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      La guía heterosexual para que tu chica te dé sexo anal

      October 5, 2012

      Por Dave Schilling

      Las relaciones, como los lácteos y las estrellas de televisión, tienen fecha de caducidad. Muchas parejas descubren que después de semanas, meses o años, ese deseo y furia carnal que los unió, se ha disipado. Aquellos que superan esta pared de ladrillos sexuales, lo hacen con ayuda de una serie de elaborados mecanismos de adaptación.

      La infidelidad es un escenario constante, cuando ambos se aburren del misionero. A veces, la pareja simplemente se resigna a un poco de entropía erótica, y acepta ese estado de celibato marital, definido por lecturas de periódico en la cama y partidos de futbol en ESPN. En estos casos, irse a la cama insatisfecho es mejor que intentar hacer algo.

      Para aquellos de ustedes que quieran decirme cómo el amor sobrevive después de décadas, permítanme ofrecerles las siguientes cifras nada científicas:

      - 4% de la población se enamora y permanece enamorada el resto de sus vidas.

      - 21% de la población se suicida después de ver demasiadas veces la comedia You’ve Got Mail con Tom Hanks y Meg Ryan.

      - 25% de la población se masturba más de tres veces al día.

      - 3% de la población es asexual

      - 40% de la población tiene relaciones sexuales aburridas y sin emoción hasta el día de su muerte.

      - 7% de la población tiene fetiches sexuales con múltiples parejas hasta que mueren de felicidad.

      El objetivo de cualquier persona que lea este artículo debe ser colarse en ese 11% de la población que encuentra a su alma gemela, o coge con una interminable serie de agujeros, con entusiasmo y vigor.

      La forma más fácil de unirse a ese 11 por ciento (un número mucho más importante para el país que el 99 por ciento o el 47 por ciento) es por la puerta trasera. El sexo anal es la primera parada en el camino para salvar tu relación.

      En más de una ocasión, una mujer me ha preguntado si quiero hacer “cosas anales” cuando estaba claro que el coito tradicional ya no era suficiente. Jugar con el culo es el siguiente paso lógico en una relación heterosexual. Es un tabú; también es un poco como lo que hacen todos los heterosexuales, pues implica meter algo en un hoyo, y más importante, el nivel de dificultad es elevado. El sexo anal de calidad es tan frecuente como una aurora boreal o un mormón negro.

      A veces, cuando todo parece perdido y el mundo está hundido en la oscuridad, mi pareja me pide que sea yo quien dé, en lugar de recibir. Soy el tipo de persona que siente que todas sus novias serán la última, así que hago todo en mi poder para garantizar que no me dejen. Lavo mi ropa con más frecuencia, cocino la cena, dejo de ver eventos deportivos, uso hilo dental y considero seriamente la opción de dejar que me metan algo por el culo.

      Los “objetos anales” tienen muchas formas. Algunos son más elaborados que otros. Pero hace falta un hombre mucho más coordinado que yo para usarlos de manera exitosa.

      Dedazo

      La primera vez que me metieron un dedo en el culo fue la última vez que tuve que llamar al 911 por tener sexo. La gente normal no tiene ataques de pánico cuando hace el amor, pero en cuanto sentí que algo acariciaba mi esfínter, todo se colapsó. Yo sobreviví, pero el dedo de mi novia no regresó de su pequeña aventura ileso. Para lidiar mejor con este tipo de situaciones, ahora digo el abecedario al revés para relajarme.

      Lame culos

      Chuparle el culo a alguien es una actividad poco intrusiva, pues no involucra penetración. Al mismo tiempo, no es particularmente excitante. El anilingus es el algodón azúcar de fetiche anal. El capítulo ¿Qué con mi esfínter? sobre lamer culos será el más corto, pero también el que incluya más ilustraciones.

      Inserción de objetos aleatorios

      Cualquier objeto puede convertirse en un juguete sexual. El control de la tele, una escoba, una revista enrollada, una pelota autografiada por Barry Bonds o un hámster, son objetos que, hipotéticamente, puedes meterte por atrás. El placer de esto no proviene necesariamente de la penetración misma, sino de la satisfacción que te da saber que eres suficientemente listo para meter todas estas madres en un agujerito tan pequeño. Esta actividad estimula la misma zona del cerebro que responde a los crucigramas, los cubos Rubik, Sudoku y muebles prefabricados.

      Pegging

      Si sabes lo que es el pegging, entonces seguro lo has hecho, o te lo han hecho antes. En este escenario, una mujer se amarra un dildo y se coge al hombre. Los rumores dicen que el pegging puede ser muy estimulante para la mujer porque la base del dildo actúa directamente sobre el clítoris. Digo que esto es un rumor, porque ninguna mujer me lo ha confirmado. Chicas, hasta que me lo demuestren en persona, tendré que ser escéptico.

      Ver cómo otro güey me coge por atrás

      Si ya llegaste a este punto de tu relación, es muy probable que nunca vuelvas a conocer la felicidad. Estas a sólo un paso de coger con un muerto en la escena de un accidente. Agregar a otra persona a una fantasía sexual es admitir que ya todo es aburrido. Agregar a otra persona del mismo sexo implica que esta nueva variable en la ecuación debe verse tan diferente de tu otra mitad como sea posible. Rematar todo esto con un poco de voyerismo quiere decir que preferirías estar viendo porno que frotando tus genitales con los de tu pareja.

      Quiero que quede claro que dije que no a esto cuando mi novia me lo pidió. Unas semanas después, me dejó, diciendo que "nos sentía distantes”. Estoy seguro que esa distancia se habría acortado si hubiera dejado que me viera coger con alguien más.

      Tómenlo como una lección. Las relaciones son sobre cosas que no quieres hacer. A veces eso quiere decir sacar la basura. O dejar que un güey llamado Claudio, de 43 años, te dé por atrás. 

       

      Fotos por Travis McFarland.

      @dave_schilling

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      Temas: sexo anal, relaciones, sexo

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