Me hice amigo de un tío que asaltó 60 bancos

Por Theo Kindynis

Esta es la pinta que tienen todos los atracadores de bancos.

 

Todo atracador de bancos es un antihéroe glamuroso, altamente organizado y con una mandíbula bien definida, que está más interesado en ayudar a su comunidad que en él mismo. Porque es evidente que la razón por la que esta gente arriesga su vida por cantidades descomunales de dinero y posibles décadas en prisión, es poder regalar el pastizal, y después pasar el día impasible y dolorido. Esa es la finalidad -un triunfo al final de tanto esfuerzo, como cuando Lincoln liberó a los esclavos, o como cuando Adam Sandler logró hacer que todo el mundo odiara todo lo que hace.

De hecho -y esto te sorprenderá- si nos basamos en las estadísticas publicadas por el FBI, los atracadores de bancos no son para nada así. Al parecer, los atracos a bancos son crímenes de desesperación “nada sofisticados y nada profesionales”, cometidos por hombres jóvenes sin muchos antecedentes. Las películas mienten, amigos. ¿Quién se lo podía imaginar? La mayoría de atracos se realizan con poca o nula planeación, lo que hace que los criminales cometan errores tan básicos como esconder su identidad o tener un plan de escape. Básicamente, los atracadores de bancos no son tan astutos ni sofisticados como Hollywood nos hace creer.

Todo esto explica por qué, según un estudio, el robo medio en el Reino Unido es de 20.000 libras y sólo 1.900 dólares en Estados Unidos. Y una vez que divides eso entre tu equipo y tu chofer, te tienes que preguntar si vale la pena correr el riesgo. La conclusión del estudio: “Las ganancias tras robar un banco, para ser honestos, son una basura. Como trabajo, el robo de bancos deja mucho que desear”.

Un amigo mío está esperando ser juzgado por un crimen no violento en una prisión federal de Nueva York, MCC NY. Me sorprendió descubrir que la prisión había emparejado a Tim, un hombre prácticamente inocente sin antecedentes, con un compañero de celda conocido como “Criminal Sha”, un reconocido atracador de bancos, quien ha aparecido en America's Most Wanted en varias ocasiones durante los últimos 20 años y supuestamente cometió más de 60 atracos. Siempre me han fascinado los atracadores de bancos, así que decidí contactar con Sha (nombre real: Eric Manson).


Eric Manson, mejor conocido como "Sha".

Sha creció en Brooklyn, y según él, “siempre tuve un pequeño delincuente en mí”, y aunque nunca aspiró a llevar una vida de crimen, me cuenta como luchó por superarse desde joven. “No dije, ‘A la mierda, en vez de ser un doctor o un jugador de fútbol, quiero ser un atracador de bancos’. Pero conforme entré en la adolescencia y conocí el poder del dólar, mi vida cambió para siempre. Siempre me gustaron las viejas películas en blanco y negro; y ver a los actores representar la vida en los barrios me parecía genial. Cuando todos querían que el malo muriera, yo lo quería ver vivir, y cuando los cowboys luchaban contra los indios, yo estaba con los indios”.

Sha hizo su debut criminal con 15 años en un McDonald's, donde pidió 30 euros de comida rápida antes de salir corriendo sin pagar. Después de ese primer canapé criminal, Sha pronto se diversificó, y pasó los siguientes años “cometiendo toda clase de crímenes menores”. 

“En fin, con el tiempo, llegó la hora de agarrarme las pelotas. Siempre escuché historias sobre cómo la gente del vecindario asaltaba bancos y camiones blindados. Yo quería coger experiencia con los grandes”. Así que, a los 17 años, Sha asaltó su primer banco. Fue algo poco sofisticado, aunque quizá uno de los asaltos más pensados.

Sha encontró un banco suficientemente lejos de su vecindario, y sin cristales de seguridad. Para evitar se reconocido, se puso una gorra, gafas de sol y fingió ser cojo. En cuanto el banco abrió por la mañana, entró en el lugar y amablemente le pidió al agente del mostrador que le entregara todos los billetes de cincuenta y cien dólares. Metió el dinero en las bolsas y cojeó hasta la puerta para huir. Cuando regresó a casa, se sentó en la cocina (todavía lleno de adrenalina) y empezó a contar el dinero: “No era ningún fumador compulsivo, pero encendí un Newport. Saqué el dinero y lo puse en la mesa. Nunca había visto tanto dinero en mi vida, ¡fue una locura! Creo que lo conté veinte veces: 10.800 dólares, y no estuve en el banco ni un minuto. Me sentía rico”.


Este no es Sha, sino otro atracador de bancos. Por si no sabéis qué pinta tienen.

Fue dinero fácil, rápido y adictivo. No había vuelta atrás. “Después de mi primer trabajo, empecé a mejorar mis disfraces y a ser más atrevido con los asaltos. La gente habla de la vida de las estrellas de rock, pero ésta era la buena: coches, abrigos de piel, diamantes, chicas, drogas. Me follaba a las tías más buenas, comía la mejor comida. Regalaba dinero a familias, amigos y a cualquiera con una historia trágica. Así me gasté un millón de dólares.

“Salía de fiesta con todo tipo de famosos: estrellas del porno, deportistas, todo. No voy a decir nombres por respeto, pero me metía coca en casas de todas esas chicas que ves en televisión. Muchas de esas chicas eran más fiesteras que las estrellas porno. Estaba muy metido en la escena sado, y solía sacar a pasear a una mujer por el jardín con una correa de perro y la hacía dormir en la caseta del perro. Era una de mis ‘esclavas’. Ahora es una gran estrella”.

Sha asaltaba cada vez más bancos para mantener su estilo de vida de Playboy: “Mi estilo de vida implicaba robar un banco, quedarme pobre, y robar otro banco. La gente me preguntaba por qué no me detenía cuando tenía una cierta cantidad. Nunca me impuse un límite”.

Por desgracia, robar bancos no siempre fue tan fácil como pedirle el dinero al cajero y, en más de una ocasión, Sha tuvo que recurrir a métodos más directos para mejorar las cosas. “He tenido que sacar mis armas un par de veces, y eso no me gustó nada. Nunca he disparado ni matado a nadie, pero estaba listo para hacerlo. Una vez tuve que perder el control en Los Ángeles. Entré en el banco pensando: ‘Otro día en el trabajo’, pero cuando le pedí el dinero a la cajera, me miró como si fuera un maldito ruso o algo, ¡y me dijo que me largara!

"Cuando escuché eso enloquecí. Salté al mostrador, saqué un revolver .45, una pistola muy escalofriante, con un largo cañón de acero, y disparé un par de veces para hacerlo todo más dramático. Salté del otro lado del mostrador y vi un carrito lleno de dinero. Llené mi mochila con fajos de diez, veinte, cincuenta y cien. De camino a la salida le dije a todos que contaran hasta 50 antes de llamar a la policía. Cuando llegué a casa, tuve que tranquilizarme con un chupito de Hennessy. Conté el dinero y eran 94.000 dólares; es la cantidad máxima que he sacado en un solo asalto”.


Sha fuera de la cárcel.

A lo largo de los años, los bancos han inventado un sinfín de métodos para engañar a los atracadores de bancos, como las "bombas de tinta", unos pequeños explosivos a control remoto que se esconden en fajos de billetes. Una vez que cruzan la puerta del banco, el radiotransmisor activa un contador, y después el paquete explota, bañando al asaltante con una mezcla de colorante rojo y gas lacrimógeno.

Sha me explicó su brusco, pero efectivo método para evitarlos: “Al principio de mi carrera descubrí que los cajeros están entrenados para darte dinero y, si pueden, incluir un paquete marcado. Un paquete marcado es como un fajo de billetes cualquiera, pero estalla cuando sales del banco. Me pasó sólo una vez. Después de ese día le decía al cajero, hombre o mujer, ‘si me das una bomba, volveré y te volaré la cabeza’. Nunca más me dieron uno. Lo único que los bancos tienen que hacer es contratar a un guardia armado y tener un cristasl blindado entre el cliente y el cajero. Quizá esto no los detenga a todos, pero te aseguro que el robo de bancos bajaría un 75 por ciento. ¿Pero adivina qué? Nunca lo van a hacer. ¿Por qué? Dinero. Lo que pasa con los atracos a bancos es que los bancos quieren que les robes. No es broma”.

Sha me explicó que ha sido acusado varias veces de robar más de lo que se llevó, para que los bancos puedan reclamar el dinero a las aseguradoras. Según él: “Eso demuestra que todos tienen un pequeño delincuente dentro. Los ricos cometen crímenes todos los días, la única diferencia es que no usan un arma”.

No pude evitar pensar que esa no era la única diferencia entre los criminales de cuello blanco y personas como Eric Manson. Es poco probable que los criminales financieros de clase media sean condenados a prisión, mientras que Sha ha pasado casi la mitad de su vida entre rejas, incluyendo una condena de 16 años.

“Lo malo de asaltar bancos es la parte en la que vas a prisión. El mundo continúa mientras tú estás en la cárcel. Quizá esté rodeado de mil convictos, pero la prisión es un lugar muy solitario. Antes de llegar a prisión por primera vez, tenía cien amigos; cuando salí, tenía cinco. No asaltéis bancos ni cometáis crímenes. Esta vida es una mierda. Un buen amigo me dijo hace mucho: ‘Si no puedes ser bueno, sé bueno en esto’. Pero no creas que puedes asaltar bancos o cometer crímenes el resto de tu vida sin ir a prisión. Sé inteligente”.

Sha está esperando su juicio y, como tal, su fecha de liberación sigue pendiente, pero una vez que salga, pretende poner fin a su vida de crimen y reconvertirse.

“Llevo casi cuatro años en este agujero. Ya he tenido suficiente. Creo que tengo un gran futuro; libre de crimen, por supuesto. Desde que estoy aquí he tenido muchas ideas de negocios, y cuando tenga éxito, no tendré que mirar sobre mi hombro, preocupado porque las autoridades quieran quitármelo todo. Sólo quiero una oportunidad para cuidar a mi familia, divertirme y disfrutar el resto de mi vida.

“Eres un buen hermano, Theo. Estoy seguro de que tú y yo nos volveremos a ver en un futuro cercano, iremos a un partido de fútbol, tomaremos unas cervezas, nos meteremos mucha coca y nos chuparán la polla. Si alguna tía buena quiere contactarme, que me escriba a:

Eric Manson

01558112

MCC New York
150 Park Row

New York, NY
10007 USA

Con amor,
Criminal Sha”

Sigue a Theo en Twitter: @TheoKindynis

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