Libros
FILOSOFÍA DE LAS CORRIDAS DE TOROSFrancis Wolff
Edicions Bellaterra
Hace unos meses se entrevistaba en estas mismas páginas a un torero retirado que se decía moralmente arrepentido de su tarea en los cosos. Aquello no era torero ni era nada, si acaso un mamarracho y un infeliz. Un impostor. Y de nuevo tiene que venir un guiri, en esta ocasión catedrático de Filosofía de la universidad de París, para recordarnos que el toreo es una escuela de sabiduría, que es arte desde el momento en que da formahumanaa una materia bruta o al menos extraña como es la embestida del toro, equilibrando líneas y volúmenes “en tensión opuesta”; que crea belleza “con su contrario, el miedo a morir”, y que exhibe una realidad que “las demás artes sólo pueden soñar”. El espectáculo de la lidia, que es juego y es constante antropológica, es tan edificante como ver pasar a las mocitas, y eso un gabacho lo percibe, vaya si lo percibe. Wolff argumenta una desacreditación de los antitaurinos que parte de considerarlos antropocentristas que no se saben tales, inconscientes que se llaman “hombres” pero olvidan reconocerse “animales”, y que desde esa falta de humildad se erigen en animalistas y subordinan a su dictado a todas las especies, del paramecio al bonobo, del tripanosoma al podenco trotón. ¿Habría que impedirle al gato que deje de jugar con su presa herida antes de matarla?, cuestiona. Llevo apenas cien páginas leídas, gozadas línea a línea, pero lo que importa, sacudidos los meapilas, es que el libro es capaz de evocar, decodificándola en lo posible, toda la maravilla del toreo, toda la libertad de que es posible, la lealtad del combate, su grandeza ética y su victoria sobre lo imprevisible. Philosophie de la corrida (pues ese es su título original, sin especificidades) es una celebración desde el pensamiento y está dedicado “a quienes son ajenos al mundo de los toros, esperando que vislumbren la universalidad de un arte singular, y a todos los aficionados para que alcen la cabeza con su tesoro”. Bravo y olé.
HOMO SAMPLEREloy Fernández Porta
Anagrama. Col. Argumentos
Eloy Fernández Porta, neologista de lo afterpop y simbionte de la llamada generación Nocilla (pijada mediática que, cual caldo gallego, no alimenta pero calienta el cuerpo), nos dará un disgusto un día, porque en su literatura, tan preocupada por la urdimbre de la contemporaneidad, se expone al derrame cerebral y se diría, allá por las doscientas páginas de lectura (cuando el discurso se le ha encabronado y el lector está ya echando el bofe y ha tirado a tomar por culo el lápiz de subrayar), que lo sufre. Sufre el derrame pero, con un par, lo asimila y tira millas en su “no-ficción”. Eso está bien. Subtitulado “Tiempo y consumo en la Era Afterpop”, Homo Sampler es un ensayo tricéfalo acerca (y creo que cito) de este presente sin duración donde se nos ha hurtado el intervalo para meditar sobre la experiencia. Grosso modo, porque en realidad es más complejo, va de otras cosas, puede incluso que se trate de una hermenéutica del hoy a través de la cultura toda, o del zeitgeist, que se dice; y tiende a hilar fino, casi hasta la psicopatía. Es en esa sobreelaboración y en su tangencia con lo académico donde el asunto pierde algo de brío, aunque por momentos atrapa y en general se lee bien hasta que deja de hacerlo, sosteniéndose en el itinerario que no en el destino, que ni el autor sabe bien cuál es pero que da igual porque el libro se esfuerza en la humorada y se consigue, efectivamente, guasa pura, una cosa de hacer risa más ocupada en mantener la panorámica que en trazar alguna ecuación. (Un inciso: jamás escuchen a los exégetas del Porta, ¡son más brasas que los de Bukowski!) Entre sus logros me parece destacable la medición de la ironía, tan grave en el fondo como liviana en apariencia; tan hiriente sólo si el lector quiere y nunca crispante, lo que quizás responda a un equilibrio entre lo que se dice y el cómo se dice que este haciendo de éste un libro bueno. El Porta está para que lo aten, pero como un cencerro, lo cual no hace sino sumar. Mola.
FRESNOTony Stamolis
Process Media
Me paso por el hojaldre, ya que se me da manga ancha, que este Vice sea un especial gastronómico y tal y cual, y, como contraste, traigo a cuento este libro sin letra y de portada magnífica que viene a ser un safari por Fresno, enclave de la California interior que más que ciudad parece un erial de civilización donde, entre edificios vacíos y landscapes ballardianos, merodean vascos, hispanos, afroamericanos, vietnamitas, armenios, japonitos, italianos y otros pelajes que en comandita con los lugareños y en sindiós con un cabildo hijoputesco han posicionado la zona en la cresta nacional de criminalidad. Desde nuestra atalaya (desde la mía al menos: soy un pequeño-burgués catalán de mierda) los modismos de la costa oeste usamericana son todos de vergüenza, todos sin excepción, pero lo de Fresno es goleada. Tony Stamolis, que nació y creció allí antes de huir a New York, dispone más de un centenar de fotografías poderosas y elocuentes de paisanaje y geografía que conforman un monstruario ¡vade retro! del que sólo se salva un par de individuos hembra de los que siempre se dan en el extrarradio; pero lo mejor está en su habilidad para decir la suya, para incluir subtextos en las composiciones y para hacer dialogar entre sí las imágenes, que en el paginado van conformando la luz y el aroma a Fresno, una luz remota pero familiar y un hedor a pueblo muerto y tan vivo a veces, en arrebatos e impulsos, nen, como el que caracteriza a buena parte de nuestra periferia.
LA CASA DE LA CRUZ Y OTRAS HISTORIAS GÓTICASEmilio Carrere
Valdemar
Primitivista o no, me amarga escribir de “novedades” como norma y estoy un poco cansado de bucear entre pacotillas con el propósito de “informar” de “lo último”. ¿Revista de tendencias? A cascarla. El que quiera estar al tanto que se busque la vida. Yo hoy he ido a La Central y olía a capipota (¿qué mierda de moda es esa de servir menús en una librería?), así que, desde ya, voy a comentar lo que se me ponga en el bálano, editado ayer o en el XVIII, y que arda Troya. Leer novela contemporánea, por lo general tan sin savia y con el castellano tan diezmado, da pereza cuando es notorio que en los muertos está todo y todo mejor. Vamos pues con Emilio Carrere (18811947), a quien se recuerda como autor de La torre de los siete jorobados que Edgard Neville llevó al cine, y que fue en su tiempo un poeta considerado y un promotor de la narrativa de género fantástico, que fue desgranando en historias ligeras y más o menos breves en las páginas de revistas de principios del siglo pasado como La novela corta, La novela de hoy o La novela semanal. Pulp auténtico. El especialista Jesús Palacios, encomendado a la biblioteca de su padre Joaquín Palacios Albiñana, rescató y prologó no hace ni diez años cinco de esos relatos. Los próceres de la editorial Valdemar los señorearon con una magnífica portada de Urbano Lugrís y entre todos lograron una antología de lo más pintona para acercarse a Carrere y perderle el miedoo tomárseloa la literatura fantástica local. El libro se abre algo escarpado, de tan jilguerón y tan arcaico con la lengua como se muestra en “La leyenda de san Plácido”, pero el asunto va de diablos en el convento y pronto entramos en vena y ya será un no parar. Divertidísimo “Un crimen inverosímil”, germen de los siete andobas corcovaditos; terror puro y duro en el relato que titula el libro, y un acercamiento tonal a la prosa galante (que al parecer Carrere, putero de cojones, cultivó con gusto en otros títulos) en “Las inquietudes de Blanca María”. La lectura sabe a madrí, pero a madrí de veras. Un Madrid castizo y gótico, de capillas esquinadas, de callejas y aposentos, de cuchilladas, embajadores del lado oscuro y monjas agoreras; ese Madrid elucubrado tantas veces cuando uno camina al pairo por la capital. El volumen, que se quiere tanto evocación como documento, incluye ilustraciones originales de Izquierdo Durán y Máximo Ramos, en quienes Palacios advierte la influencia de maestros ingleses como Beardsley o Harry Clarke. Está en la colección El Club Diógenes, y cuesta cuatro perras pero vale un potosí.
RUBÉN LARDÍN
THE STOOGES. COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA. UN INSTANTE DE ETERNIDAD Y PODER (19652007)Jaime Gonzalo
Discos Crudos
Desde que superé la adolescencia he sido partidario de no conocer personalmente a los mitos de mi juventud (digo de mi juventud porque con los años he acabado por apenas tener mitos; a estas alturas sólo aguantan en el altar Lemmy Kilmister y Julián Muñoz. Elvis no cuenta, hablamos de mitos no de deidades). Pero claro, si en tu camino se cruza Iggy Pop tampoco le vas a hacer ascos. Y sí, ese fue el momento en que me reafirmé totalmente en esa máxima. Esa figura altamente sexual, y antaño más peligrosa que una rociada de napalm en Benidorm, se convirtió en tres segundos en un viejo chocho con una cojera del copón y una mala leche reconcentrada que ríete tú de María Patiño. Todos mis sueños adolescentes a tomar por saco. Decidí borrar del disco duro esa escena, aunque a veces vuelve a golpear en mi cabeza. Esta vez ha ocurrido tras devorar Combustión Espontánea, la primera biografía de los Stooges en castellano, escrita por un tipo que sabe de qué va el tema y que conoce la figura de Iggy desde todos los ángulos posibles: Jaime Gonzalo. Un tipo que ha supuesto para muchos El referente como periodista de rock en este país, lo ha vivido como si le fuera la vida en ello y lo ha sabido contar como los grandes. Si a eso añadimos que el prólogo es de Oriol Llopis (lo más parecido a Lester Bangs que ha dado Barcelona) nos encontramos ante una obra con las tripas hacia fuera, en la que la información pura y dura se mezcla con apasionados relatos y vivencias junto a una banda que durante unos años fue sinónimo de peligro y a la cual se le puede atribuir la paternidad de casi todo el rock y el punk que vino después.
ABEL SUÁREZ
SU SATÁNICA MAJESTAD, ALEISTER CROWLEYMartin Booth
Melusina
El Martin Booth éste sabe elegir temas sobre los que escribir: ha documentado la historia del opio; la de Jim Corbett, un cazador de tigres convertido en defensor de los animales; y ahora nos llega la traducción española de su majestuosa biografía de Mr. Crowley. Lo primero que hice fue ir a las páginas centrales con fotos. Bien. Se ahorra las estampas más demacradas del hombre y, en cambio, prefiere ofrecernos fotos del Crowley ajedrecista y documentos impagables como su pasaporte chino. Vamos que, como he comprobado seiscientas y pico páginas después, la de Booth es una biografía rigurosa, completa hasta lo maníaco, y divertida, que no morbosa. Eso me lo han corroborado un par de amigos fanáticos de la Bestia. En verdad, me enumeraron unas cuantas erratas de esas que sólo puede detectar alguien que ha abusado del tarot y las setas y ha danzado desnudo en un bosque, de noche, invocando a Belcebú. Por lo demás, me admitieron que A Magick Life (título original del libro) es uno de lo más imparciales y ajustados acercamientos al hombre que pecaba más que respiraba. De entrada, Booth se ventila todos los topicazos (propagados tanto por devotos como detractores) y la sobadísima lista de músicos influenciados por Crowley en un capítulo introductorio. Sólo con eso otros han llenado libros, artículos y perfiles de mierda. Y luego relata con desparrame de anécdotas cómo un niño regordete de la época victoriana criado en el seno de una secta protestante con tendencias S/M y educado en internados donde la sodomía era una actividad extraescolar más, devino incansable pichabrava multisexual, poeta solvente, escalador temerario y carismático mago politoxicómano que llamaba a Satán de tú. Una gozada.
SANTIAGO SALVADOR
HISTORIA DEL AUTOMÓVILIlya Ehrenburg
Melusina [sic]
El de Historia del Automóvil es un título aséptico y sintético que no mueve a confusión y es hasta cierto punto adecuado, pues el libro del ruso Ilya Ehrenburg narra efectivamente la génesis del “coche sin caballos” y su rápida consolidación como bien de consumo. Lo que pasa es que el anarquista Ehrenburg, antes que glosar los antes y los después del automóvil, toma éste como excusa para diseccionar el carácter humano; que, huelga decirlo, es bajo su punto de vista cualquier cosa menos desinteresado y puro. Para producir un coche, alguien tuvo que sangrar árboles para recoger la savia con que se fabrica el caucho. Alguien tuvo que extraer el petróleo del que se obtiene la gasolina. Y alguien tuvo que dejar atrás su humanidad para convertirse en un engranaje más de la cadena de montaje. La Historia del Automóvil es una de fortunas ganadas y perdidas y de vidas sólo perdidas. Un sueño de libertad que se quedó en utopía: en un mundo regido por las leyes del mercado no hay movimientos inocentes. Un libro demoledor.
J-BRO
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