Video Games Killed The Radio Star




SBK 09
Compañía: Koch
Plataforma:
PS3

¡Ahhhhh! ¡Las motos! Esos útiles pero también diabólicos aparatejos que producen un ruido de diez mil pares de cojones grandes como globos aerostáticos y que tanto gustan a los quillacos y al colectivo drogodependiente. A los primeros les va el rollete duro tipo competición (este juego sin duda es para ellos) y a los otros lo que les mola es el estilo ciclomotor de traficante de, pongamos por caso, la Costa Brava o la Costa del Sol (por cierto, señores desarrolladores: todavía no ha salido ningún juego de carreras de motillos trucadas, ¿a qué están esperando? ¡Hay mercado!) Bien, a lo que íbamos. Lo que tenemos aquí es una bestialidad de gráficos de una definición aplastante, con más polígonos que el extrarradio de Sabadell, que reproduce al dedillo el campeonato del mundo de motos. Paddock, boxes, cascos, parrillas, tubos de escape, pedorretas… Técnicamente el invento convence, la verdad. Los fanáticos de este rollo estarán más contentos que Paris Hilton con un cipote en cada mano porque los pilotos están ahí, bien reproducidos, e incluso las motos, el meollo de la cosa se mire como se mire, están sacadas de la realidad tal cual, Pascual. El juego es dinámico y se deja magrear, acoge en su seno como el niño Jesús de la plegaria, la curva de aprendizaje no es exagerada—incluso a ti te resultará fácil meterte en la mecánica de conducción, cacho torpe—y los gráficos están muy a la altura de las circunstancias; es lo que tiene la Play 3. Y tened cuidado con el sonido, porque esto peta más que el radiocassette de Gervasio de Fer. Sólo echo de menos una cosa: ¿dónde están Ángel Nieto y sus míticas resacas?

EL ENANO DE CARNIVALE




STAR OCEAN: THE LAST HOPE
Compañía: Square Enix
Plataforma: Xbox 360

La jugabilidad lo es todo. Y Star Ocean es un derroche de jugabilidad de los que dejan marca. Un juego de rol moderno, fluido, eficaz y adictivo. No nos engañemos, una de las mayores jodiendas de los RPG es sin duda el sistema de combate. Los creadores de Star Ocean lo saben, y se nota, porque el sistema de combate es perfecto, está bien pensado y no te pone de los nervios. Y ahí radica la grandeza de este delicioso engendro. Manejo a tiempo real, posibilidad de parar para pensar la siguiente jugada… En fin, que la han clavado y punto pelota. Podría pasarme horas ensalzando el impresionante acabado de los gráficos y el diseño de algunas de las criaturas enemigas que se te cruzan por el camino, pero entonces el pantallazo que ilustra esta reseña tendría que salir demasiado pequeño.

ÓSCAR BROC




PROTOTYPE
Compañía: Activision
Plataforma: Xbox 360


Con un proceso de producción más largo que la butifarra de Manute Bol y más retrasos que el último ñordo de Guns’n’Roses, Prototype ha llegado a nuestros lares con rabia y dolor. Digamos, yendo al grano, que Prototype es como un GTA apocalíptico trufado de mutaciones, bestias apestosas, caos y destrucción. Uno de los puntos más aprovechables, sin duda, es la morfología de nuestro protagonista, capaz de mimetizar el aspecto del personaje que se nos antoje a fin de pasar desapercibidos y con un poder mutante que nos permite lanzar ataques con una especie de garras y púas corporales que hacen que Lobezno parezca un fox terrier. Eso no es todo: el malnacido al que controlamos, de nombre Mercer, puede caminar por edificios, saltar de una calle a otra, agarrar coches y lanzarlos como si fueran pelotas de golf. De todos modos, el mejor poder para mí es el puño látigo, ideal para fist fuckings a distancia o para dejar irreconocible la cara de tu enemigo sin necesidad de mancharte la camisa Boss. Prototype es un sandbox en tercera persona del tamaño del Titanic. Tenemos total libertad para hacer lo que nos salga del pito, ir a dónde nos plazca y descuartizar a quien estimemos oportuno. Aquí no hay moral que valga. En otras palabras: violencia gratuita, sangrienta y visceral porque sí, porque yo lo valgo, y con un personaje que a medida que avanza el juego va adquiriendo más y más poderes. Y otra cosa más: los amantes de la Gran Manzana podemos experimentar varios orgasmos con los escenarios, paseando nuestra mala baba por toda la ciudad, encaramándonos a sus edificios más emblemáticos y, qué demonios, hasta echar una meada desde el último piso del Empire State Building sobre los flequillos de los new yorkers. Esto aún no lo he conseguido, pero estoy en ello.

ÓSCAR BROC

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