Quiero Mis Dvds
YAKUZA
Sydney Pollack, 1974
Warner
Para la descreída generación actual, ‘honor’ es una palabra de connotaciones negativas, un término peyorativo. Un hombre de honor vendría a ser un sujeto chapado a la antigua, una reliquia de pensamiento escorado a la derecha, si no directamente un fachorro. En un sentido abstracto, se tiende a asociar al ajuste de cuentas entre facinerosos y a la excusa que antepone el padre tras degollar a alguien por mancillar la doncellez de su hija. Devaluado el honor en el mercado de valores, así nos luce el pelo a todos. A Robert Mitchum, Harry Kilmer en pantalla, le luce el pelo de otra manera: plano con el flequillo a un lado, contraplano de su interlocutor, plano de Bob con el flequillo en el lado opuesto. Esquizofrenia capilar al margen, Mitchum nunca fue un tipo de ideas anticuadas, y aún menos un facha. Liberal, redomado cínico, fumador de hierba y ocasional cantante de calypsos, Mitchum era la encarnación del hombre de pelo en pecho y mear en pared, una especie hoy en triste vía de extinción. En aquellos días lejanos en que no había que pedir perdón por ser hetero, un guionista de cine podía ser un maníaco homicida en potencia y aún permitírsele (¡y pagarle por ello!) compulsar por escrito su complejo de culpabilidad, decir adiós con sangre y pólvora a la vieja generación, y lamentar el ascenso de una nueva en la que el honor, de conocerse, no es sino un obstáculo para obtener dividendos; a un director se le dejaba plasmar en imágenes la historia con sobriedad, sin efectismos de cara a la galería; y un hombre podía sacrificar un dedo si con ello ganaba un amigo.

BERLIN ALEXANDERPLATZ
Rainer Werner Fassbinder, 1980
Cameo
Que te metan en el trullo debe ser un trago amargo, e intuyo que la residencia dentro tampoco debe ser un paseo por el parque. No obstante, verse privado de libertad y tener que bregar con la parroquia carcelaria es casi lo de menos si tu nombre es Franz Biberkopf y eres un berzotas. Compadezcamos, sólo un poco, al corpulento, violento, algo paranoico Franz: la culpa no es del todo suya. Resultado de una educación deficiente, una situación social al sur del paraíso y una pésima elección de amistades, herr Biberkopf se ha tirado cuatro años a costa del estado por matar a su cónyuge en un arrebato de ira. Además de un acto legalmente punible, un mal movimiento, pues la malograda chica le tenía mantenido. Lo dicho, un berzotas, y con mala suerte: nada más salir, un judío ortodoxo se empeña en contarle historias edificantes, con oscuros propósitos o para animarle.
Animado sale Biberkopf del trance, pues no tarda en irse de putas y luego forzar sexualmente a la hermana de su antigua víctima. Otro acto punible, que el tipo enmienda regalándole a la chica unos delantales. Y es que, amigos, este Franz es un hombre nuevo. Superada la momentánea desazón que le produce pisar la calle, y decidido a ganarse el pan honradamente, Biberkopf se desentiende de la delincuencia y pasa a desarrollar labores honestas, como puedan ser la venta de revistas porno y el reparto de folletos de propaganda nazi. El problema es que el mundo del hampa se asemeja a las compañías telefónicas: una vez ingresas en él, crudo lo tienes para que te dejen ir.
Caída, intento de redención y recaída. Si un wise guy como Carlito Brigante no pudo, ¿cómo iba a poder Franz Biberkopf, que además del norte pierde en el proceso un brazo? La “lastimosa y deplorable” forma de encarar las cosas del ex convicto no le deja más opción que dejarse arrastrar por gente con más carácter, de modo que acaba pringando como un pelele quizá porque su destino, desde el principio, era ese y no otro. Quince horas y pico en tiempo realmás las pausas para ir al lavabotarda uno en llegar a tal conclusión, que satisfará a creyentes en la predestinación con grandes reservas de paciencia e irritará en grado sumo a seguidores de la teoría del übermensch que padezcan además déficit de atención, pues son trece platos y un postre de miseria moral, dudas existenciales, crisis de conciencia, problemas de personalidad y trastornos maníaco-depresivos. ¡Venga alegría! ¡Venga alegoría!
JESÚS BROTONS
Noisey
Triángulo de amor bizarro
The Creators Project
Entrevista a Interpol
Noisey
Za!
The Creators Project
Spike Jonze
Noisey
Edredón
The Creators Project
Florence + the machine
Comentar