Lo mejor de VICE 2012

Por qué las chicas no debemos practicar sexo anal

Por Mary-Ann Banal

Estaba en medio del West London en el depa de un amigo, con una botella de pinot grigio de tres litros que le robé del refrigerador y un par de rayas encima que saqué de mi bolsa y que había olvidado que traía conmigo desde hacía dos semanas. Se supone que tengo que escribir algo sobre gente a la que le guste coger, según sea el caso. Aunque la verdad es que no sé qué decir.

Clásico que ya has tenido una, dos o tres relaciones estables y has estado dándole al sexo de todas las maneras posibles que se presuponen fabulosas y deliciosas, dale que dale, para volver a las posiciones del misionero o ella-encima. Mientras que él, seguro que te susurra cosas bonitas en el oído sobre amor y pensamientos profundos, dadas las circunstancias eso será lo más sexy del mundo, sin duda.

Y ahí sí es como el sexo anal se convierte en una opción. Empiezas sola metiéndote cualquier cosa que más o menos quepa. Inevitablemente esas fantasías no son sino sueños guajiros más que sexo de verdad, comparado con lo que puedan tener unos animales en el campo. Será casi como apuntarte al culo directamente con un misil, depende de qué uses. La mera idea del sexo anal es más que suficiente para que te vengas hasta morir. Después revisarás un poco de porno en busca de respuestas, y le preguntarás a una amiga putilla o a tu compa gay que te dirán que lo adoran y ya estás vendida: sí, el sexo anal no es un sacrilegio, sólo es otra barrera más que cruzarás con tu pareja en el duro camino de la convivencia. Ellos te dirán que no hay nada mejor que permitir que alguien se acerque a esa parte de tu cuerpo que sólo la taza del escusado ha visto. Aún así, yo discrepo.

ES COMO CAGAR HACIA ADENTRO
Echar un topo enorme cuando lo estás deseando es genial, de acuerdo. Ahora toma esa maravillosa y catárquica sensación, multiplícala por un millón ponlo en negativo con un enorme signo menos (–) en negrita muy grande justo delante.

El ojete no es una máquina del tiempo. Tu cavidad anal es finita y tú está introduciendo aún más materia. La capacidad del culo se llena pronto y cansada de que llamen a la puerta, se romperá. Casi irreparablemente. Lo que me lleva al punto número dos: (¡ja ja ja!).
 
LA PUERTA TRASERA SE ROMPE POR UN TIEMPO
De donde yo soy, hay un viejo dicho que es muy parecido a la expresión "papar moscas". Esta frase será tu gran aliada cuando estés haciendo "algo insignificante/sinsentido/aburrido/" durante los nueve días que necesita tu esfínter anal para recuperarse".
 
Una búsqueda rápida en internet me confirma que eso es exactamente el tiempo tarda el ano promedio en recuperar su estado normal de firmeza, así que, ese es el tiempo que tiene que pasar entre cada encuentro anal. Nueve días.
 
Este valioso consejo sobre cómo romper culos posiblemente se aleje mucho de los intereses de un artículo que intenta disuadirte de hacerlo, pero mi argumento es: el cuerpo humano tiene un número claramente definido de entradas y salidas. Ya sé que ésto es lo que dirían los cabeza-cuadrada y los homófobos pero no veo porqué esos espacios de la anatomía deberían tocarse...
 
¿Convencida? ¿Aún no? Pues ésto es lo que significa que te rompan el culo:
 
 
CAGARÁS SEMEN
Y ni se te ocurra pensar que será en la intimidad de tu baño, en los sanitarios de la oficina o en uno portátil. Pasará en cualquier momento y mucho después de coger. Yo he sido testigo de cómo cambiaba de color la cara de una amiga cuando se daba cuenta de que le había empezado a gotear el culo mientras bailaba en el sofá de un club en Ibiza durante la hora feliz. Sólo estaba usando bikini... Pensamos que había sido toda la coca que se había dado pero en realidad había que culpar al pene de su chico.
 
Los habrá que piensen en usar un condón o algún juguete sexual, aún así, tendrás la sensación constante de que quieres cagar. Especialmente si eres de esos mutantes propensos a la bulimia, te parecerá una idea de puta madre, pero, y aquí está el quid de la cuestión, en realidad no está chido. Afrontarás unas 25 visitas diarias al retrete sin ningún resultado más que la nueva sensación de tu recto contrayéndose para nada. Cosa que da bastante mala onda.
 

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