Explotar a los pitchers es cruel

Por Sports Staff

"Mierda, mi brazo". Eso debe ser lo que todo pitcher piensa, o le dice a su madre o esposa, después de un juego. Piénsalo: arrojar una piedra fulminante a 150 kilómetros por hora, hacer ese movimiento extraño con la pierna, repetir esta acción 105 veces en un juego y manejar tu codo como un látigo, es un trabajo pesado. Es un trabajo peligroso.

Los brazos humanos, en sí lo cuerpos humanos, no están diseñados para arrojar pelotas a 150 kilómetros por hora, y los que lo hacen, definitivamente no están diseñados para hacerlos sin presencia de consecuencias, a lo mucho, dos años después. Las lesiones y los pitchers son como KISS y los discos de oro: KISS, la banda con más discos de oro en Estados Unidos, produce, con algunas excepciones, discos de oro y los pitchers, con algunas excepciones, se lastiman. Joven o viejo, todo pitcher se ha lastimado o ha pasado tiempo en la lista de lisiados. Las lesiones son tan frecuentes que incluso hay una teoría al respecto. La teoría "No hay tal cosa como un futuro como pitcher o TINSTAAP (por sus siglas en inglés)", uno de los acrónimos más pequeños en el vocabulario de los matemáticos que se dedican a esto, y básicamente dice que hablar de un posible futuro, a la larga, es imposible. La razón principal es porque usan su látigo para arrojar piedras de fuego a exactamente 152 kilómetros por hora, 105 veces cada cinco días, y sus pequeños brazos no lo pueden soportar. Dado que tantos pitchers buenos se lastiman, muchos de los pitchers que quedan son malos, y estos pitchers malos, en su mayoría, no se lastiman.

Aún así, el béisbol depende, no, mejor dicho: es estúpida y perturbadoramente dependiente, de sus pitchers, y de la salud de estos. Por ejemplo, Moneyball, un libro increíblemente popular que se convirtió en película y recibió una de las 25 nominaciones al Oscar como Mejor Película el año pasado, la cual narra el increíble éxito de los Oakland A's en 2002 con un presupuesto muy limitado. Las personas que creyeron en la teoría de Michael Lewis, abrieron el camino para el director Billy Beane, quien apostó astutamente a jugadores menospreciados, específicamente, gordos que sólo bebían cerveza; los críticos dicen que el éxito se debió a los tres ases que acabaron con todos y ganaron un gran número de juegos para Oakland. En realidad, se trató de un poco de suerte, pero todos están de acuerdo en que si tienes tres pitchers jóvenes que no se lastiman, entonces ganarás algunos juegos.

Desde el éxito de Moneyball, todos los equipos han contratado ya sea a un ñoño de tiempo completo que maneje las estadísticas en Excel, mientras escucha KISS a todo volumen en su radio, y les diga que el pésimo jugador no es realmente tan malo, o contratan a un consultor que haga lo mismo desde su laptop, mientras sigue a KISS en su gira. Estos estadistas, la mayoría de los cuales seguro podría darme una paliza, han dado a sus equipos más información de lo que parecería seguro: bases de datos con todos los jugadores de béisbol de la historia en todas las tendencias posibles, incluyendo información sobre si este güey del sur de Texas se puede llevar con uno del norte de Texas (y no, no puede).

Ahora todos saben que los gordos son geniales, pero nadie ha logrado reproducir el increíble éxito de los jóvenes pitchers de los A's. Es difícil mantener una buena rotación: la salud se puede interponer, como sucedió con el joven núcleo de Toronto, aniquilado por las lesiones de esta última temporada, así como la simple falta de entendimiento.

Quizá no se puedan prevenir las lesiones, simplemente pasan. O quizá hay que dejar que los lanzadores se tomen un descanso. Shelby Miller, el pitcher estrella de St. Louis, estuvo en la categoría de “mierda, mi brazo” casi toda la temporada, con un juego terrible en junio, y con un lanzamiento mucho más débil. Los Cardenales se dieron cuenta de esto y lo dejaron descansar, y cuando regresó se veía increíble, lanzaba mucho más fuerte y con mayor control y, según un amigo, se veía mucho mejor con su camisa de Affliction en el antro por la noche.

Descansar a los pitchers no es una idea nueva (obviamente): el Juego de Estrellas es la siguiente semana, y es justo el momento en el que los pitchers estrella salen con lesiones inventadas para poder tomarse una siesta y descansar un par de semanas en lugar de dos meses. Tom Verducci, el KISS de los reporteros de béisbol estadunidenses, sugirió lo mismo en una columna en abril. ¿Quizá estos tipos sólo necesiten descansar?

No me suena nada estúpido. Claro que llevo todo el día escuchando KISS.

 

@samreiss_

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