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Picture Perfect visita al fotógrafo británico James Mollison en su estudio en Venecia, Italia, dónde nos explica la importancia de la repetición y la cuadricala que compone la serie de retratos por los que es conocido.


Esta arena de Dadaab ha ofrecido salvación a muchos que antes estaban desposeídos y hambreados.

Mientras los afortunados y privilegiados han pasado el repulsivamente caliente verano de 2011 encerrados en habitaciones con aire acondicionado, paseando cubitos de hielo por sus pezones y bebiendo jarras de Pimm’s, el cuerno de África se encuentra en medio de su peor sequía en sesenta años. Han pasado meses sin unos pocos milímetros de agua, lo que dio como resultado una hambruna con la que todos estamos familiarizados gracias a mitos y textos religiosos.

Etiopía, Yibuti, Somalia, Kenia, Uganda y otras partes de África Oriental han experimentado fuertes niveles de hambruna, que, según un oficial de la USAID, podría resultar en la muerte de cientos de miles de niños para este otoño. Muchos de la región han huido de sus tierras hacia Dadaab, uno de los más grandes y antiguos campos de refugiados en toda la historia. Dadaab se localiza en el desierto de Kenia, aproximadamente a sesenta millas de Somalia, hogar del “mayor desastre humanitario” en todo el mundo, de acuerdo con el comisionado sobre refugiados de la ONU, Antonio Guterres.

Técnicamente compuesto por tres campamentos, Hagadera, Ifo y Dagahaley, Dadaab se estableció en 1991 con una capacidad máxima de 90,000. El campamento actualmente alberga a 400,000 personas desplazadas junto a otras 1,400 que llegan a diario, de las cuales la mitad son niños. Se estima que la población del área llegará a los 500,000 a finales de año. Algunas familias han vivido aquí durante generaciones, produciendo hijos sin documentos ni nacionalidad.

Con ayuda de Médicos sin Fronteras, el fotógrafo James Mollison visitó Dadaab a finales de julio para tomar retratos de la gran variedad de gente viviendo en la región. James también fotografió sus casas, que a veces consistían en pisos de tierra y paredes de tela.



Maryan, de 35, y sus hijos se dirigen a Dadaab con un grupo de 30 refugiados y su ganado. Pronto fueron interceptados por unos bandidos que les quitaron cuatro vacas. Les llevó otros siete días y noches de caminata para llegar a la seguridad de Dadaab. Maryan espera que sus hijos sean educados en el campamento y siente que la vida es mejor ahí que en su tierra natal.


Said Ali, de 10, ha vivido en el campamento con sus padres y cuatro hermanos este último año. El padre de Said vendió sus cabras para comprar sus pasajes de autobús a Kenia. Said piensa que la vida es mejor aquí que en Somalia porque la comida, el agua y la educación están más a la mano. Nunca fue a la escuela en su tierra natal. Su dieta normal consiste en ugali (maíz), pero la semana antes de que se tomara este retrato tuvo la suerte de poder probar un poco de carne.


Niko Shukri Adeli, de 15, de Afmathou, Somalia. Duerme en una choza con sus padres y nueve hermanos y hermanas. La mayoría de su tiempo se la pasa cuidando a sus hermanos. Nunca ha ido a la escuela.


Aden Mohid Suthi, de 50, de Salagle, Somalia, había estado en el campamento durante 20 días con sus cuatro hijos pequeños cuando se tomó esta fotografía. Dejó Salagle por la sequía y disputas con el clan. Aden era un granjero cuando las lluvias eran más regulares. Comenzó a construir un refugio. Él y su familia se están quedando en la choza de unos parientes. Las mujeres duermen adentro, y los hombres, bajo las estrellas.


Habiba Ali, de 23, con su hijo, Hassan Farah. Después de dos años de sequía y hambruna, partieron de su aldea natal de Bu’aale, Somalia, en una carreta jalada por burro. Como muchos otros refugiados, fueron asaltados por bandidos en el camino. No llevaba nada que darles, así que le quemaron el carrito. Sin otro modo de transporte, Habiba y su hijo tuvieron que caminar 30 días para llegar a Dadaab. Habiba y su hijo llevaban viviendo un mes en el campamento cuando se tomó su retrato y habían pasado parte de ese tiempo en un hospital temporal de Médicos sin Fronteras en el campamento Dagahaley, arriba, donde se atiende a los desnutridos recién llegados.

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