Noticias
Un Joven Que Fue Miembro...
ENTREVISTA DE BRUNO BAYLEY, FOTO DE BEN FREEMAN
|
|
Puede que los británicos se hayan ido de Irlanda del Norte y que el IRA se haya retirado del servicio, pero las zonas Lealistas (los tipos que adoraban a la Reina y odiaban al IRA) siguen estando en manos de matones paramilitares. ¿Os sorprende? No debería. ¿Acaso creía alguien que décadas de odio y derramamiento de sangre habían dejado paso de la noche a la mañana a las flores y las sonrisas sólo porque unos cuantos soldaditos se han ido a otro sitio?
Las zonas Católicas no son remansos de paz, pero son como los Campos Elíseos en comparación con el barrio Protestante Lealista de Tiger’s Bay, en el que pasé un fin de semana no hace mucho.
Los paramilitares son policías y delincuentes, todo en uno. Pese a que ya no haya un IRA contra el que luchar y, en consecuencia, ya no haya causa política, sus soldados están tan inextricablemente unidos al modo en que opera el submundo criminal que les es imposible dejar de cometer sus abusos habituales, como por ejemplo embrear, emplumar y destrozar las rodillas en plena calle a los miembros de bandas locales (básicamente gamberrillos irlandeses de poca monta). Sus métodos de actuación son muy parecidos a los que emplean las mafias americanas en los ghettos. Están involucrados en represalias (palizas, vaya), crimen organizado y actos de presión a los hombres jóvenes para que se unan y se conviertan en versiones en miniatura de ellos mismos.
Durante mi estancia en Tiger’s Bay, conocí en un albergue juvenil a un muchacho llamado George. Bebimos Coca-cola y charlamos. Me contó que le habían avasallado para que se hiciera miembro de una organización Lealista, pero también se pasó media entrevista negando haber participado en sus actividades paramilitares. No obstante, acabó mandándolo todo al cuerno y contándome, entre otras cosas, que a un colega suyo le volaron la cabeza.
Vice: De modo que los paramilitares Lealistas todavía controlan áreas como Tiger’s Bay…
George: Sí. Tienen un gran poder sobre la población. Controlan quién entra y quién sale de la zona.
¿Y a los católicos no les dejan entrar?
¡Ja! Matarían a cualquier católico que se aventurase por la calle equivocada, pero en el día a día les preocupan más las Fuerzas Voluntarias del Ulster de Mount Vernon.
Pero es otro grupo Lealista, como el tuyo.
Sí, pero mi grupo es la Asociación de Defensa del Ulster, de Tiger’s Bay, y ellos son las Fuerzas Voluntarias del Ulster, de Mount Vernon. Dos facciones diferentes. No se llevan muy bien entre ellas [risas].
Pese al fin del conflicto, las bandas armadas y pequeños ejércitos que actuaban entonces lo siguen haciendo.
Sí, pero sólo en zonas Lealistas. Antes de que el conflicto llegara a su fin yo odiaba a los católicos, pero ahora cuento algunos entre mis mejores amigos. Los católicos tienen suerte, en sus áreas ya no hay presencia paramilitar. Por aquí, los “paras” pueden matar a cualquiera que no les guste. Se creen que ellos son la ley.
¿Te enfrentaste a los católicos cuando eras más joven?
Sí. Cada noche, en los limites entre una zona y otra. Park Avenue, Alexander Park… Hay un “muro de la paz” justo en medio. Ellos nos insultaban, decían cosas como “cabrón orangista”, “puto orangista”, y nosotros les respondíamos. Después venía el intercambio de lanzamientos de botellas y ladrillos, siempre sin dejar de gritarnos. Era como una escena de Braveheart.
¿Las peleas estaban organizadas?
Sí. Tú ibas allí y ocupabas una de sus casas, entonces ellos iban y ocupaban una de las nuestras. A un lado y a otro, y así todo el día. En Tiger’s Bay había una sirena, y cuando sonaba corríamos a toda prisa a la zona limítrofe. Si estabas muy lejos cogías un taxi. Cualquier cosa con tal de no perderse la acción.
¿Qué hay de la inmigración en Belfast? ¿Te supone algún problema?
Me desagradan profundamente los negros y los polacos. Aquí no tenemos trabajo para todos. Vienen aquí, nos roban los puestos de trabajo y encima se ponen chulos en los bares. Te miran y se ríen. En este barrio hay centenares, doce o más en cada casa. Y todos son polacos, rumanos o negros. Tienen más derecho a un trabajo que yo. Se quedan todos los beneficios.
¿Y qué me cuentas de esta nueva banda, los “hoods”? Son gamberros hijos de paramilitares, ¿no?
Me dan asco. Son unos mierdas. Criminales. No entiendo a esa gente. Robar en una tienda no es grave porque una tienda tiene un seguro. Robar en casas de otras zonas tampoco es grave. Pero robarle a la gente de tu propio barrio está rematadamente mal. Lo que les vuelve locos es estar todo el puto día drogándose.
¿Son las drogas un gran problema en tu zona?
Las drogas de prescripción médica, sobre todo, pero también la coca y la hierba.
¿Los “paras” se ponen duros con los chicos que toman drogas?
¡Son los paramilitares quienes se las están vendiendo! Tanto la UDA como la UVF trafican con drogas. El IRA nunca vendió drogas. Si esos tíos te pillaban traficando, estabas muerto. Así de simple.
¿Cómo recluta la UDA nuevos miembros?
Prestan a los chicos grandes sumas de dinero que saben que no les van a poder devolver, entonces les dicen que si no están con ellos están muertos.
¿Conoces gente que se les haya unido?
Sí. Pero nadie por razones políticas. Entre Mount Vernon y Tiger’s Bay hay una larga disputa. Aquí manda la UDA y allí la UVF. Los chicos de Tiger’s Bay son objetivos para los pistoleros de la UVF, así que se unen a la UDA en busca de protección. Una vez dentro de la banda sólo hay dos formas de salir: hacerte cristiano o pagar. Unas dos mil libras.
¿A qué grupo te uniste tú?
Al UYM, las juventudes del UDA. Me uní porque si no me iban a pegar una paliza de muerte. Me acorralaron 30 chavales del UVF en una calle de Mount Vernon. Mientras me pegaban oí a uno de ellos romper una botella, aunque no llegaron a usarla. Tuve que correr. Afortunadamente una mujer me metió en su casa. Me dijo, “Quédate aquí”. La banda estaba fuera, en la calle, esperando a que saliera, así que hice unas llamadas a unos cuantos adultos de Tiger’s Bay. Miembros de la UDA. Me sacaron de allí. Después de eso empecé a recibir amenazas de muerte, así que me tuve que unir al UYM.
¿Sigues con ellos?
No. Estuve con ellos un año. Mi padre me sacó. Es predicador.
¿Qué cosas implicaba ser miembro de un grupo paramilitar protestante?
Reuniones, una vez al mes. Yo me quedaba dormido. A veces, cuando en algún sitio había bronca, se nos decía que estuviéramos allí, preparados para entrar en acción. Había algunas restricciones, como no pegar a nadie si no te pegaban a ti primero.
¿Ibas armado?
En realidad no. Fabricamos unas cuantas bombas. Eso es todo. Cuando estaba en la UYM vi morir a un colega mío. Una bomba de gas le reventó media cabeza. Los católicos tiraron la bomba por encima de la valla de separación. Él quiso devolverla, pero sólo llegó hasta aquí [pone la mano a un lado de su cabeza].




Noisey
Triángulo de amor bizarro
The Creators Project
Entrevista a Interpol
Noisey
Za!
The Creators Project
Spike Jonze
Noisey
Edredón
The Creators Project
Florence + the machine
Comentar