LONDRES - TIRARSE A LAS VÍAS

TubetrainEn una ocasión vi a una mujer tirarse a las vías del metro. Antes la había visto sentada en un banco en el andén. Al aproximarse el tren, levantando viento a su paso, la mujer saltó a la vía y se adentró en el túnel a todo correr. La gente se puso a gritar y, aunque el conductor pisó los frenos a fondo, nada ni nadie pudo evitar que la mole de metal de doscientas toneladas redujera a la mujer a picadillo. Se calcula que alrededor de cien personas fallecen de esta forma cada año, y los conductores británicos se refieren a estos suicidas como ‘saltadores’. Una reciente película que enfoca el fenómeno bajo un prisma humorístico ha levantado no pocas ampollas en Inglaterra, de manera que los redactores de VICE UK le pidieron a un conductor que les contara qué hay de cierto y de falso en lo referente al folklore que rodea a los saltadores. Bien, esto es lo que contó...

“Yo no sé si es una baladronada o qué, pero algunos de mis compañeros dicen a veces, ‘oh, no veo el momento de que me toque a mí un saltador’. Lo dicen porque así pueden obtener una baja por enfermedad de seis meses, cobrando el sueldo entero. En ocasiones está justificada porque entran en estado de shock, pero sé de otros conductores que ni siquiera le dan importancia: la parte frontal del tren está llena de sangre, la gente en el andén no deja de gritar, la policía y las ambulancias están ahí, y el conductor tan tranquilo, leyendo el periódico y comiéndose su bocadillo sin que el incidente parezca haberle causado efecto alguno”.

“También he oido historias de gente que se llenaba la boca diciendo lo mucho que les gustaría que alguien saltase delante de su tren para así tener seis meses de baja y, cuando eso finalmente sucedió, tuvieron que llevárselo porque estaba tan afectado que no se tenía en pie. Algo así puede quebrar al más fuerte. Un colega al que conozco bien atropelló a un suicida y después no pudo trabajar durante mucho tiempo. Se iba él acercando a la estación a una velocidad de cuarenta, o cuarenta y cinco millas por hora, y un tipo que estaba esperando en el extremo más lejano del andén se bajó. No saltó, sino que se bajó, y se quedó ahí esperando parado en medio de la vía. El conductor pisó el freno, pero no había la más mínima posibilidad de que el vehículo parase a tiempo. Mucha gente dice que cuando algo así sucede has de mirar abajo o hacia otro lado, a donde sea menos al suicida, pero mi colega no lo hizo. Se le quedó mirando directamente. Sus miradas se cruzaron durante los tres segundos previos al impacto. La idea de que él había sido el último ser vivo que aquel tipo vio antes de morir enloqueció a mi colega. Muchas personas no pueden volver a subir a un tren después de una cosa semejante”.

“La historia de saltadores más chunga que conozco no ha sido modificada, o fantaseada en modo alguno; lo sé porque conozco a la persona a la que le pasó. Era instructor, fue mi instructor cuando yo empecé, pero ese día no estaba conduciendo, sólo estaba en la cabina. Muchas veces, cuando los vagones están muy llenos, los instructores se quedan allí, en la cabina, charlando con el conductor. Iban por la línea Norte, bastante rápido, y al llegar el andén vieron que había una mujer en la vía, completamente desnuda y con los brazos extendidos en cruz. La arrollaron y la mujer, obviamente, murió. En la investigación posterior se supo que era esquizofrénica. Había ido a la estación, desnudado y doblado cuidadosamente sus ropas, adentrado en el túnel y quedado ahí parada, esperando a que llegara el metro”.

“A mí no me ha sucedido nunca, pero a punto estuvo hace seis semanas. Eran sobre las once de la noche, volviendo de Heathrow a unas 45 millas por hora. Yo estaba un poco adormilado porque éste es un trabajo rutinario, el día a día suele ser siempre igual, pero de repente me percato de que algo se mueve en la distancia. Me voy acercando, estoy más y más cerca, y me doy cuenta de que se trata de un puto desgraciado dando tumbos por la vía. Pisé el freno con todas mis fuerzas, pero hasta que el tren se detiene por completo pasa cierto tiempo, sobre todo si vas rápido. El tío estaba ahí, en la vía, caminando directamente hacia mí. Yo pensaba, ‘esto no está bien, nada bien, puñeta, le voy a pasar por encima’. Entonces, en el último momento, se hizo a un lado de un salto, cayendo en la vía adyacente. El accidente lo evitamos, pero créeme, no podía parar de temblar”.

“Cuando atropellas a un saltador te tienes que someter a pruebas de alcoholemia y drogas, y tomarte tres días libres. Hay personas que después vuelven inmediatamente al trabajo, pero la mayoría se toma un poco más de tiempo”.

“La línea Norte siempre ha sido la más chunga, seguida de la de Piccadilly. King’s Cross y Victoria son las que más accidentes han tenido, pero eso se debe a que son estaciones enormes. Por ellas pasan diez líneas. Si hay una línea concreta que se lleve la palma en cuanto a número de suicidios, esa debe ser Tooting Bec. Parece que hay un hospital psiquiátrico en las inmediaciones. También se dan muchos casos en Aldgate East”.

“Hay rumores de que un conductor de la línea Norte ha llegado a arrollar a siete saltadores. Sé de alguien que atropelló a tres, pero al parecer existe ese tipo al que le ha sucedido siete veces. Supongo que cuando llegas a ese punto debes pensar que el destino está intentando decirte algo, ¿no?”

“Cuando un tren arrolla a una persona, uno asume que la muerte es instantánea, pero la mitad de las veces no lo es. A veces los suicidas no calculan bien el salto y caen en uno de los hoyos que hay debajo las vías. Hay gente que llama a estos huecos “pozos de los suicidas” a causa de los cuerpos que caen allí, pero otra gente dice que eso es una chorrada y que lo único que hay en esos hoyos son papelotes y desperdicios”.

“Hace un par de noches un instructor me habló de un saltador en la estación de Heathrow. El lugar estaba lleno de turistas y un tipo bajó del andén y se tumbó cruzado en una vía. No se electrocutó, probablemente le protegió la ropa que vestía. Como podrás imaginar, se armó un follón de narices. El tren entró en la estación, no demasiado rápido, e impactó con el tipo. El conductor entró en shock. De repente, empieza a oir ruidos viniendo desde abajo, y de ahí que sale el tipo, vivo y tan campante. Lo que sucedió fue que el tren, al golpearle, le lanzó al “pozo de los suicidas”, y de él salió prácticamente ileso. En Heathrow siempre hay mucha policía, así que al momento llegaron unos agentes. Le preguntaron, ‘¿pero qué está haciendo?’, y él, con aspecto casi avergonzado, respondió, ‘oh, lo siento mucho. Me voy a casa’. Los policías no se lo podían creer”.

HARPER SMALL

Comentar