UN VIAJE A VILLASANTA

The power pope

Si hemos de hacer caso a lo que dicen los periódicos, el viaje del Papa a Israel no finalizó con un resultado satisfactorio, al menos para los políticos locales. El emisario de Dios en la Tierra plantó sus pías posaderas en Tierra Santa, dijo algunas de las cosas que Peres y Netanyahu querían oir y alguna que preferirían haberse ahorrado; lo de la admisión de un estado palestino, sin ir más lejos, o lo de la escasa presencia del cristianismo en la región.

Es probable que más de uno se sintiera secretamente aliviado de ver largarse al pontífice y poder de nuevo dedicarse a sus cositas sin la presencia constante de las cámaras, lo cual no ha sido impedimento para que el Ministerio de Turismo israelí, a través de la web Holyland Pilgrimage, haya utilizado a Ratzinger (¿pero hay alguien que le llame Benedicto XVI?), hecho un pincel y con su mejor sonrisa de Aníbal Lecter, como principal reclamo para sus tours turísticos en bicicleta por la tierra prometida.

Admitido, el periplo israelí del actual cabecilla del Vaticano no ha suscitado ni de lejos el mismo nivel grotesco de “popexploitation” que el de Juan Pablo II por España en 1982, que nos expuso a una torrencial tormenta (marrón) de canciones infantiles en su honor, golosinas papales, pósters, pegatinas y demás chucherías, pero lo de utilizar el sacro rostro para intentar vender un paquete turístico por Jerusalén, Nazaret y Belén está sólo un paso por debajo de confeccionar ropa de cama con la faz de Jesucristo que aparece impresa en la Sábana Santa. Eso sí, también es de admitir que la oferta es irresistible, siempre y cuando uno sea un consumado pirado religioso. Todas las frases entrecomilladas son citas textuales:

Primer día: Disfrutar de una “comida bíblica”.
Segundo día: “Tocar las piedras llenas de emoción del Muro de las Lamentaciones”.
Tercer día: Visitar el museo que recuerda a las víctimas del Holocausto (el de la Alemania nazi, se entiende; no otro que sigue en marcha no muy lejos de allí, aunque con otras víctimas).
Cuarto día: “Seguir literalmente los pasos de Jesucristo durante su Via Dolorosa”. Recordando, si quieres, lo mucho que molaba la película de Mel Gibson.
Quinto día: “Imaginarse conquistando, en aquellos años, Jericó bajo las órdenes de Josué”. ¿Qué?
Sexto día: “Atravesar las gloriosas aguas del Mar de Galilea”.
Séptimo día: Visitar el lugar donde aconteció el milagro del cerdo gadareno (¿desea saber más? Mateo 8:28-34, Marcos 5:1-13) y donde Jesús curó a un ciego.
Octavo día: “Visitar el Puerto de Herodes”. Y si no te gusta te jodes.

Obviamente, entre una y otra R.O.A. (Religion Oriented Attraction) siempre dispondrás de unas cuantas horas libres para irte de vinos o, como buen turista, pillarte una concubina por treinta minutejos o una horita. Porque, vamos a ver, seamos serios: ¿qué clase de Tierra Prometida sería una en la que no hubiera descendientes de Agar, Bilha y Zilpa? ¡Hala, shalom!

ABRAHAM NEWMAN

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