Correo Vice
LAS DOS OREJAS Y EL RABO
Vice,
Dicen que para hacer un análisis sociológico de la cultura de un país no hace falta visitarlo, pero sí leer algunas de las publicaciones que en él se editan. He tenido la oportunidad de ojear vuestra revista (v2n3) y me llamó la atención la veracidad de esta afirmación. Imaginaba que esa mezcla de visual fashion con texto cool (o al revés) fuera cosa del pasado y más vista que la rica tortilla de patata, pero percibo que en un país como España esta formula aún perdurará. ¡Tamaño vacío!
Mezclar fotos de mierda, comentarios que huelen aún más y pseudo reportajes eco-críticos es lo peor que puede haber. Miento, peor que eso es que haya gente que consume este material, pues es difícil que uno reniegue de su cultura. Criticar las peleas de caballos en Filipinas desde vuestra oficina taurina es una maravilla, ¿no? Como mínimo en Filipinas las dichas peleas son ilegales y no una herramienta del propio gobierno de aquel país para atraer turistas a sus necro-espectáculos.
Me pregunto: si “la nueva definición de corrupción en el diccionario dice: políticos filipinos” ¿qué encontraré si busco la nueva definición de hipocresía? Y por cierto, no he visto en la web divulgada por vosotros (www.networksforanimals.org) ninguna foto de Ribera Ordóñez cortando las orejas de un toro y menos de José Tomás clavando su espada en el corazón de otro animal y saliendo ovacionado.
Haber mirado la revista Vice me ha ayudado a entender un poco más lo que veo todos los días caminado por las calles de España. Sólo me resta brindar: ¡Por vuestra integridad!
GUILHERME ANCHIETA
Vía email.
¡¿Nuestra oficina taurina?! Muy buena ésa, pero por mucho que buscamos no vemos carteles de El Niño de la Capea ni ninguna cabeza de morlaco disecada. Dejando aparte que pasas por alto que el autor del artículo no es español sino norteamericano (¿has pensado en reenviarle tu carta quejándote de los rodeos?), nos da que confundes la parte por el todo: la gente que encuentras caminando por las calles no está, en su mayoría, a favor de las corridas de toros. Y que en este país se lidien toros no nos parece obstáculo para condenar las peleas de caballos en Filipinas. Deberías saber, sofisticado amigo, que para conocer la cultura de un país a través de sus publicaciones (cosa que no creemos que sea posible) es imprescindible librarse primero de opiniones creadas de antemano y de juicios de valor. Gracias por brindar por nuestra integridad, nosotros lo haremos por tu suspicacia. Y ahora que te den.
COBARDE Y PECADOR
Respecto a la carta titulada “Mujer Objeto” de vuestro Nº1,
Personalmente no me siento afectada o perturbada cuando miro la foto de American Apparel donde puede verse a una adolescente “en apariencia” menor de edad, casi anoréxica, con gafas de sol y sin sujetador haciendo una ridícula posición fetal para la cámara, en un cómodo sillón. Lo veo cada vez que salgo a la calle, cada vez que abro una revista o entro en un negocio. No sois nada originales.
Como no sé tu nombre te llamaré Sr. Cobarde. Quiero darte un consejo: cuando uno decide pasar al bando de los que no les importa nada el qué dirán, tiene que empezar por poner su nombre al hacer afirmaciones como esas de que, los tíos dan asco, las chicas quedan muchísimo mejor, y hacen chistes de “y ahora vuelve a la cocina, ja ja ja ja...”. Sr. Cobarde, ahora vuelve a tu ordenador a esconderte del mundo y a soñar con ser un rebelde.
ARIANA GRAZIANO
Girona
Pues algo afectada o perturbada sí que pareces. ¿Han sido la foto y la broma que mencionas la gota que colmó el proverbial vaso, o has enviado rapapolvos similares a todas las revistas que abres y negocios a los que entras? Algo positivo sí que tiene este episodio, y es que sirve para constatar, por si no estuviese claro desde hace siglos, que los hombres somos unos cerdos. El señor Cobarde haría bien en esconderse, efectivamente. No del mundo, sino de las Valerie Solanas que lo habitan.
HAY TEMA
Señores de Vice,
Me dirijo a Vds. en referencia al artículo aparecido en la revista VICE v2n2, sobre alguno de los viajes al mundo de la psicodelia química. Tengo 25 años y no he sido nunca un cazador de experiencias psicotrópicas a través de químicos, pero sí he de decir que mi experiencia con las drogas es mayor de la puramente profesional. Soy psicólogo clínico, y trabajo en una comunidad terapéutica para la rehabilitación de toxicómanos.
Esta crítica la voy a enfocar desde dos puntos: la falta de profesionalidad que implica explicar un compuesto químico exclusivamente en función de su uso y los efectos que producen en una sola persona; y la falta de hincapié en la gravedad de las consecuencias que su consumo puede acarrear. Soy el primero en felicitar la opción de olvidar los tabúes e informar sobre la realidad que está detrás de las drogas. Eso sí, me gustaría que se hiciese de un modo más responsable y riguroso, porque nuestra salud es un asunto muy serio, y en este tipo de drogas, su consumo puede tener consecuencias irreversibles.
Una maquetación divertida y un estilo desenfadado y trivial del autor favorece a simple vista que uno se tome el artículo a cachondeo. Esto puede ser gracioso, pero cuando uno piensa que gente joven ávida de experiencias puede hacerse una idea equivocada al respecto del peligro que entraña la experiencia con las sustancias que se describen el asunto cambia. Más aún si en muchas de ellas, a nivel psicopatológico, pueden observarse consecuencias devastadoras. Propiedades farmacológicas aparte (que por cierto omitís por completo) las sustancias que se describen en el artículo dan pie a experiencias psicotrópicas variopintas y a hilarantes interpretaciones de sus resultados, y son referidas con un total desenfado (“versión divertida de la esquizofrenia”, “tras ingerirla se le fue la pinza y acabó en un hospital atado con correas”).
Yo puedo decirles que en mi trabajo todavía no he conocido a nadie que hable irreverentemente de experiencias psicotrópicas que le indujeron un brote esquizofrénico de tipo paranoide o siquiera de los beneficios que el consumo le ha otorgado en su vida. La toxicomanía es uno de los retos terapéuticos más grandes a los que un profesional de la salud mental puede enfrentarse. Y les estoy hablando de opiáceos, alcohol, anfetamina, cannabis, ketamina o metilfenidato. Imaginar este mismo reto con 2CE (o el sumidero, como la habéis bautizado) me resulta casi imposible.
IÑIGO FERNÁNDEZ GOÑI
Vía email.
¿Psicólogo clínico? ¿Te podemos hacer un pedido, colega? Nada, cuatro cosillas. A ver: comprendemos tu punto de vista, pero a nosotros frases como “un trance similar a la muerte”, “nunca debí hacerlo”, “posibles daños cerebrales irreversibles” o “un miligramo de más puede suponer un brote sicótico permanente” no nos suenan muy tentadoras, la verdad. La autora deja claro que son drogas extremadamente peligrosas. Y rehusar la publicación del artículo en base al mal uso que pueda hacerse de la información que contiene implicaría por parte nuestra un acto de autocensura y una falta de confianza en la madurez y buen juicio de los lectores. Y eso sí que no.
Si queréis escribirnos, hacedlo a vice@vice.es o a
VICE, C/ Palma de Sant Just 9 ab, 08002 Barcelona, España.
Vuestro correo puede ser acortado por razones de espacio.
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