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      Jugando gotcha con Hezbolá

      December 30, 2012

      Por Mitchell Prothero, fotos por Bryan Denton


      Un miembro de Hezbolá en posición de ataque, justo antes de empezar el juego. Cualquiera pensaría que no es su primer combate.

      Asumimos que harían trampa; después de todo eran Hezbolá. Pero ninguno de nosotros, un equipo de cuatro periodistas occidentales, nos imaginamos que tendríamos que lidiar con granadas de aturdimiento de calibre militar cuando empezamos nuestro duelo “amistoso” de gotcha.

      La batalla tiene lugar en un sótano sucio, una especie de búnker subterráneo, debajo de un centro comercial en Beirut. Cuando las granadas explotan me siento atrapado en una tormenta feroz: destellos de luz blanca e intensa, y explosiones que retumban en mis oídos.

      Cuando puedo volver a ver y mis ojos se ajustan a la escasa luz del lugar, me asomo desde atrás de un bloque de concreto. Hay dos hombres grandes vestidos de verde acechándome. Los tengo en la mira, pero parece no preocuparles, aun cuando les disparo de cerca y doy en el blanco múltiples veces. Estoy esperando que se detengan, quizá incluso, que reconozcan que este débil periodista americano superó sus trucos destellantes y les ganó. Quizá hasta sonrían y me den una palmadita en la espalda mientras salen del campo como buenos perdedores (después de hacer trampa, por supuesto).

      En lugar de eso, me disparan tres veces a quema ropa, directo en la ingle.

      De lejos (en los cinco metros considerados como “zona de seguridad”) las balas de pintura se sienten como picaduras de abeja. Levanto mis manos adolorido y confundido, haciendo señas al árbitro de que voy a salir del juego. Pero el más grande, un joven agricultor alto y musculoso del sur de Líbano, que por hoy se hace llamar Khodor, no ha terminado conmigo: me atrapa con sus enormes manos e intenta levantarme sobre su hombro con una agilidad que sólo puede venir de la experiencia. Reacciono rápidamente, me libero y huyo de ahí, pero mi compañero Ben no corre con la misma suerte. Khodor y su compañero me rebasan en una formación militar perfecta, adentrándose aún más en nuestras defensas. Pronto capturan a Ben y lo empujan delante de ellos usándolo como escudo humano.

      En ese momento, me pongo a pensar que esto realmente está sucediendo: cuatro reporteros occidentales, y un ex ranger [soldado de las fuerzas especiales] estadounidenses que ahora trabaja como experto en contrainsurgencia, estábamos jugando gotcha contra miembros del grupo militante chiita descrito por los expertos en seguridad nacional de Estados Unidos como “el grupo estrella del terrorismo”. Nos tomó un año coordinar este juego, y siempre pensé que todo fallaría en el último minuto. Los miembros de Hezbolá tienen prohibido socializar con occidentales, así que para organizar el duelo tuve que recurrir a un hombre llamado Alí, uno de mis contactos de menor nivel dentro del grupo.

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