Música

El festival de música busara en Zanzibar fue la leche

By Paige Arthus

 

Zanzibar es el lugar al que vas si quieres encontrar gente blanca en África. Están por todos partes, y aunque el Sauti za Busara, el festival de música más grande en África oriental, se anuncia como un evento de los africanos para los africanos, se parece más a un festival de música occidental (incluyendo los jodidos hippies con hula hoops) con un cartel de artistas africano. Revelación completa: yo soy turista y soy blanca y estoy siendo hipócrita, pero he vivido en Kenia los últimos seis meses y he desarrollado un terrible complejo de superioridad a pesar de no saber ni un palabra de swahili.

Busara, ahora en su noveno año, es uno de los pocos festivales que se celbran en África oriental, lo que lo convierte en el fórum más importante del que disponen los artistas de África del este para exponerse internacionalmente. El componente extranjero es importante. Los principales organizadores son todos extranjeros, y el público, en su mayoría, no es de Zanzibar. Añade a esto un calor y humedad insoportables, una cerveza increíblemente barata y un fondo de conservadurismo musulmán a la mezcla y tendrás la receta para un éxito (comercial) seguro.

Presentado como un crucial evento cultural para los artistas y músicos locales, el festival obtiene la mayor parte de sus fondos de donaciones internacionales, incluyendo las de la embajada noruega e importantes corporaciones. También cobran un montón de dinero por el acceso de prensa: un periodista de Reuters me dijo que querían que pagara 1000 dólares por emitir desde Old Fort, y tardó varias semanas en convencerles de que bajaran el precio a 500. El tinglado al completo funcionó como una maquinaria bien engrasada, pero encontré un poco sospechoso que protegieran con tanto celo el acceso a la información y a los artistas.

Yusuf Mahmoud, director de Busara Promotions –una ONG de tipo cultural– dijo que la venta de entradas cubría únicamente el 20 por ciento del presupuesto operativo del festival. Cuando insistí en saber a cuánto ascendía ese presupuesto operativo, varios miembros del “equipo Busara” intervinieron y me cortaron a media frase. Esto, añadido a la ofensa de derramar una cerveza fría por accidente sobre el móvil de un sueco, lo cual provocó la prohibición del alcohol (relajaos tíos, ¡con una bolsa de arroz se arregla! La hostia), hizo que me negaran permiso para acceder al backstage, que me echaran de una entrevista con el ministro de turismo de Kenia y que me obligaran a bajar de un pasarela de torre porque a lo mejor intentaba hacer fotos a la zona de backstage desde allí.

A pesar de todo, fue genial. Grupos tradicionales africanos hicieron su cosa tradicional africana, entre ellos Camirata, un grupo sudanés cuyos miembros están decididos a promover la unidad a pesar de que el sur acaba de segregarse y el conflicto continúa. Camirata hicieron una jam session improvisada sobre el techo de un hotel, con las olas del océano rompiendo al fondo; pensé, tío, me encanta este trabajo. La gran estrella del festival, sin embargo, fue Nneka, una artista que se hizo ama y señora del festival. Todo el mundo debería escucharla.

Nneka, nigeriana, es una locuaz activista política que ha ido de gira por el mundo con Lenny Kravitz; la prensa británica la ha calificado de “la próxima Lauryn Hill”, y, joder, cómo canta la mujer. El sábado por la noche puso el festival patas arriba con lo que ya se está llamando “soul vintage” (¿pero qué coño...?), aunque realmente suena más como una mezcla entre M.I.A. y Afrikan Boy.

El lugar estaba atiborrado de gente pidiendo bises, y la pobre chica (que mide poco más de metro y medio y estaba visiblemente agotada) fue acorralada por los periodistas nada más terminar. Hay que admirarla por plantarles cara y negarse a jugar a ese juego estúpido de “¿cuál es el futuro de la música africana?”’ (respuesta: “No lo sé. Quizá Dios lo sepa”), pero consintió en responder sobre sus opiniones en torno al grupo terrorista nigeriano Boko Haram (“No se trata de religión. La gente cree que el gobierno los está financiando”). Eso fue genial.

Lo admito, por si no os habíais dado cuenta: el rollo “world music” no me tira mucho. Desperté una mañana en el suelo cubierta de tentáculos de pulpo (ver foto) y dinero, sin tener ni la menor idea de lo que había pasado o de doónde había estado. Imagino que fue una buena noche. Hubo incesante sonido y movimiento por todas partes durante el Busara, la comida era buenísima y barata, en la casa de los periodistas pirados donde me alojé fueron tan amables que sólo me obligaron a tomar un par de chupitos de tequila mientras tecleaba esta historia, y Zanzibar es un increíble paraíso tropical.

 

 

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