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      Por qué las chicas no debemos practicar sexo anal

      December 17, 2012

      Por Mary-Ann Banal

      De la columna 'Lo mejor de VICE 2012'

      Estaba en medio del West London en el depa de un amigo, con una botella de pinot grigio de tres litros que le robé del refrigerador y un par de rayas encima que saqué de mi bolsa y que había olvidado que traía conmigo desde hacía dos semanas. Se supone que tengo que escribir algo sobre gente a la que le guste coger, según sea el caso. Aunque la verdad es que no sé qué decir.

      Clásico que ya has tenido una, dos o tres relaciones estables y has estado dándole al sexo de todas las maneras posibles que se presuponen fabulosas y deliciosas, dale que dale, para volver a las posiciones del misionero o ella-encima. Mientras que él, seguro que te susurra cosas bonitas en el oído sobre amor y pensamientos profundos, dadas las circunstancias eso será lo más sexy del mundo, sin duda.

      Y ahí sí es como el sexo anal se convierte en una opción. Empiezas sola metiéndote cualquier cosa que más o menos quepa. Inevitablemente esas fantasías no son sino sueños guajiros más que sexo de verdad, comparado con lo que puedan tener unos animales en el campo. Será casi como apuntarte al culo directamente con un misil, depende de qué uses. La mera idea del sexo anal es más que suficiente para que te vengas hasta morir. Después revisarás un poco de porno en busca de respuestas, y le preguntarás a una amiga putilla o a tu compa gay que te dirán que lo adoran y ya estás vendida: sí, el sexo anal no es un sacrilegio, sólo es otra barrera más que cruzarás con tu pareja en el duro camino de la convivencia. Ellos te dirán que no hay nada mejor que permitir que alguien se acerque a esa parte de tu cuerpo que sólo la taza del escusado ha visto. Aún así, yo discrepo.

      ES COMO CAGAR HACIA ADENTRO
      Echar un topo enorme cuando lo estás deseando es genial, de acuerdo. Ahora toma esa maravillosa y catárquica sensación, multiplícala por un millón ponlo en negativo con un enorme signo menos (–) en negrita muy grande justo delante.

      El ojete no es una máquina del tiempo. Tu cavidad anal es finita y tú está introduciendo aún más materia. La capacidad del culo se llena pronto y cansada de que llamen a la puerta, se romperá. Casi irreparablemente. Lo que me lleva al punto número dos: (¡ja ja ja!).
       
      LA PUERTA TRASERA SE ROMPE POR UN TIEMPO
      De donde yo soy, hay un viejo dicho que es muy parecido a la expresión "papar moscas". Esta frase será tu gran aliada cuando estés haciendo "algo insignificante/sinsentido/aburrido/" durante los nueve días que necesita tu esfínter anal para recuperarse".
       
      Una búsqueda rápida en internet me confirma que eso es exactamente el tiempo tarda el ano promedio en recuperar su estado normal de firmeza, así que, ese es el tiempo que tiene que pasar entre cada encuentro anal. Nueve días.
       
      Este valioso consejo sobre cómo romper culos posiblemente se aleje mucho de los intereses de un artículo que intenta disuadirte de hacerlo, pero mi argumento es: el cuerpo humano tiene un número claramente definido de entradas y salidas. Ya sé que ésto es lo que dirían los cabeza-cuadrada y los homófobos pero no veo porqué esos espacios de la anatomía deberían tocarse...
       
      ¿Convencida? ¿Aún no? Pues ésto es lo que significa que te rompan el culo:
       
       
      CAGARÁS SEMEN
      Y ni se te ocurra pensar que será en la intimidad de tu baño, en los sanitarios de la oficina o en uno portátil. Pasará en cualquier momento y mucho después de coger. Yo he sido testigo de cómo cambiaba de color la cara de una amiga cuando se daba cuenta de que le había empezado a gotear el culo mientras bailaba en el sofá de un club en Ibiza durante la hora feliz. Sólo estaba usando bikini... Pensamos que había sido toda la coca que se había dado pero en realidad había que culpar al pene de su chico.
       
      Los habrá que piensen en usar un condón o algún juguete sexual, aún así, tendrás la sensación constante de que quieres cagar. Especialmente si eres de esos mutantes propensos a la bulimia, te parecerá una idea de puta madre, pero, y aquí está el quid de la cuestión, en realidad no está chido. Afrontarás unas 25 visitas diarias al retrete sin ningún resultado más que la nueva sensación de tu recto contrayéndose para nada. Cosa que da bastante mala onda.
       

       
      ESE PERVERSO JUEGO DE PODER
      Otra amiga, llamémosla Marlene, que se da la casualidad de que era mi consejera putilla cuando yo aún era una principiante inocente y que se casó a los 21 años, me soltó esta perla: "me encanta pero no se lo permito todas las veces. Eres una mujer y el sexo tiene que ser en los términos que tú digas. Tienes que hacer que te lo pidan, que lloren si hace falta, úsalo solo cuando tengas algo que pedir a cambio que sea muy importante. Como unas vacaciones en yate".
       
      Si aún no ves que es una jodienda, te mereces todo lo peor de este mundo.
       
      LA FALTA DE ESPONTANEIDAD
      Para dar el salto definitivo, primero tienes que representarlo todo en la cabeza, una y otra vez, y una vez más por si acaso. Y aún así con todo este trabajo de reflexión y análisis, siento decirte que nunca será como lo has imaginado. Con el sexo anal, no va a pasar que los miembros se deslicen fácilmente dentro de agujeros que han sido diseñados durante miles de años de evolución, no será un proceso fácil con autolubricación (y ya sé cuantas fantasías han tenido penetrando culámenes). Nada te hará agarrarte a la cama fuerte, ni empujar, ni tendrás ningún impulso natural, nada de pasión.
       
      Acéptalo, todo está planificado y los movimientos serán mecánicos y hechos con el poco amor que da una erección y la relativa suavidad vas a sentir por el dolor inminente. Perdona ¿olvidé mencionarlo? VA A DOLER. UN CHINGO. Y no pruebes con grandes cantidades de sustancias, artificiales u orgánicas, que un cabrón usaría para limpiar tu pelo, tu cuerpo o las sábanas de tu cama. Por favor, no.
       
      Digámoslo sin rodeos, no importan las buenas intenciones de las dos partes. No vale la pena. Imagínalo como una pesada disputa interminable para ponerse el condón como es debido. Y por si fuera poco tendrás que trapear el puto suelo para quitar los restos de lubricante al acabar. De rodillas.
       
      TU CHICO LUCHARÁ POR RECORDAR TU AGUJERITO PRINCIPAL
      El mayor problema es que a ti también te pasará. Una vez él esté dentro, estará muy preocupado por no hacerte daño, o muy abstraído sintiéndose un semental (¡puag!) o puede que ambos; y tú tan ofuscada con los apuros de la penetración, que nadie se acordará de la pequeña muñequita llamada vagina y del papel que ha jugado en tantas fiestas.
       
      En cualquier caso, si no consigo que que reconsideres que te penetren el culo, espero que sirva para que le prestes la atención que ella necesita, pobre vagina. Tú ya sabes cómo.
       
      Y eso es más o menos todo. Sólo quiero añadir que:
       
      NADIE ME HA CONVENCIDO TODAVÍA DE QUE A LOS GÜEYES LES GUSTE
      Una vez mi novio me contó que a él también le podría doler. Que las cosas tan tensas no son buenas ni para mí ni para él, pero hace tanto tiempo que no recuerdo exactamente qué me dijo. Aún así quiso hacerlo. Pendejo.
       
      En cualquier caso, no me importa mucho. No soy un güey, soy una morra... Y si tú también lo eres, ¿qué tal si nos das tu opinión en los comentarios?
       
      A los lectores gays les diré que siento centrarme fundamentalmente en el sexo hetero pero ya tienen toda una Guía Vice para ser gay.
       

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      Temas: sexo anal, chicas, puerta trasera

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