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      Aprendí a hacer coca en Colombia

      November 22, 2012

      Por Adam Guzmán

      Todo el mundo sabe que Colombia es el principal productor de coca, y provee el 80 por ciento de la mercancía que se consume en el mundo. Un país lleno de emprendedores con tiendas de coca o “cocinas” regadas por todo el lugar, donde ser fabricaron 345 toneladas de polvo blanco sólo el año pasado. Siendo una persona con una mentalidad de comerciante, que entiende los problemas de la cultura de consumismo y la importancia de la producción, decidí pasar un día como el pinche de un cocinero colombiano en el pueblo de San Agustín.

      Aunque San Agustín se encuentra a sólo 320 kilómetros del lugar donde me hospedaba en Ecuador, llegar hasta ahí me tomó dos días completos. Como suele pasar en Sudamérica, mi viaje estuvo repleto de confusión y contratiempos, como lluvia, deslaves, líneas de tres horas en migración, falta de boletos, caminos sin pavimentar, y camiones polleros sin suspensión.

      Sin embargo, cuando llegué a mi destino, todos esos inconvenientes me resultaron triviales. Estaba a punto de hacer coca artesanal.


      La vida silvestre en la propiedad de Pedro.

      El dueño de la fábrica de cocaína se llamaba Pedro. Me recibió en una granja de café dentro de su propiedad, y me dijo que nuestra clase duraría unas dos horas.

      Luego de un rápido vistazo al campo cafetalero de Pedro, lo seguí hasta una casa destartalada y a su cocina.

      Había un montón de hojas verdes recién cortadas sobre una bolsa de lona en la mesa. Estaban tan frescas, lo que me hizo suponer que los campos de donde salieron debían estar muy cerca. Sin perder el tiempo, Pedro me entregó un machete bien afilado y me dijo que empezara a cortar.

      Mientras macheteaba con alegría, Pedro me contó su historia. Aprendió su oficio durante sus ocho años de servicio en una cocina de cocaína; una cocina que el mismísimo Pablo Escobar visitara durante la acostumbrada recolección de 70 kilos de cocaína pura, recién salida de la línea de producción de Pedro.

      Después de cortar suficientes hojas, me dijo que era hora de agregar el aglutinante. Si me hubiera pedido que adivinara de qué estaba hablando, le habría dicho que huevo, o algo igualmente benigno. Habría estado equivocado. Pedro sacó una bolsa de cemento, la roció sobre las hojas machacadas, y empezó a amasar la mezcla con sus manos.

      Después vino el amoniaco. Pedro pareció disfrutar el momento en el que puse el plato en mi cara y esperó a que lo oliera. Era como si alguien hubiera vaciado una botella de fragancias de baño directo en mi cerebro.

      Cuando mi corazón se reactivó, Pedro me explicó que en los viejos días hacían todo esto con agua. Por desgracia, el mercado de la cocaína orgánica nunca despegó porque las hojas tienen que remojarse 15 días en agua, y eso es demasiado tiempo. Los productores querían acelerar el proceso, y descubrieron que podían reemplazar el agua con gasolina, lo que reducía el tiempo de espera de forma significativa. Con un aire de grandeza, Pedro vació una botella de gasolina sin plomo en la mezcla.

      Después de esperar a que la gasolina hiciera su trabajo, agregamos un poco de ácido hidroclórico y bicarbonato de sodio. El ácido sirve como extractor, lo que saca el clorhidrato de cocaína en forma sólida, y el bicarbonato de sodio aumenta el pH. Después de otro breve descanso, quitamos la funda de almohada que Pedro había usado para tapar el plato, y descubrimos que se habían formado estas pequeñas piedras mágicas en el líquido.

      Las sacó y les dio una rápida lavada, las puso sobre un poco de aluminio y luego frente a un foco de 60 watts para evaporar los restos del jugo tóxico.

      Por último, Pedro sacó su navaja Swiss Army y empezó a moler y a cortar su creación, hasta obtener ese polvo blanco cien por ciento puro.

      Terminada la ceremonia, asumí esta pose seria de perfumero parisino e inhalé mi creación. La línea de Bobcat Goldthwait en Blow captura el momento a la perfección: “No puedo sentir mi cara… quiero decir, la puedo tocar, pero no la puedo sentir por dentro…”

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      Temas: coca, cocaína, drogas, colombia

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