Pajas a la antigua

Por Pol Rodellar

El otro día me planteé un reto. Era ya tarde por la noche, no tenía planes para salir y estaba solo en casa. Lo más normal hubiera sido que después de hacer una vuelta por Facebook me hubiera bajado los pantalones y calzoncillos y vía orgasmatrix.com o cangrejas.com hubiera dado un paseo con mi góndola de carne, pero no, decidí complicarme las cosas y tomármelo a la vieja usanza. Pensé, "qué coño, sácate el cimbrel y hazte una paja de esas como las de antes". Con eso me referí a hacerlo mirando los canales nocturnos de la televisión. Y es que ahora con internet el tema de la masturbación carece de encanto, ha perdido todo lo que hacía de este acto algo único y precioso. Se ha convertido en algo mecánico e infalible, porque sí, masturbarse también es intentar hacerlo y fallar. Con internet el masturbador contemporáneo va directo a lo que sabe que le satisface, sin trabas, sin problemas, sin montañas nevadas que atravesar, coge el tag favorito y obtiene lo que quiere de forma inmediata.

El acto de la masturbación tiene que ser algo lento, peligroso, trabajado y romántico. La espera es esencial, como cuando un ornitólogo lleva 15 horas esperando el avistamiento de ese pinzón azul huidizo que se le ha estado escampando durante toda la temporada.

Así pues, me dirigí al salón donde el televisor, nuevo maestro de ceremonias del acto onanista, me estaba esperando. El televisor es un curioso amigo, puede proporcionarte lo que quieras pero no siempre cuando quieras ni de la forma que quieras. El primer paso fue encontrar los canales que ofrecían material audiovisual catalogado como pornografía y/o erotismo. Esto puede parecer algo sencillo pero realmente es una tarea complicada pues con la nueva TDT hay demasiados canales y solamente unos 8 tienen el oro que deseamos, todo lo demás son pitonisas que echan las cartas del tarot, programas de concursos y Españoles por el Mundo. Con todos estos canales tuve que ir memorizando los que me interesaban. Resultaron ser unos 8 pero debido al pequeño tamaño de mi cráneo tuve que apuntarlos en un papelito. Ya os he dicho que la masturbación clásica no es algo sencillo, de hecho es todo un ritual.

Una vez localizados los canales la idea era ir constantemente alternando entre ellos hasta dar con el momento pornográfico o erótico que más me contentase. Por lo general la oferta era bastante mediocre y desesperante, digamos que hacía unas siete vueltas completas a todos los canales seleccionados por minuto. Esta es la gran diferencia que encontré entre la nueva y la vieja era de la masturbación. En la nueva consigues lo que quieres y en la vieja te tienes que adaptar a las circunstancias e intentar sacarles el máximo provecho. Tienes que ir a la tele a ver qué ofrece, como si estuviéramos en los tiempos en los que solamente había TV1 y eso era todo lo que los españoles podían ver. Cuando te masturbas delante de la tele tienes que aprender a esperar, a veces tienes que vivir un suplicio para poder encontrar lo que deseas, tienes que ser paciente y aprender a contentarte con la oferta que haya disponible en ese momento. Si normalmente te gustan rubias puede que hoy te toque bailar con una morena, ya me entendéis. Realmente la situación era un poco vergonzosa: un tipo en pelotas sentado en un sofá esperando como un gilipollas la aparición de la imagen perfecta, pero en fin, en peores situaciones nos hemos encontrado. También hay que ser consciente de que existe la posibilidad de no poder terminar con tu cometido, la derrota es un desenlace válido, lícito y necesario. Si la televisión no te ha ofrecido algo mínimamente agradable, cierras la parada y te vas a dormir arrastrando tu estandarte. Con todo esto lo que quiero decir es que lo más importante de las pajas a la antigua es esa idea de LA AVENTURA, de vivir los peligros y decepciones de la vida, de enfrentarte a lo desconocido, de salir a navegar sin un sextante. Internet lo da todo masticado, es el instrumento perfecto de una sociedad cuyos valores principales son la inmediatez, la funcionalidad y el éxito. Pues la masturbación a la antigua es todo lo contrario: lentitud, dificultad y error.

La televisión me ofreció la oportunidad de sorprenderme a mí mismo y encontrarme mirando una escena y unos personajes que NUNCA antes me habrían parecido atractivos, me contenté con ellos porque ya eran las 5 de la madrugada y llevaba como 3 horas sentado en el sofá con la polla en una mano y el mando del televisor en la otra.

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