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      De Los Tigres a El Komander en Puebla

      April 9, 2013

      Por Luis Ángel González Flores


      Fotos de Los Tigres del Norte, tomadas de su facebook oficial; Los Buitres, cortesía Sony Music y Music VIP; del Komander, tomadas de su facebook oficial.

      Qué viejo luce el retrato que hicieran Los Tigres del Norte del hijo de Camelia (aquel cuya indumentaria era sencilla: “chamarra y mezclilla, una mascada en el cuello, botas cowboy y texana”), y más si se tiene enfrente el que hace El Komander de un tal y multicitado Katch (el que viste Armani, Dolce & Gabbana y usa Land Rover para pasear y hace cerrar el antro a su llegada). El bajo perfil y discreción de un traficante setentero frente al alarde de un narcojúnior. Tiempos distintos.

      Los poblanos no están en cualquier baile grupero (aun con la inclusión de teloneros tipo duranguense) sino ante dos maneras de contar y cantar las historias del narcotráfico, dos estilos que muestran una realidad que se enfrenta a la versión oficial de la historia reciente en México.

      En el escenario más imponente, próximo al estadio Cuauhtémoc, están los precursores del narcocorrido. En el otro extremo cantan los representantes del corrido actual, el Movimiento Alterado, a quienes les tocó contar la etapa más desarrollada, violenta y compleja del narcotráfico mexicano en todas sus implicaciones.

      Pero no sólo los personajes y el imaginario que describen esos titanes de la música contrastan, también los públicos que en el estacionamiento del inmueble, aguardan el arribo de Los Tigres del Norte, Los Buitres de Culiacán y El Komander. La edad y atuendo abonan a la distinción: los fans del llamado Jefe del Corrido, adolescentes y jóvenes en su mayoría, rompen con el ajuar típico de botas y sombrero de estos bailes, si acaso las camisas con bordados estridentes los emparentan con el viejo estilo; el corte de cabello, casi a rape, a la usanza de los buchones y similar al de los seguidores del reguetón.

      Los de mayor edad están frente al público alterado, esperando el arribo de los Jefes de Jefes, previsto para las dos de la mañana; mitigan el frío con tequila, bailando duranguense o escuchando los acordes revolucionados (chicoteados) de Los Buitres y sus corridos enfermos, protagonizados por sicarios prestos a descabezar y desmembrar a los contras, agentes del orden o competencia en el negocio de la droga; matones con dotes de superhéroes que no relucieron al ser abatidos por las fuerzas federales, como en el caso del mítico M1, caído en noviembre pasado y cuyo tema —Sanguinarios del M1— es el más emblemático del Movimiento.

      A las 13:00 horas llega la presentación de Los Buitres. Pero los fanáticos de los otrora miembros oficiales del Movimiento Alterado no vienen sólo para escuchar los corridos, sino para vivirlos, ser parte del show, del pari en que se convierten sus presentaciones.

      Aquí se compra medio six de Tecate para brindar y otro medio para aventarlo al aire, aun cuando su precio ($200) sugiera que el ritual es una imprudencia; para celebrar las hazañas de Everardo, que aun en silla de ruedas puede mandar al infierno a un comandante según el corrido; aquí lo que la raza enferma busca es que El Komander te suba al escenario para convidarte Buchanan’s. Eso sí, hay que tener buena garganta para no ganarse su desaprobación; otros se conforman con que el cantante alce la mano izquierda para interpretar esto como un saludo personalizado, y granjearse así la pleitesía de quienes les estrechan la mano y les palmean la espalda enfundada en una chamarra Ferrari celebrándoles por el hecho.

      Faltan ocho minutos para las 2AM, tiempo suficiente para que cada Buitre exhiba sus dotes, para que el baterista rompa las baquetas, el acordeonista abra a todo lo que da el instrumento mientras brinda sus acordes más acelerados, y el del bajo sexto rasgue a la misma velocidad; tiempo justo para que el público festeje con gritos y más cerveza la hazaña cantada de comprar un agente “incorruptible” para sembrar de mota la sierra de Puebla.

      La presentación de un locutor local apenas da tiempo para ingresar a los baños —aunque algunos alivian la urgencia atrás de éstos— antes de trasladarse al escenario de los Jefes de Jefes, quienes ascienden en plataformas para despertar euforia. “La reina del Sur” y “Los dos plebes” son su presentación; pero el público puede alterar su setlist, al grado de pedirles “Las mañanitas”, seguidas por temas que identificaron a los sinaloenses con el inmigrante en Estados Unidos en los años ochenta: “Tres veces mojado” y “Jaula de oro”, tópicos que no caben en la lírica alterada, así como “La camioneta gris”, “Contrabando y traición”, para luego ceder 40 minutos a El Komander, mientras se fotografían con sus seguidores.

      Los fanáticos del Jefe del Corrido corren a su lugar, los de los Tigres permanecen. Cuestión de gustos, y de goce, pues son evidentes dos formas de disfrutar sus melodías. A pesar de que en ambas las historias se narren en primera persona, los corridos alterados precisan del performance, enfundarse bien en el personaje y desplegarlo en el escenario, acompañarlo con una tuba estridente y tarolazos simulando balazos, al menos eso festejan quienes corean “Tokezones de cannabis” y queman mois, morros que ya no están en el targetde Los Tigres, aun cuando pareciera que su disco unplugged, al lado de Paulina Rubio, Calle 13, Andrés Calamaro y Juanes, los buscara.

      Las complacencias de Los Tigres para su público continúan hasta las 5:30AM y alcanzan hasta para El Mostro Álvarez, portero del Puebla, que entona “Regalo caro”, último tema de la velada.

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      Temas: el komander, los buitres, los tigres del norte, banda, puebla, narcocorridos

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