FOTOS DE STUART GRIFFITHS

Al noreste de Liverpulandia, en la zona conocida como Croxteth, se yergue una antigua y deliciosa casa solariega, de la que unos 500 acres de su terreno circundante fueron transformados en parque en 1972. Las familias van allí durante todo el año para retozar en la hierba, comer helados y montar en los columpios. Idílico a tope, ¿no?
Por desgracia para los campistas, el área que rodea el parque está controlada por bandas armadas con ametralladoras caseras. La media de edad de sus componentes es de 15 años. Estos chicos pasaban inadvertidos, invisibles al ojo público, ocupados en sus diarios quehaceres, como dispararse unos a otros y proveer a los yonquis locales de su dosis de heroína y crack. Hasta que hace un año, durante una trifulca, uno de ellos disparó a la cabeza por error a un chaval de 11 años llamado Rhys Jones.
El escritor especializado en crímenes reales y reportero encubierto por excelencia, Graham Johnson, y el fotógrafo Stuart Griffiths, viajaron poco después del suceso a Croxteth con el objetivo de indagar a fondo en las vidas de los críos que están al frente de estas bandas. Éste es el material con el que regresaron.
Vice: Cuéntanos algo de los pandilleros que has ido conociendo.
Graham Johnson: Está ese chico de 14 años del área de Huyton que estaba en una banda llamada Moss Edz. Le vamos a llamar John. Una vez hablamos mientras él fregaba los cacharros en la cocina de su madre y me contó que había estado involucrado en unos 30 incidentes con armas de fuego, y eso incluía disparar a miembros de las bandas rivales, ser disparado por ellos, y “rociar” casas, acribillarlas con metralleta. Me explicó que si alguna vez tenía que evitar que le pillasen por culpa de las pruebas forenses, lo que haría sería quemar sus “Lowies”, el uniforme de la banda. Consiste en ropa de montaña Lowe Alpine, zapatillas Reebok y sombreros de trampero, todo de color negro. Oh, y también pasamontañas.
Una imagen potente. Me gusta.
Se lavan las manos con gasolina para eliminar los restos de pólvora. Me contó todo esto mientras se tomaba su almuerzo. Caramelos Haribo, una bolsa de patatas fritas, una barrita de chocolate y una botella de Lucozade.
Suena delicioso, pero no muy nutritivo. ¿Conociste a alguno de sus amigos?
Sí. El líder de la banda era otro chico de 14 años llamado Lee. Le conocí a él y a otro chico, Kevin, que recibió un balazo en la pierna cuando tenía 12. Me dijeron que al hermano mayor de Kevin, Alfie, de 17 años, le dispararon en el culo y tuvieron que llevale en taxi al hospital. Ese mismo día conocí a Alfie. Le pregunté cómo era eso de recibir un disparo y me contestó que era una cosa normal. Que no dejaba que eso le diera por culo.
¿Por qué le dispararon?
Había insultado a la madre de un camello local.
¿Y que pasó cuando salió del hospital?
Disparó con un rifle a la casa de la madre del camello. En respuesta, el camello fue a la calle en la que vivían Alfie, Kevin y Lee y disparó con una semiautomática al aire, al interior de las casas y a los callejones donde suelen ir los chicos a vender drogas.
Ah, y entonces llegaría la poli y le reducirían a punta de pistola, ¿no?
Qué va. Me dijeron que nadie llamó a la poli, que dejaron que el tío se desfogase. Ese camello tenía conexiones con una banda rival, los Dovey Edz, del área vecina de Dovecot, y que cosas así sucedían siempre. Hace diez años o algo así hubieran ajustado cuentas a puñetazos o a navaja, pero ahora todos los chavales pequeños tienen acceso a las armas de fuego. Puedes comprobarlo tú mismo, sólo tienes que mirar en YouTube. Se graban en vídeo con pistolas y conduciendo coches robados por las urbanizaciones mientras escuchan rap. A menudo sus vídeos contienen mensajes dirigidos a las bandas rivales, en plan “Vamos a ir a por vosotros, os vamos a matar con nuestras armas”
CONTINUED
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Al noreste de Liverpulandia, en la zona conocida como Croxteth, se yergue una antigua y deliciosa casa solariega, de la que unos 500 acres de su terreno circundante fueron transformados en parque en 1972. Las familias van allí durante todo el año para retozar en la hierba, comer helados y montar en los columpios. Idílico a tope, ¿no?
Por desgracia para los campistas, el área que rodea el parque está controlada por bandas armadas con ametralladoras caseras. La media de edad de sus componentes es de 15 años. Estos chicos pasaban inadvertidos, invisibles al ojo público, ocupados en sus diarios quehaceres, como dispararse unos a otros y proveer a los yonquis locales de su dosis de heroína y crack. Hasta que hace un año, durante una trifulca, uno de ellos disparó a la cabeza por error a un chaval de 11 años llamado Rhys Jones.
El escritor especializado en crímenes reales y reportero encubierto por excelencia, Graham Johnson, y el fotógrafo Stuart Griffiths, viajaron poco después del suceso a Croxteth con el objetivo de indagar a fondo en las vidas de los críos que están al frente de estas bandas. Éste es el material con el que regresaron.
Vice: Cuéntanos algo de los pandilleros que has ido conociendo.
Graham Johnson: Está ese chico de 14 años del área de Huyton que estaba en una banda llamada Moss Edz. Le vamos a llamar John. Una vez hablamos mientras él fregaba los cacharros en la cocina de su madre y me contó que había estado involucrado en unos 30 incidentes con armas de fuego, y eso incluía disparar a miembros de las bandas rivales, ser disparado por ellos, y “rociar” casas, acribillarlas con metralleta. Me explicó que si alguna vez tenía que evitar que le pillasen por culpa de las pruebas forenses, lo que haría sería quemar sus “Lowies”, el uniforme de la banda. Consiste en ropa de montaña Lowe Alpine, zapatillas Reebok y sombreros de trampero, todo de color negro. Oh, y también pasamontañas.
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Se lavan las manos con gasolina para eliminar los restos de pólvora. Me contó todo esto mientras se tomaba su almuerzo. Caramelos Haribo, una bolsa de patatas fritas, una barrita de chocolate y una botella de Lucozade.
Suena delicioso, pero no muy nutritivo. ¿Conociste a alguno de sus amigos?
Sí. El líder de la banda era otro chico de 14 años llamado Lee. Le conocí a él y a otro chico, Kevin, que recibió un balazo en la pierna cuando tenía 12. Me dijeron que al hermano mayor de Kevin, Alfie, de 17 años, le dispararon en el culo y tuvieron que llevale en taxi al hospital. Ese mismo día conocí a Alfie. Le pregunté cómo era eso de recibir un disparo y me contestó que era una cosa normal. Que no dejaba que eso le diera por culo.
¿Por qué le dispararon?
Había insultado a la madre de un camello local.
¿Y que pasó cuando salió del hospital?
Disparó con un rifle a la casa de la madre del camello. En respuesta, el camello fue a la calle en la que vivían Alfie, Kevin y Lee y disparó con una semiautomática al aire, al interior de las casas y a los callejones donde suelen ir los chicos a vender drogas.
Ah, y entonces llegaría la poli y le reducirían a punta de pistola, ¿no?
Qué va. Me dijeron que nadie llamó a la poli, que dejaron que el tío se desfogase. Ese camello tenía conexiones con una banda rival, los Dovey Edz, del área vecina de Dovecot, y que cosas así sucedían siempre. Hace diez años o algo así hubieran ajustado cuentas a puñetazos o a navaja, pero ahora todos los chavales pequeños tienen acceso a las armas de fuego. Puedes comprobarlo tú mismo, sólo tienes que mirar en YouTube. Se graban en vídeo con pistolas y conduciendo coches robados por las urbanizaciones mientras escuchan rap. A menudo sus vídeos contienen mensajes dirigidos a las bandas rivales, en plan “Vamos a ir a por vosotros, os vamos a matar con nuestras armas”
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