Los japoneses se mueren por trabajar

Por Sam Clements

No hace mucho fui de viaje a Bruselas y conocí una mujer japonesa que se hospedaba en el mismo hostal que yo. Cuando una noche oí a mi nueva amiga, Sayaka, contestar al teléfono y bajar sigilosamente a la habitación de los ordenadores, quise saber lo que estaba pasando. ¿Trabajaría para los dueños del hostal espiando a los huéspedes? ¿O una chica rarita que envía mensajes sobre Bruselas a sus padres por la noche porque no se siente a gusto utilizando el ordenador a plena luz del día?

Pues no, resultó que aquellas eran las únicas vacaciones que se había podido coger en todo el año y tenía que acabar algún tipo de trabajo “urgente” para su jefe, una manera de mierda de emplear las vacaciones. Mejor, eso sí, que las 16 horas en la oficina que le esperaban de vuelta a casa.

La situación de Sayaka es bastante habitual. Gran parte de la población de las ciudades más grandes de Japón tienen una relación con el trabajo literalmente destructiva: muchos acaban sobreesforzándose hasta llegar a una temprana sepultura. Este fenómeno social tiene nombre propio, karoshi, y no implica muertes accidentales de obreros en un insalubre taller clandestino o en una zona de construcción peligrosa, sino las de oficinistas y ejecutivos en edificios corporativos a causa de infarto, derrame cerebral o suicidio tras haber trabajado más allá de su límite.

A comienzos de año, se determinó el karoshi como causa del suicidio de una chica de 26 años llamada Mina Mori después de que una investigación hallara que había estado trabajando del orden de las 140 horas extra al mes para una popular cadena de restaurantes, Watami. Numerosas empresas japonesas dan por hecho que sus empleados deben acatar una cultura del trabajo susceptible de destruir sus vidas, pero que esto es algo necesario y firme.

El primer caso de Karoshi registrado se dio a finales de los 60 cuando un empleado del departamento de envíos del mayor conglomerado editorial de Japón murió de un infarto, algo bastante inusual tratándose de un joven de 29 años. Fue entonces cuando la gente se dio cuenta de que un radical exceso de trabajo puede tener efectos negativos en el cuerpo, algo que a muchos les cogió por sorpresa. Este tipo de casos se han convertido desde entonces en implacables batallas entre los familiares de los difuntos, intentando demostrar que sus parientes murieron por exceso de trabajo, y las compañías en cuestión, tratando por todos los medios de barrer lo sucedido debajo de una alfombra cada vez con más bultos.

Los trabajadores temporales ascienden a un tercio de la mano de obra japonesa, ya que cobran menos y sus derechos laborales son casi inexistentes aunque hayan trabajado años en la misma empresa. La idea de un trabajo para toda la vida también es una reliquia de tiempos inmemoriales. Jake Adelstein pasó 12 años en Japón como el primer reportero no japonés en el diario Yomiuri Shinbun, trabajando arduamente largos días y noches con tiempo para echarse apenas alguna cabezadilla entre horas y presenció exactamente como las estadísticas afectan a los trabajadores de una forma deprimente y macabra.

““Una de las cosas que contribuyen a que existan condiciones laborales tan chungas en las empresas japonesas son las empresas de trabajo temporal. Se supone que a los que trabajan más de cinco años en la misma empresa se les ofrece un contrato a tiempo completo, pero lo que sucede es que, al llegar los cinco años, esa persona es despedida. Se les pone delante la promesa de un contrato o un trabajo de por vida, y luego se les retira como si les retiraran la alfombra de debajo de los pies”, me contó.

El periodista americano Jake Adelstein.

Como la gente necesita comer para vivir y pagar el alquiler si desean disfrutar de lujos como no caer enfermos por dormir al raso noche tras noche, esta constante atmósfera de inseguridad laboral se ha convertido en norma, en particular en as empresas más explotadoras. Son las conocidas como Black Companies (Compañías negras), capaces de arruinar la vida a sus empleados. Debido al temor constante de ser reemplazados, los trabajadores, ansiosos por complacer, se autoesclavizan trabajando sin paga un número de horas descabellado, y hasta falsifican sus fichas de trabajo para no meter a la empresa en problemas.

“En una compañía en la que trabajé había dos libros de registro”, me explicó Jake. “Estaban los libros que marcaban las horas que realmente trabajábamos, y los libros que se presentaban a la Oficina del Trabajo. Parte de la labor de los empleados del turno de noche era falsificar el número de horas trabajadas. Podías haber trabajado una semana entera sin un solo día libre y, en vez de eso, reflejar el libro que habías tenido vacaciones los tres últimos días”.

“Existe una tradición de no registrar tus horas extra y trabajar sin cobrar más. Es un influjo de influencias muy tradicionales; sigue existiendo la idea de que la edad está por encima y se considera rudo e insolente marcharte antes que una persona de más edad”.

Cápsulas para dormir -para aquellos suertudos que ni siquiera pueden ir a casa.

Es obvio que todo el tiempo que pasas en el trabajo lo resta para hacer otras cosas que un ser humano necesita para no convertirse en una convulsiva bomba de relojería lista para explotar al mínimo roce. Cosas como pasar algo de tiempo con la familia, socializar y dormir más de dos horas cada noche. Esas cápsulas donde dormir que en los últimos diez años habéis visto en internet existen porque un gran número de gente pensó que tendría más sentido dormir en nichos acolchados apilados uno encima del otro que coger el tren a casa de madrugada después de tener que trabajar todo el puto día durante toda la puta semana.

Jake me explicó: “El problema es que te metes en un círculo vicioso. Vives en las afueras, el viaje es muy largo, tienes que coger un tren lleno de gente cada día y cuando llegas al trabajo ya estás cansado porque has ido de pie todo el trayecto. Luego estás en el trabajo hasta las 11 o las 12 de la noche, te vas en el mismo tren lleno de gente otra vez y al llegar a casa ni te tienes en pie. Y tampoco puedes relajarte porque a la mañana siguiente tienes que trabajar. Estás en un estado constante de privación de sueño que sigue y sigue”.

“Una de las razones por las que Japón tiene un índice de natalidad y de matrimonios tan pobre es que, si pasas el día entero en la oficina, no tienes vida personal. ¿Cómo podrías tenerla? ¿Cómo conocer a alguien e iniciar una relación? Tu personalidad acaba girando en torno al trabajo. Tu trabajo es tu vida y eso es todo lo que eres”.

Si no estás siendo sujeto a un volumen de trabajo descomunal, esclavizado de sol a sol y sufriendo privación de sueño, tus compañeros y tu jefe te pondrán a parir por no trabajar lo bastante duro; esto significa que a veces es tan importante parecer exhausto como hacer el trabajo.

Tal y como Jake me dijo: “Si no has trabajado mucho, tienes que procurar dar la impresión de haber estado trabajando largas horas y padeciendo por ello. Esto parece tener más valor que hacer algo de verdad. Siempre has de tener aspecto de cansado aunque no lo estés. Así parecerá que has estado haciendo algo”.

El manual del suicidio.

Japón tiene uno de los índices de suicidio más altos de todo el mundo; agotamiento fingido o no, esto confirma que un enorme número de japoneses las pasan putas al por mayor y la gran mayoría de veces debido al trabajo. En 2009, el número total de suicidios subió un dos por ciento hasta llegar a un alarmante 32.845, lo que se traduce en 26 suicidios por cada 100.000 personas, y de los 2.207 suicidios que se dieron en 2007 por causas relacionadas con el trabajo, la más común fue el trabajo excesivo. Supongo que cuando en un país se llama a una zona forestal “El bosque de los suicidas” y cada año se vende una cantidad preocupante de ejemplares de un libro titulado The Complete Manual of Suicide, las chocantes estadísticas de personas que se quitan su propia vida ya no resultan tan chocantes.

The Complete Manual of Suicide, un superventas en Japón desde hace tiempo, es un libro atractivo para muchos japoneses. “Has tenido otro día horrible en la oficina, se te acumula el trabajo y no puedes ni pagar las facturas. No duermes, estás cansado y encima te tienes que levantar a las 6 de la mañana para hacer un viaje de 90 minutos hasta el trabajo. Luego te vas a pasar otra vez toda la noche en la oficina y así día tras día. ¿No sería mejor irte a dormir y no despertar nunca más? ¿Descansar de verdad? Es fácil ver el atractivo del libro para una gran masa de gente cuyas vidas consume el trabajo”.

Hablando con Sayaka en el hostal percibí un brillo de satisfacción en sus ojos cuando mostré mi indignación por sus jornadas laborales de 16 horas, como si esto fuera algún tipo de reconocimiento por un trabajo bien hecho. Ese brillo me confirmó que la distancia entre la camaradería y el respeto obtenidos por haber trabajado largas horas y el que tu cuerpo diga basta, o tú digas basta, por haberte excedido trabajando, es peligrosamente corta. Sayaka aun es joven y es evidente que los derechos laborales en Japón están mejorando, si bien lentamente, así que, por su bien, espero que ese proceso gane fuerza y velocidad antes de que su juvenil, ingenuo entusiasmo llegue a sus límites.

Sigue a Sam en Twitter: @sambobclements

Comentar