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      Otras formas de decir “¿Quedamos para follar?”

      August 2, 2013

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      El mundo del flirteo es algo delicado, la sutileza es el florete con el que debemos firmar todas nuestras acciones. Ir demasiado deprisa puede hacer que tropecemos con esa piedra que hay en medio del camino pero a la vez, ir insultantemente poco a poco, sin valentía, puede ser el más fatal de los errores y puede acarrear que nunca lleguemos a la meta. Maldita sea, eso ha sido una metáfora cojonuda, ¿verdad?

      Con los recién descubiertos mensajes electrónicos del Duque con su amigo/compañero Jaume Reguant, creo necesario verter un poco de verdad sobre el asunto de las artes del flirteo. Digamos que la frase “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar y follar…que de follar no te libras” no es la mejor manera de proponer un coito. No vamos a entrar a debatir si esa frase iba en serio o si era una forma de hablar entre colegas (al fin y al cabo Urdangarin estaba hablando con un tipo que se hace llamar “Demoniete”) pues el presente artículo solamente ha tomado la frase como detonador para analizar cierta conducta humana, además, a un servidor le importa una mierda si a Urdangarin le gusta rellenar su trasero con palos de carne. Mi objetivo es, cual Cyrano de Bergerac, ayudaros con vuestras conquistas, ser el hombre en la sombra que susurra agradables poemas al oído de vuestras amantes. Utilizar frases como la que espetó el Duque tiene que formar parte del pasado, recuperemos la sensatez y el arte del flirteo.

      Lo primero en tener en cuenta es el canal. Enviar una proposición de esta índole por mail no tiene ningún sentido. No toleraremos ni mail, ni whatsapp, ni SMS, ni Facebook, ni nada de eso. A través de estos canales no existen la aventura, la emoción ni el reto. Cualquiera puede mandar un mensaje de amor así, incluso un mono borracho sin brazos. El canal perfecto es siempre el “cara a cara”, pero si eso no es posible recomiendo la misiva de papel o la llamada telefónica. Es importante que en estas comunicaciones participe alguno de nuestros sentidos perceptivos más sensuales. En el “cara a cara” utilizamos los sentidos del tacto y del olfato y al recibir una carta, el tacto de la tinta sobre el papel nos evoca al rostro de nuestro amante, acariciando las sensuales tramas de un buen papel Galgo. La llamada telefónica, en menor medida, juega con la inmediatez que también proporciona el “cara a cara”, pero la distancia que se crea entre los interlocutores es muy interesante. Esa voz rota, el tartamudeo de la duda y la vergüenza se perciben perfectamente. Digitalmente el único sentido que podemos utilizar es el de la vista, y éste es el más pervertido y engañoso de todos ellos. Es el que nos ha abocado irremediablemente hacia esta cultura de la imagen que nos está destruyendo.

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      Bueno, analicemos ahora la frase del Duque. Lo que debemos tener muy claro es que nuestras intenciones no se pueden plasmar directamente en el discurso. NO PUEDEN aparecer las palabras “follar”, “hacer el amor”, “cita sexual” o “casquete”. Tus intenciones reales deben permanecer ocultas bajo un velo poético, es por eso que, como en los tiempos de la censura, debemos ocultar el mensaje con eufemismos y sutiles juegos retóricos. Un exceso de ellos puede diluir el mensaje, así que hay que saber mantener el control. Por ejemplo, esta frase no se podría entender de ningún modo y la campaña sexual no se llevaría a cabo:

      “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar y así podremos deshacernos como miel por encima de la brillante superficie de un mar de cerezas cristalinas y estallar como volcanes que escupen pájaros que se lanzan hacia el vacío del devenir más absoluto y rotundo”.

      Menuda mierda, con esta frase se pierde la idea que queremos transmitir. Debemos jugar con las metáforas y las imágenes evocadoras. Éste sería un ejemplo correcto:

      “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar y luego miremos como florecen los pétalos rosados de los tulipanes.”

      Las flores, menudo clásico. Si no te sientes identificado con este tipo de malabares poéticos, prueba con imágenes más cotidianas como:

      “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar y así luego visitamos ese museo de arte moderno que tienen tus padres en París.”

      Mucho mejor joder, la sutileza sexual siempre se acentúa si nombramos la ciudad del amor y lo de los museos te deja como un tipo de buena casta. Si buscas algo más sofisticado y urbano puedes probar con algo así:

      “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar así luego nos tomamos unos mojitos y lo que surja.”

      “Lo que surja” siempre es un buen compañero pero utilízalo con cuidado. Hay muchos ejemplos, ahí van unos cuantos más, regalo de la casa:

      “Dime cómo estás el viernes para comer o para cenar; mejor para cenar así le ponemos un poco de pimienta al bistec.” En vez de lo del bistec puedes decir “nos comemos unos tranchetes”, “nos echamos una partida al Risk”, “vamos a escuchar unos discos de punk”, “daremos un golpe de timón sobrecogedor”, “bailemos en horizontal”, “démosle hielo al pingüino” o mi favorita personal “Mándame un e-mail que te abriré mi buzón y te hago un rinconcito en el archivo de mi corazón.” #findelacita

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