¿Por qué a todo el mundo le mola la puñetera Carey Mulligan?

Por Julia Iglesias

Al igual que el fascismo, la ascensión de Carey Mulligan al puesto de reina de Hollywood se ha producido sin que nadie se diera cuenta. El otro día me di cuenta de que salía en cuatro de las cinco películas que he ido a ver este año, interpretando en esencia el mismo papel y tocándome las narices durante 90 minutos. Ahora se le verá la jeta en El gran Gatsby, y a mí me da la impresión de que va siendo hora de derrocarla antes de que su poder se haga absoluto y me convierta en una rana o algo así. ¡Maldita bruja!

La detesto.

Y os voy a decir por qué.

Sus expresiones faciales.
Carey Mulligan
¿Véis la captura de pantalla de ahí arriba? Eso es una sonrisita de suficiencia. ¿Sabéis quién hace eso también? Esas chicas barriobajeras con flequillos engominados que te pegan una paliza en la parada del autobús solo para robarte tu bollicao. Y aunque yo esté equivocado y en los dormitorios de Woldingham todavía no se hable entre susurros de sus salvajes pellizcos en los brazos, esa cara sigue siendo la de alguien que ha crecido viendo las películas de Disney y Sabrina. Pues sí, la más grande actriz de su generación ha aprendido básicamente todo lo que sabe del personaje del gato con botas de Shrek 2.

Su voz.

Nunca pensé que diría esto, pero estoy empezando a echar de menos el imperialismo cultural americano. Hace años, si procedías de Bromley y querías triunfar en Hollywood, debías ser capaz de hablar con un acento americano al menos pasable. Un equipo de científicos robó la voz de una chica de Kansas y se la implantaron a Nicole Kidman en la laringe, ¡por el amor de Dios! ¡Eso es dedicación! Carey no tiene esos problemas. Esa perra caradura incluso admite ser un fracaso en las entrevistas. No es solo su acento. ¿Habéis visto An Education? Aunque interpreta a una chica de clase obrera de Londres, suena todo el rato como si estuviera haciendo una mamada.

Es muy, muy aburrida

¿Os habéis dado cuenta de cómo ni en Drive ni en Shame dice muchas cosas? ¿Y que cuando lo hace, siempre es algo de un vulgar y predecible que duele? Yo culpaba de esto a los directores hasta que vi esta entrevista y entendí que, joder, es un robot. No me extraña que los directores se pirren por trabajar con ella. Educarse en un internado borró su personalidad al completo y la sustituyó por una forma de hablar en la que, como en este frase, sigue y sigue y sigue eternamente, diciendo lo mismo todo el rato hasta que el entrevistador, aturullado, no puede por más que asentir.

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