado".

      En una curva, Cogollo pierde el control del Civic y no consigue llegar al checkpoint: game over. Sigo en carrera, aferrado firme al volante. De fondo unas montañas, estoy derrapando el Lancer y Cogollo dice, "Recuerdo un diseño en especial: ‘Disfruta Cogollo’, con las letras de Coca-Cola. Lo han pirateado hasta la saciedad. Es gente no está interesada en la despenalización, sólo quieren lucrarse. Saben que hay un nicho comercial que abastecer: si lo llevamos a cifras, en Chile debe haber más de cinco millones de consumidores. Conozco el país de Arica a Punta Arenas y sé de gente que fuma todos los días. Por ejemplo, en los ochenta, con mis amigos hippies viajábamos en trenes de carga, hacia el sur. Éramos una tribu nómada enorme formada por jóvenes de todas las ciudades. Teníamos una onda súper pacífica: vendíamos artesanías y fumábamos durante todo el día. Ahora todo es comercio y corrupción: son todos narcos”.

      Le pregunto si alguna vez ha vendido marihuana. "No, nunca he vendido. Cuando he tenido mucha, le he regalado unos porros a mis amigos. Cuando paso por comunas del sur de Santiago (El Bosque, La Cisterna, San Ramón), veo casas y restaurantes de traficantes forrados con publicidad de candidatos de la derecha, de la UDI. Mi teoría es que esos políticos no quieren que vayan a robarle al barrio alto y prefieren que estos tíos se estén drogando con pasta base en la población, muriéndose poco a poco. Porque el traficante de población tarde o temprano acaba en la cárcel. Pero el proveedor nunca cae; porque ese es el millonario que mueve la maldad. Por eso yo no quiero que la marihuana valga diez mil pesos [15€] el gramo. Quiero que sea legal. Que todos puedan tener su planta en casa. Y fumar o comérsela cuando y donde quieran. La Ley Nº 20.000 nos tiene hasta los huevos. Sanciona la marihuana como droga dura, cuando   la droga dura se fábrica en laboratorios. No brota de la tierra»

      Añade, "Maglio Cicardini, el alcalde de Copiapó, es un  calzonazos que estuvo metido en la pasta base durante años.  Me costó muchísimo sacarlo de ahí. Una de las cosas que hice fue proponerle que se presentara para candidato a alcalde. Yo estuve metido en su campaña, que tuvo harta mística: hicimos la gráfica en el mismo lugar donde hacen las de Chico Trujillo. Y después, cuando estaba instalado en el puesto, lo fui a ver y me dijo que yo no podía participar en nada porque yo estaba relacionado con la marihuana y salía en televisión y todos me reconocían como marihuanero y él no quería estar vinculado a eso. Me sentó muy mal lo que dijo. Nunca más le hablé. Una muestra del típico doble estándar de la gente que está en la política»




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      Hace casi diez años atrás, Cogollo producía conciertos en la discoteca de salsa Maestra Vida y, también, una serie de conciertos, Living reggae, en el espacio multicultural Centro Arte Alameda. Actualmente se gana la vida vendiendo camisetas y gorros en una tienda ubicada en El Quisco, un balneario del litoral central.

      "Una vez fui a la tele," dice, "a Televisión Nacional de Chile. Me invitaron al programa Con mucho cariño. Lo presentaba Felipe Camiroaga, era un especial sobre tribus urbanas. Me pagaron doscientas lucas (325€) y me trataron súper bien: hasta querían darme un camerino para mí solo. Pero a mí no me interesaba la farándula".

      Y dice, también, mientras se sube a Super-Bikes, “La semana pasada a mi mamá le dio una parálisis cerebral. Hoy la fui a ver al hospital, en San Bernardo. Cuando llegué me dijo: ‘Arturo, ¿qué estuviste haciendo en la mañana? Estás pasado [oliendo] a marihuana. Por tu culpa me van a mirar mal los paramédicos’. Yo fumo en cualquier lado. Me dan igual los policías: soy un marihuanero conocido. Hoy he fumado dos porros. Una sativa rica, cosecha propia. No sé qué me deparará la noche. En un rato me voy al cumpleaños de mi compadre Quique Neira  (cantante de reggae y ex vocalista de Gondwana) en Maestra Vida. Seguro que alguien sacará un Jack Herer o uno de eso sporros con apellido. Va a estar buena esa fiesta”.

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      Temas: marihuana, Chile, legalización, 420

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