Libros

PARADOXIALydia Lunch
Melusina/UHF
Lydia Lunch es una artista polifacética. Ni la música, ni la fotografía, ni la performance le son ajenas. Tampoco la escritura, como atestiguan sus actuaciones habladas y, por supuesto, este libro, su autobiografía. Particular biografía, añado, pues en ella no se trata ni su música, ni sus fotografías, ni sus performances ni su escritura. Ni tampoco trata, como ingenuamente nos pueda parecer, de sexo, a pesar de los numerosos y salvajes polvos que Lydia narra con pelos, unos cuantos, y señales, las que en el cuerpo muchas veces a ella le dejaban unos amantes que en su mayoría no eran tales sino víctimas, ignorantes presas de una mujer para quien follar no era tanto una fuente de placer sino una forma de enfrentarse al mundo. Paradoxia, antes que nada, es un manual de supervivencia cuyas enseñanzas probablemente no sean válidas para nadie, ni mujeres ni mucho menos hombres, pues no ofrece reglas ni consejos sino el descarnado testimonio de alguien que salió adelante con todos los factores en contra usando las armas que la naturaleza puso en sus manos: un físico envidiable, una voluntad de hierro y una personalidad arrolladora que, cuando resultaba conveniente, sabía disimular de modo que pareciese justo lo contrario. Eran los hombres arcilla entre los dedos de la joven Lydia, así lo explica y yo no lo dudo, y contrasta en el libro el calor de su bajo vientre con la frialdad con que lleva a cabo sus actos, nunca mejor dicho, para abandonar la escena una vez considera que ha llegado el momento de pasar página. Paradoxia provoca a lo largo de las suyas unas cuantas erecciones, pero insisto, no es una novela pornográfica: es un libro sobre la vida y cómo vivirla. A pesar de todo y de todos.
JESÚS BROTONS
DINERO. EDICIÓN COMPLETA
Miguel Brieva
Random House Mondadori
La semana pasada estuve en una casa okupa en Valencia. Sólo entrar vi un mural gigante de un tío con pasamontañas sosteniendo una bomba redonda con mecha de cuerda y, a sus pies, la leyenda: “Terrorista tu padre”. Al lado, había un simulacro de cajero automático hecho con cajas de cartón, presidido por el logo de Caja Madrid. En “la pantalla”, flanqueando una tarjeta VISA, dos teclas, dos opciones: Sacar dinero o Sacar presos. Dios, qué risa... y qué pena. En fin, lo he recordado al meter la nariz en la imponente compilación de los 5 números de Dinero: Revista Poética Financiera e Intercambio Espiritual que el sevillano Miguel Brieva escribió, dibujó, maquetó y se autoeditó él solito. Va de lo mismo y a la vez no tiene nada que ver con ese arte perroflauta hecho por cenutri@s. Y no es que Brieva bregue con diferentes enemigos (a saber: banqueros, políticos, curas, policías, directores de marketing, Walt Disney), ni que sea menos radical y se cague menos en todo. Lo que pasa es que Brieva dibuja de la hostia, tiene mala leche de la buena -ingeniosa, con giros imprevisibles, de largo recorrido- y exhibe una pasmosa inventiva en el trilladísimo arte de parodiar carteles publicitarios y la vieja moralina propagandística yanqui. Tan inquietantes como los artworks de Pettibon para Black Flag, como un cruce entre Robert Crumb y El Roto, sus tronadas e hiperbólicas viñetas anticapitalistas a toda página y a todo color te meten el dedo en el ojo y te empujan a la risa; una risa que, como bien dice Santiago Alba en su gayola-prólogo, deja muy mal sabor de boca. Como lamer un raído billete de 5 euros pegado con celo, oye.
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